la directiva vendió el club sin permiso de los dueños
Liverpool FC: secuestro y liberación del club más ilustre del fútbol británico
viernes 15 de octubre de 2010, 21:05h
Tradición, gloria, victorias históricas que se han convertido en iconos de un deporte, un himno mítico del fútbol, cientos de los mejores jugadores de la historia y un estadio único en el mundo. La relevancia de todo este bagaje del club inglés por excelencia se ha reducido a cero en las últimas semanas. Los propietarios, Hicks y Gillet, habían acumulado una deuda de más de 400 millones de euros y el plazo concedido por el Royal Bank of Scotland expiraba el 15 de octubre. La directiva y varias asociaciones de peso en el histórico club forzaron la venta a espaldas de los dueños, que trataban de evitar la transacción acudiendo a un tribunal de Dallas ya que se aferraban al caramelo del club de fútbol, que presidían. Con el equipo antepenúltimo en la clasificación de la Premier League, el balompié internacional se sobrecogió al pensar que el Liverpool podía caer en la quiebra. Finalmente el Alto Tribunal de Londres salvó la honra del club y del fútbol, permitiendo la venta de la institución y liberando al gigante inglés. El Liverpool vuelve a respirar gracias a un “gol” en el último minuto”
El Liverpool Football Club refleja la tradición pionera británica y la gloria actual. La institución fue una de las fundadoras de la Premier League y en sus 118 años de longevidad ha conseguido nada menos que cinco Champions League -1976-77, 1977-78, 1980-81, 1983-84 y 2004-05-, tres Copas UEFA -1972-73, 1975-76 y 2000-01-, y 18 Ligas inglesas. Además la organización del barrio de los Beatles es reconocida en todo el mundo por su estadio, Anfield Road, uno de los pocos museos del balompié que todavía permenecen en activo. Incluso su himno, cantado con tesón y entrega irreductible por sus fieles cada domindo, se ha convertido en el cántico más célebre en las gradas internacionales, donde ya sea en Inglaterra, España o Alemania, suena el “You´ll never walk alone”.
Y como si de un arma se tratara, este título brillante de una canción y lema del club “red”, desde el año 2007 se viene escuchando como si los aficionados golpearan a los dueños del equipo en cada triunfo y derrota. La precaria situación económica de la escuadra de Merseyside provocó la llegada al trono de jefe de dos millonarios norteamericanos, Tom Hicks y George Gillett. Sin embargo la tabla de salvación a la que se aferró la organización inglesa se ha convertido en la zanja más profunda en la que haya caído un grande del balompié en la historia. La árida escasez de títulos en los últimos años con un proyecto deportivo plagado de lagunas y parches provisionales se combinó con una política empresarial del gasto sin freno. La bomba no tardaría en estallar en Anfield.
La perspectiva de ver al Liverpool en la segunda división inglesa o incluso obligado a cambiar de nombre para sobrevivir a las deudas pasó de ser un mal sueño a convertirse en una agónica lucha por la vida de la junta directiva, las asociaciones afines al club y los millones de aficionados que con el himno en sus bocas han protestado por la mala gestión americana en los últimos años. La sombra de la quiebra tomo forma real al fijar el Royal Bank of Scotland -principal acreedor del club- la fecha límite del 15 de octubre de 2010 para saldar la astronómica deuda contraída. Hicks y Gillet, que compraron el Liverpool por unos 260 millones de euros, miraron para otro lado a la hora de pagar los créditos solicitados y la centenaria institución deportiva acumuló una deuda de más de 400 millones de euros. El abismo era una amenaza muy seria.
Situado ya en una tesitura de urgencia, con la masa social en absoluto enfrentamiento con los dueños americanos, la junta directiva buscó la manera de facilitar la venta del club a la firma New England Sports Ventures “NESV” y terminar rápidamente con la profunda herida de la entidad para levantar el vuelo progresivamente. Sin embargo, Hicks y Gillet obstaculizaron el proceso y la transacción se convirtió en una pelea por sobrevivir entre el Liverpool y sus dueños. El secuestro del club más laureado del balompié británica pasará a la historia del fútbol y puede marcar un punto de inflexión en la planificación financiera de los clubes y la sistemática facilidad con la que se olvidan los valores tradicionales de un club.
Los millonarios estadounidenses buscaron con todos sus medios la posibilidad de expulsar a dos miembros del consejo directivo para sustituirlos por dos personas de su conveniencia que les permitieran controlar la votación sobre la venta del club, bloqueando cualquier intento de venta. Ante la mayoría en la junta -que contó con el apoyo de dos compañías matrices al club, Kop Football y Kop Holdings- que se decantó por la transacción al conglomerado NESV, Hicks y Gillet se sacaron de la chistera acudir a última hora de la tarde del pasado miércoles (a dos días del cierre del plazo del Bank of Scotland) al Tribunal de Dallas. La justicia americana dio la razón a los dueños del Liverpool, otorgándoles la potestad de reformar la junta directiva a su antojo (introduciendo al hijo de Hicks y a un socio empresarial para permanecer en el trono).
La masa social de la entidad más laureada del fútbol inglés decidió acudir, ante la mirada estupefacta del universo futbolístico, al Alto Tribunal de Londres, a 48 horas del ultimátum del Royal Bank of Scotland. La justicia británica, finalmente, desbloqueó la situación y otorgó potestad a la junta rectora del club para actuar, serrando los grilletes que han mantenido prisionero al gigante inglés en los últimos meses. El resultado inmediato del fallo del tribunal londinense ha sido el cambio de manos en el trono presidencial del club. Los americanos abandonaron -huyeron- el puesto y en su lugar entró John W. Henry, dueño también de los Red Sox de Boston de las Grandes Ligas de béisbol de Estados Unidos. La celebración de los millones de aficionados por el cambio de dueños fue similar a la Champions League conseguida ante el Milan cuando el equipo perdía 3-0 al descanso. Victoria sufrida y al borde de la catástrofe.
El desenlace de esta rocambolesca historia cuenta con un ganador absoluto, el Liverpool FC, que evitó por milímetros el fantasma de la quiebra y se lanza al futuro con nuevas perspectivas deportivas -está situado en el antepenúltimo puesto de la Premier- y financieras. Y un perdedor vengativo y oscuro, Hicks y Gillet. Tras actuar con una venda en los ojos que no les permitía ver las sistemáticas manifestaciones en su contra en Anfield, y con su juguete en manos de otros, los americanos han explicado que plantará batalla legal, ya que lucharán "con todas sus energías legales" para ganar una demanda de indemnización por 1.600 millones de dólares (1.140 millones de euros). Los dictadores estadounidenses representarán el papel de malo de la película hasta el final. Suerte que en la próxima escena el Liverpool no será ya la víctima. Los “reds” y el fútbol han ganado la gran batalla del 15 de octubre de 2010.