En el deporte los instantes de gloria no se prolongan demasiado en el tiempo. Tras un éxito rotundo individual es muy complicado mantener el nivel y se experimenta un cierto descenso en el rendimiento. Esta inercia de decadencia tras el triunfo azota en el fútbol a los nombrados como mejor jugador del mundo, Balón de Oro. Ya sea en un Mundial como en una temporada de club, el jugador que fue designado estrella necesitó meses o años para reconstruir su leyenda. Zidane, Romario, Ronaldo o Cannavaro han sufrido la depresión en la cima del balompié. Tras Sudáfrica 2010 Diego Forlán ha inscrito su nombre en esta lista de dudosa honra. Tras brillar con Uruguay en julio no ha conseguido marcar los goles que se le piden en el Atlético y los rumores sobre su venta ya se disparan. Forlán se ha confirmado como un caso más del relax de los campeones.
Tres goles en catorce partidos y diez encuentros sin anotar son estadísticas que configuran el perfil de un delantero de escasa efectividad. Sin embargo, estos datos representan un lastre muy pesado para un rematador de raza. Diego Forlán, paradigma del instinto goleador y atacante de manual, ha arrancado la temporada 2010-11 con este ínfimo balance anotador. En su club, el Atlético de Madrid, ya han saltado todas las alarmas ya que el futuro deportivo de la entidad depende en buena parte del acierto del uruguayo. Muchas son las teorías sobre su bajo rendimiento. El sabio entrenador,
Quique Flores, niega las acusaciones que se vierten sobre el jugador y le muestra todo su apoyo públicamente, mientras que dosifica los minutos del charrúa. El carácter de delantero puro no le permite participar en la elaboración de juego demasiado, por lo que en estos momentos de vacas flacas, los detractores de Forlán le señalan como individualista enfermizo e indican la idoneidad de su venta.
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No hay ningún caso Forlán" decía Enrique Cerezo, el sufrido presidente del club madrileño. “
Hay que recuperarse bien tanto física como anímicamente, salir y otra vez volver a ser el Forlán de siempre, que para mí nunca ha dejado de serlo”, continuó el máximo mandatario de la entidad. Apoyo absoluto en el club al mejor delantero que ha pasado en los últimos años por la ribera del Manzanares. En los últimos seis años el uruguayo sólo ha bajado de los
20 goles en una temporada. Tras firmar
35 goles en 2009 y conseguir la
Bota de Oro, Forlán no relajó y mantuvo el nivel para sumar
28 goles –algunos de ellos cruciales- y llevar a su equipo a un histórico doblete en el pasado año. Pero ¿por qué ha descendido el nivel de efectividad de Diego a partir del mes de septiembre? Los críticos más feroces afirman que ya no le motiva el Atlético de Madrid o que ya es demasiado mayor –
31 años- para seguir al nivel de tres competiciones. Sin embargo existe otra teoría que está históricamente argumentada: la relajación del número uno.
Diego Forlán fue declarado mejor jugador de la final de la
Europa League que el Atlético venció al Fulham en el pasado mes de mayo. Tras este éxito rotundo, el delantero se exhibió en el
Mundial de Sudáfrica, conduciendo prácticamente en solitario a su selección hasta las semifinales del torneo, algo absolutamente impredecible en las casas de apuestas y en las tribunas de los estadios. Los cinco goles decisivos que firmó el charrúa le catapultaron al trono de mejor jugador del Mundial. Diego escribió su nombre en la lista de ganadores del
Balón de Oro de un torneo internacional de esta talla. Junto a él figura, por ejemplo, Diego Armando Maradona. Alabado por la prensa y recibido en su país como un ídolo e icono de la nación, Forlán se tomó unas merecidas vacaciones. El problema es que todavía no ha cambiado el ritmo vital. El atacante rojiblanco no ha podido recuperar el tono de temporadas anteriores porque ni su cuerpo ni su mente le acompañan. Este síndrome “depresivo” ha atacado ya otros grandes jugadores que fueron coronados con el galardón más deseado por un futbolista, el Balón de Oro.
