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Corrupción, tragedia sin fin en México

Beatriz Reyes Nevares
domingo 31 de octubre de 2010, 17:55h
Lamentarlo, indignarse, prometer, crear comisiones, alardear del combate al crimen organizado. Decomisos, más espectaculares en cantidad, captura de los meros meros capos de uno y otro cártel,
claro, menos el famosísimo, protegidísimo, enlistado por la revista Forbes, junto a Bailleres, Slim, Bill Gates, el personaje de película: El Chapo Guzmán.

Por los resultados de ésta guerra interminable, inútil, costosa en presupuesto, más que costosa en pérdida de vidas. Muertos y más muertos. Falta poco para alcanzar la cifra record: 30 mil, entre militares, marinos, policías federales que cumplían con su deber, sicarios, delincuentes de la peor ralea; pistoleros del viejo oeste, armados hasta los dientes con arsenales que ya los quisieran en países más pobres que el nuestro.

La cruda realidad es cada día más dura, más terrible. Dentro de la pavorosa cifra se encuentran estudiantes inocentes, madres embarazadas, niños, ancianos, como se dice, estaban en el lugar
y hora equivocados; como si estar en su casa, en su propio hogar, modesto, en colonias pobres de Ciudad Juárez, o de algún lugar de Tamaulipas, o al salir del instituto o de la escuela en Monterrey
estuvieran fuera de lugar. O al ir en su automóvil, al recibir fuego cruzado, daños colaterales, dicen ahora, aunque se dirigieran al mercado o a la peluquería.

Es ya el colmo, el acabose, todos los días, amanecemos con malas noticias. Al irnos a la cama ya son, si cabe, todavía peores. Así se vive en México.

Entretanto, los partidos políticos, los posibles precandidatos para el 2011 o para el 2012, igual que el presidente Calderón, siguen, siguen y siguen en sus rollos, en sus discursos, en sus pleitos; de
viaje, luciéndose aquí, en Sudamérica, en España. Todos los escaparates son buenos.

Finalmente, del mismo cuero salen todas las correas, de los impuestos, las víctimas, sus familias, madres, esposas, hijos, sin nombre, son también solo cifras. O ni eso. A lo mejor falta sumarlas a los 30 mil. Porque da la casualidad, por si no se han enterado, que son víctimas inocentes de la
corrupción, de la ineptitud, del cinismo que agobia a éste país.

Beatriz Reyes Nevares

Periodista y analista política

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