Crisis, nómos y phýsis
Martín-Miguel Rubio Esteban
viernes 05 de noviembre de 2010, 21:29h
Las crisis económicas, las guerras, los accidentes humanos y otros desajustes en la vida del hombre que quiebran brutalmente el bienestar humano nos indican una vez más que ningún orden político o económico, a diferencia del orden del universo, es estable y digno de una confianza ciega, y, a la vez, nos instan siempre, siguiendo la invitación de Antifón, a contemplar el orden cósmico, el orden de los órdenes, permanente y estable, por si nos pudiera servir de inspiración para mitigar de algún modo nuestras sustanciales inestabilidades “in hac lacrimarum valle”.
El pensador Antifón, contemporáneo de Tucídides y Demócrito, y probablemente ciudadano ateniense, intentó buscar con cierta desesperación algo que estuviese por debajo de toda la inmensa gama de culturas existentes, por debajo de todo el variegado surtido de tipos de organizaciones políticas, por debajo de todos los estratos de aculturación artificial, y que respondiendo estrictamente a la realidad de la naturaleza humana persistiese estable y permaneciese eterno, como una ley de la naturaleza. Todos los hombres de cualquier condición, bárbaros y griegos, hombres y mujeres, respondemos a una única naturaleza. Y conocer los perfiles de esa naturaleza ( esto es, el eterno fluir de la vida humana esencial ) nos permitiría prevenirnos de los males propios del relativismo insoslayable y sustancial de todo artificio y cultura que por naturaleza pergeña la inventiva naturaleza humana. A diferencia de Protágoras, Antifón estaba convencido de que el hombre responde a una naturaleza permanente y eterna, que exige derechos permanentes y eternos consustanciales con esa naturaleza constante. El interés fundamental del hombre es para Antifón la autoprotección, que se resume en evitar el daño ( y su acompañante el dolor ) y buscar ventajas ( y sus acompañantes los placeres ). La naturaleza humana aspira a la vida e intenta soslayar la muerte. La vida siempre y en todas partes ha sido la gran aspiración de la naturaleza humana.
Desde luego en esta crisis económica se ha transgredido con creces la autoprotección del colectivo humano, cuando el sistema financiero se ha estado suicidándose repetida y sistemáticamente en los últimos seis años. Una vez más una cultura – esta vez la económica - se ha hecho la mayor enemiga de la naturaleza humana llevándola a un precipicio. Una cultura de muerte, que en el altar de Baal Hamón y en el de Mammón, como deificación del dinero – ya ni siquiera de la riqueza: tan grande ha sido la transcendencia a la abstracción de ésta que ya es del todo invisible – se han sacrificado vidas humanas ( miseria, paro, desesperación…). Pero parece que sólo se va a la cárcel si transgredes leyes y costumbres “locales”, no si contravienes las aspiraciones eternas de la naturaleza humana. Es por ello que Antifón llegó a ver en las leyes, en las costumbres y en la cultura ( a diferencia de Protágoras ) los mayores enemigos del hombre y su libertad en cuanto que lo podían encadenar y podían trabajar contra la constante ley natural, como la estrella polar, que lo debe regir y gobernar ( y eso que Antifón no vivió bajo Zapatero ).
Ahora bien, la expresión máxima de la transgresión y contravención de las leyes sagradas e inmutables de la naturaleza humana es la intervención e irrupción brutal del Estado en el ámbito social y privado de lo humano. Estoy seguro de que Antifón se alegraría hoy de que en Illinois, el Estado del que saliesen los presidentes Abraham Lincoln, el feroz y sufrido Ulises S. Grant y el estadólatra Barack Obama haya ganado el republicano Mark Kirk el escaño para el senado que ocupó Barack Obama hasta su candidatura presidencial, y se habría alegrado también de que la radical socialista obamita Nancy Pelosi dejase de ser la líder de la Cámara de Representantes para ser su nuevo piloto John Boener, que pronuncia optimistas y patrióticos discursos antifonianos. Ronald Reagan entonaría hoy sin duda su slogan “América ha vuelto”.
Cuanta más doctrina imparta el Estado a sus ciudadanos menos podrá resplandecer la naturaleza humana y menos quedarán garantizados los derechos naturales del hombre. En los EEUU la doctrina religiosa emerge de la comunidad de ciudadanos, no del Estado, nacido para servirla. Cuando el general sudista Jackson dedicaba los domingos a una estricta observancia religiosa, no atacando al sanguinario laicista Sherman, estaba expresando no un integrismo religioso de los EEUU, sino que ni siquiera en la guerra el fin justifica los medios para la sociedad liberal americana, sino que los medios deben estar acordes con los fines. Aunque derrotado su bando, la esencia de la naturaleza americana responderá siempre más a los jacksons que a los shermans genocidas. Obama ha tenido esta semana una nueva derrota de Gaine´s Mill.
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Doctor en Filología Clásica
MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín
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