A menudo se dice que la prostitución es el oficio más antiguo del mundo. De ser así, el segundo sería el espionaje. Desde tiempos inmemoriales, la inteligencia y la astucia han sido utilizadas por reyes, gobernantes, tiranos y dictadores para ganarle la partida al enemigo. Desde los antiguos tratados de Sun Tzu o Chanakya pasando por las criptografías egipcias, los cifrados romanos, los complots palaciegos medievales, o las complejas máquinas de encriptación nazi o japonesas de la segunda guerra mundial, el espionaje siempre ha ido un paso por delante en cuanto a tecnología.
Hace más de 2.500 años, el filósofo y estratega chino Sun Tzu escribió una de las obras militares más reconocidas y alabadas,
'El arte de la guerra'. A pesar de que el tratado de Tzu es considerado por la gran mayoría de los historiadores como la primera prueba escrita fehaciente de la existencia del espionaje, lo cierto es que hay evidencias de que esta práctica ha acompañado al ser humano desde tiempos remotos.
El Antiguo Testamento, un libro alabado por dos de las grandes religiones monoteístas del planeta, el cristianismo y el judaísmo, ya menciona un caso de espionaje entre sus milenarias páginas.
Moisés, uno de los patriarcas biblícos más famosos y aquel que logró con ayuda divina que el mar Rojo se dividiera en dos, mandó a la ciudad de Canaan a una partida de guerreros para que le informaran de lo que allí sucedía.
Pero, para aquellos que no dan mucho crédito a los textos sagrados, sí existen pruebas históricas que dan fe de partidas de espías profesionales en Babilonia. Incluso en Egipto se creó un cuerpo especializado de soldados que se dedicaban a espiar para el faraón, tanto dentro como fuera del imperio del Nilo.
Las evidencias de espías se repiten constantemente en el mundo antiguo. Griegos y romanos se dedicaron a perfeccionar el arte del espionaje durante siglos aunque sus técnicas nos puedan parecer muy rudimentarias hoy en día. De este modo, sus procedimientos de espionaje se limitaban al seguimiento de gobernantes, lograr introducir en cortes enemigas a los llamados agentes dobles o complejos sistemas de cifrado de códigos secretos. El
scytale, cilindro con una tira de cuero alrededor, era una de las técnicas predilectas de los griegos. Famoso es también el sistema que utilizaba Julio César para hacer llegar a sus generales la información más sensible. El César escribía un texto en el que cada letra era sustituida por la que ocupe tres puesto más allá en el abecedario. De este modo, la letra A se cambiaba por la D y la F por la I. Simple, sí, pero nunca fue descifrado.
La Edad Media supuso un impulso a las tramas de espías. Las
cortes palaciegas y las
intrigas feudales eran abono de cultivo para la proliferación de espías. Famosa es la confabulación de María Estuardo, reina de Escocia, y Anthony Babington para terminar con la vida de Isabel I que acabó por salir a la luz y con María ejecutada. El Vaticano también ha contado durante siglos con una extensa red de espías que aún hoy perdura, aunque lejos quedan las teorías conspiratorias de Dan Brown y su 'Código Da Vinci'.
Para salvar las enormes distancias que había en la Edad Media y los siglos posteriores, los ejércitos del mundo inventaban sus propios códigos de comunicación. Así, no era raro que cada país tuviera un grupo de oficiales expertos en comunicación mediante banderas o antorchas. Gracias a este método, las órdenes podían viajar por decenas de kilómetros en una época en que el teléfono no existía.
Siguiendo la línea del tiempo, la historia nos deja una lista interminable de espías famosos que ayudaron a sus 'patrocinadores' a robar información o a adelantarse a los movimientos de su enemigo.
Nathan Hale, John Andre, William Wickham, Allan Pinkerton, Belle Boyd, Joubert Duquesne, Joseph Fouché, Mata Hari, Casanova o
Richard Sorge son sólo algunos de los nombres famosos que han pasado a los libros como los hombres y las mujeres que lograron atravesar las medidas de protección de sus enemigos para sacar provecho de la información que conseguían. Unos lograron regresar a sus países como héroes, otros, los más, terminaron ejecutados o encarcelados de por vida.
Mata HariEl siglo XX, la era de la tecnologíaCon la revolución industrial, los avances en mecánica, química y otras muchas disciplinas se fueron aplicando paulatinamente entre los servicios secretos de todo el mundo. Notable fue la invención del
telégrafo en 1840 que fue rápidamente acoplado a las transmisiones oficiales de los gobiernos y ejércitos de todo el mundo. El estallido de las dos guerras mundiales supuso el campo de pruebas perfecto para toda clase de artilugios nuevos que supusieron una considerable innovación tecnológica al espionaje. Pero, por mucho que avanzaran las nuevas técnicas, de la mano siempre iba su hermano gemelo y eterno enemigo, el contraespionaje.
El germen del espionaje moderno muy bien pudo sembrarlo, por difícil que pueda resultar teniendo en cuenta la poca en la que vivió, una mujer:
Elsbeth Schragmüller. Reputada doctora en filosofía, esta alemana implementó en 1918 los principios elementales del espionaje moderno y que se siguen utilizando hoy en día.
A pesar de que la esencia del espionaje no ha cambiado mucho durante siglos, ya en la I Guerra Mundial se empezaron a ver cuerpos de información con una estructura moderna. Se comenzó a complementar espías preparados y adiestrados en ámbitos tan diversos como la criptografía, la radiotransmisión, la telegrafía o los idiomas con personas anónimas que se mimetizaban con la sociedad para facilitar su acceso a información sensible. Este fue el caso de
Judy Coplon, una reputada editora norteamericana que durante décadas trabajó para la CIA como experta en asuntos comunistas. Tras años pasando información a la URSS, Coplon fue arrestada por el FBI. La cantidad de información sensible que puedo proporcionar la agente doble a Moscú es aún un misterio.
