Un futbolista de calidad se encuentra con varios hándicaps que tratan de obstaculizar su función: elaborar obras de arte con el balón. Una disposición táctica muy agresiva en la presión o un marcaje pegajoso han configurado la principal barrera que sufren los creativos en este deporte. Sin embargo, el césped de los estadios se ha convertido en un enemigo inesperado que condiciona de manera notable el desarrollo de un partido. El Santiago Bernabéu ha sido el último en sufrir las consecuencias del hongo que ha azotado a bastantes coliseos españoles –Vicente Calderón, Riazor y la Condomina entre otros-. Las herramientas de combate ante este peculiar problema han evolucionado y los clubes han decidido no escatimar en medios para solventar la mala imagen que proyecta un terreno de juego en mal estado.
El
Real Madrid ha construido una nueva superproducción repleta de estrellas brillantes para abordar la reconquista del éxito en esta temporada. Un astro para el banquillo con nombre reconocible hasta en los lugares más recónditos del mundo y un puñado de artistas jóvenes que devuelvan la ilusión a la afición madridista. Todo listo para volver a asombrar al mundo y colocar a Madrid en la cima del planeta futbolístico. Rutilante proyecto económico un ejercicio más, con proyecto de cubierta completa del estadio incluido. Pero un gran lunar se hace visible representando la metáfora del juego del equipo hasta el momento. Lo más importante, el terreno de juego, no brilla.
El
Santiago Bernabéu ha presentado un estado sorprendentemente descuidado en las primeras jornadas, comprometiendo la labor del fichaje del presidente para lo relacionado con jardinería, el inglés
Paul Burguess. Al parecer, el origen del caos aconteció antes de arrancar la Liga BBVA y tuvo a un tractor como fatal protagonista. Un
escape de aceite ocasionó la línea de tierra que destaca a simple vista en una de las bandas del campo. La plaga de hongos terminó por conformar el desastre y el sonrojo de los responsables del club.
José Mourinho, el jefe del equipo cuando se juega al fútbol en el césped, no dudó en expresar su opinión al respecto: “
En función de las circunstancias me voy satisfecho porque no es fácil jugar en un campo de patatas”. El portugués vio el único sentido positivo a la desastrosa situación del tapete madridista: el disperso orden y escasa fluidez de sus pupilos fue consecuencia directa del mal estado del césped.
La argucia dialéctica del doble campeón de la Champions League ofrece una lectura interesante: ¿puede el césped actuar como un defensa más e incomodar la labor de los jugadores creativos? La respuesta es afirmativa sin lugar a duda. Sin embargo parece extraño que el Real Madrid haya usado esta singular herramienta en los dos partidos que ha disputado en el Bernabéu. La hipotética táctica de
Mourinho queda desmentida ya que el club se ha encargado de plantar nuevos tapes de césped en todo el terreno de juego. Se ha decidido recurrir una vez más al material procedente de
Alemania, Holanda y Eslovaquia. Se han colocado
484 rollos de césped natural por un coste de
300.000 euros. La limpieza de las malas hierbas en Chamartín quizá sirva para que el juego del equipo crezca y florezca a lo largo de la temporada tras este accidentado arranque.
Pero este no es sino el último sufrimiento que supone el césped para los clubes de fútbol. El
Vicente Calderón, un coliseo usado con asiduidad por grupos musicales para sus conciertos, también tuvo que experimentar el cambio de hierba en 2010. En el pasado mes de julio el
Atlético de Madrid decidió corregir la mala situación de su terreno tras el concierto de
Muse de raíz. Se optó por remover la tierra para que la replantación fuera efectiva y se acudió a la tecnología para nivelar el suelo: los colchoneros contrataron un método que emplea
láser. Conocido es también el padecimiento sufrido en
Riazor provocado por el castigo inflingido por los hongos al césped coruñés y la batalla de los murcianos por disfrutar de una hierba presentable en la
Condomina.
Césped artificial, ¿futuro de los estados de fútbol?El deporte evoluciona para adaptarse a los cambios sociales, climáticos, económicos y tecnológicos, ya sea para adaptarse y mantener su posición en la sociedad o para sobrevivir como actividad. El fútbol representa, sin embargo, una excepción llena de contradicciones. Tras el Mundial de Sudáfrica y los errores arbitrales clamorosos, la
FIFA rehusó el planteamiento del uso de la televisión para el beneficio del deporte, desoyendo las voces de profesionales y aficionados de todo el mundo.
En relación al césped, por el contrario, el máximo organismo internacional del balompié ha entendido que es necesaria una revisión de las condiciones de los terrenos de juego, contemplando todas las variantes que provoquen alteraciones en el normal transcurso del juego. Esta inteligente disposición ha aceptado, por fin, la entrada del césped artificial a los estadios. Tras innumerables pruebas de calidad y apreciando la enorme capacidad de desarrollo de los productores de esta “hierba industrial”, la FIFA elaboró un
Concepto de Calidad de necesario cumplimiento, en el que se exponen parámetros en los que el material sintético se comportar de la misma manera que el natural.
Gracias a esta apertura de miras se ha solventado, por ejemplo, las dificultades que planteaba jugar al fútbol en la Europa del este en los meses de invierno. Equipos españoles como el
Sevilla ya han probado el
césped artificial del olímpico de
Luznhiki. El coliseo ruso, sede del CSKA de Moscú –equipo que disputa la Champions League- decidió implantar el material artificial para salvar los 60 centímetros de nieve que en ocasiones alcanzan las aceras de la capital rusa. El perfeccionamiento de los compuestos sintéticos ha obligado al organismo gestor del fútbol mundial a
homologar más de 400 campos.
El deporte de élite permanece al margen de los
costes económicos de colocación y mantenimiento de un tapete natural y la considerable diferencia con el industrial. Este punto se ha convertido en la principal razón de utilización de césped artificial para bastantes clubes de un nivel financiero menor a los gigantes. El
ahorro con respecto al natural es muy considerable en cuanto al cuidado y, a pesar de que la implantación del sintético es más costosa, la factura total es sensiblemente inferior en el segundo caso.
Si el césped artificial se convertirá en el tapete de todos los campos de balompié del mundo es una incógnita de imposible resolución, y el debate está servido con detractores cerrados en lo natural y supporters de los proyectos de desarrollo de la hierba sintética (como Adidas o Nike). Pero lo que sí resulta un sencillo diagnóstico es que el fútbol debe trabajar para cuidar su terreno de juego desarrollando y adaptando las nuevas ideas. La sorprendente situación de la hierba del Santiago Bernabéu puede haber marcado un antes y un después en el cuidado del pasto de los campos españoles e internacionales. Mezclas compuestas de hierba natural y sintética, tapetes completos de material industrial, alineamientos con láser… La función de defensa central del césped descuidado parece tener los días contados.