Zinedine Zidane, superestrella de las últimas décadas del balompié afirmó que tras conseguir el
Balón de Oro en 1998, decidió tomarse un descanso en la temporada siguiente con la Juventus. El resultado estadístico de esta temporada posterior al galardón fue:
40 partidos, dos goles, cero títulos. El mago francés tomó la decisión de tomarse un merecido respiro y observar desde la cima del fútbol al resto de colegas. Pero el caso del ex jugador del Real Madrid no es único. Un compañero suyo en la disciplina madridista,
Ronaldo, sufrió el mismo descenso de rendimiento tras recibir el Balón de Oro del
Mundial Francia´98. El legendario atacante brasileño sumo
15 goles en 28 partidos, 19 tantos menos que la temporada anterior con el Inter de Milán.
Un compatriota de Ronaldo, el mortífero delantero del Barcelona del Dream Team de los 90,
Romario, obtuvo el galardón de mejor jugador del
Mundial de Estados Unidos de 1994 y decidió alejarse de los campos de fútbol y rendir en otros campos. Fruto de la relajación que decidió adoptar y de sus continuos viajes a Brasil,
Johan Cruyff decidió prescindir de sus servicios ya que las estadísticas de “o baixinho” eran más que discretas. El sublime finalizador jugó su última cita con el club catalán en la goleada encajada en el Santiago Bernabéu por cinco goles a cero.

Otras estrellas rutilantes de la historia de los mundiales también sufrieron el vertiginoso descenso de rendimiento en la temporada siguiente a ser nombrados como los reyes del balompié. Por ejemplo,
Fabio Cannavaro, líder absoluto de una de las mejores defensas de todos los tiempos, la
Italia campeona en
Alemania 2006, obtuvo el Balón de Oro y firmó por el Real Madrid. Sus datos,
39 partidos jugados y ningún gol anotado. Pero tras esas justificables estadísticas quedaron errores garrafales, fallos incomprensibles en un central de primera línea internacional. “Il Bello” no satisfizo a la afición blanca que esperaba al Fabio que vio en el Mundial germano.
Oliver Kahn, el mejor portero alemán de la historia junto a Sepp Maier, gozó del privilegio de ser el único guardameta que ha recibido el Balón de Oro de un Mundial, gracias a su espectacular actuación en
Corea y Japón, sólo empañada por el error en la final ante Ronaldo. Kahn, que además fue el líder de temible
Bayern Munich de finales de los 90 y comienzos del nuevo siglo, vislumbró un nuevo horizonte tras alzarse como el mejor jugador del mundo. En la temporada 2002-03 su nivel descendió considerablemente y fruto de un error suyo el Bayern fue eliminado de la Champions League. Además destapó su faceta más polémica fuera de los terrenos de juego. Sin embargo, el “muro alemán”, recuperó el tono en la temporada siguiente y alcanzó uno de sus innumerables récords al convertirse en el portero menos batido de la historia de la Bundesliga, encajando tan solo
21 goles en 34 partidos disputados.
Incluso el primer ganador del Balón de Oro en los Mundiales, el italiano
Paolo Rossi, no se escapó al síndrome “depresivo” del rey del balompié. El eficaz delantero transalpino, que consiguió anotar
21 y 24 goles consecutivamente con el débil Vicenza y condujo a la selección azzurra a la gloria en el Mundial de España´82 –anotando seis tantos-, sufrió un descenso absoluto en su capacidad goleadora en la subsiguiente temporada. Rossi sumó tan solo
7 goles en 23 partidos con la Juventus.
El reconocimiento como número uno del mundo parece traer consigo efectos secundarios indeseables. El Balón de Oro es el galardón con el que sueño todo futbolista pero asimilar ese éxito resulta quizá más complicado que conseguirlo. En la historia del balompié, un deporte en el que la gloria es absolutamente efímera, existen muy pocos casos de jugadores que fueron los mejores de un Mundial y mantuvieron el nivel de forma imperturbable –por ejemplo
Diego Maradona que reinó en México 86 y condujo al Nápoles a la victoria en el Scudetto y la Coppa de 1987-.