Fue en la primera mitad del siglo XX, con las mejores en la aeronáutica, cuando se empezaron a organizar vuelos de reconocimiento en aeroplanos o globos aerostáticos. Estos fotografiaban desde al aire las posiciones del enemigo o las zonas más propicias para ser bombardeadas.
Sin embargo, es probable que fuera durante la II Guerra Mundial y su posterior Guerra Fría cuando el espionaje alcanzó sus cotas más altas. Tantos los aliados como el eje Berlín-Roma-Tokio gastaron miles de millones de dólares e incontables esfuerzos para ganar la partida al bando contrario. Un arma que no se había utilizado hasta ahora fue el de la contrainformación. Los distintos ejércitos desinformaban a las filas enemigas con panfletos o publicaciones falsificadas con el objetivo de minar la confianza del ánimo de civiles y soldados.
El Día D.La
BBC también desempeñó un papel clave en la guerra. Durante sus retransmisiones sobre Europa, la radio británica lanzaba mensajes ocultos a la resistencia y a los espías aliados a través de sus alocuciones. De hecho, un verso de Paul Verlaine (
"Los largos violines de otoño hieren mi corazón con su monótona languidez") sirvió como señal el 5 de junio de 1944 para avisar a los partisanos franceses de que el desembarco de Normandía, el famoso 'Día D', tendría lugar al día siguiente.
Durante la conflagración, las máquinas de encriptación de mensajes jugaron un papel crucial en el conflicto. Entre las más famosas están la
'Enigma' nazi, que logró ser descodificada por un grupo de científicos británicos;
'El Coloso', que sirvió para interceptar los mensajes de Hitler; y la
JN-25 japonesa.
Por otro lado, la carrera nuclear que se vivió durante la II Guerra Mundial y los años que la siguieron fomentó en gran medida la inversión en espionaje. Todos querían tener acceso al maná atómico y por eso el
'Proyecto Manhattan', el experimento que dio con la bomba nuclear, fue el pistoletazo de salida a una nueva carrera armamentística que, entre otras ramificaciones, provocó la disputa espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética.
Entre los espías más famosos de este periodo destacan, aunque la lista es enorme, el
matrimonio Rosenberg, el científico
Klaus Fuch y, por encima de todos, quizás por haber sido retratados en varias ocasiones en el cine,
'Los cinco de Cambridge' (aunque sólo se ha identificado a cuatro de ellos), un grupo de espías comunistas encabezado por Kim Philby que operó en Reino Unido hasta la primera mitad de los 50.
Poco que ver con James BondHollywood siempre ha encontrado en el espionaje una mina de oro para sus producciones cinematográficas. De este modo, a través de las pantalla nos han llegado el elegante James Bond, el amnésico Jason Bourne o el intrépido Ethan Hunt. Lo cierto es que los espías reales distan mucho de los estereotipos que nos muestra el cine.
Si nos fiáramos de las películas, el mundo estaría siempre a un segundo de saltar por los aires y los tiroteos entre espías estarían al orden del día en las urbes de medio mundo. En realidad, las operaciones de espionaje, salvo en contadas ocasiones, pasan desapercibidas ya que muchas de ellas son a muy pequeña escala y desde luego
sin que se dispare un sólo tiro.
Cada año, los gobiernos de todo el mundo se gastan miles de millones de euros, sólo la CIA cuenta con un presupuesto oficial de
12.000 millones de dólares, en mejorar sus sistemas de seguridad porque el futuro del espionaje está en la informática. Hace unos años, Washington acusó a Pekín de orquestar un ciberataque contra sus archivos secretos. China se apresuró en desmentirlo y todo quedó en sendas acusaciones de intromisión.
Sorprende leer en una publicación de prestigio como Foreign Policy que entre los servicios secretos más efectivos del mundo no se encuentran los estadounidenses. En cambio, este ranking lo copan el
SIE ruso, el
Mossad israelí, el
MSE chino, el
RAW indio, el
ISI paquistaní y el
MI6 británico.

Dos de los casos más mediáticos de los últimos años los han protagonizado los servicios secretos rusos. El primero, y puede que el más trágico, es el que padeció
Alexander Litvinenko. El ex agente del KGB fue intoxicado con polonio 210, un químico extremadamente mortal, mientras se entrevistaba con un agente doble de los servicios de seguridad rusos en un restaurante y en el estado de fútbol del Arsenal.
Tras un rápido y penoso empeoramiento de su salud, Litvinenko falleció en un hospital de Londres. A pesar de las evidencias, Moscú se ha negado siempre a extraditar a los responsables y ha negado cualquier conexión con el caso.
El otro gran caso sucedió hace pocos meses. Un grupo de espías ruso, encabezado por la bella pelirroja
Anna Chapman, fue detenida en Estados Unidos acusados de espiar para Moscú. Fueron expulsados del país y devueltos a Rusia en un intercambio de agentes. Una vez de vuelta en su país, Chapman y sus compañeros han sido condecorados y alabados por su servicio a la patria.
Con el siglo XXI, el espionaje se ha hecho extremadamente complejo. La tecnología, y sobretodo los
satélites, permite a los ejércitos acceder a casi cualquier información, conversación o imagen del mundo. Tal es la precisión de los nuevos sistemas de seguimiento que, en estos momentos, cualquier servicio secreto del mundo podría saber qué está haciendo, con quién, dónde y, por supuesto, modificar sin remisión cualquier documento oficial existente hasta convertirte, como hicieron con Leon Tolstoi, otro personaje que sufrió el espionaje en carne propia, en una "no-persona".