crítica
[i]Ladrones[/i]: otra glamourosa banda de guante blanco en busca del atraco perfecto
domingo 28 de noviembre de 2010, 15:21h
El cine siempre se ha sentido profundamente atraído por las historias que protagonizan los llamados ladrones de guante blanco, tipos sofisticados, cultos y muy inteligentes que planean sus robos con increíble imaginación, huyendo deliberadamente de todo aquello que pueda suponer violencia o simple enfrentamiento. “Ladrones”, la cinta dirigida por John Luessenhop que el viernes se estrenó en las salas de nuestro país, pretende ser otro ejemplo más de este género cinematográfico que tanto gusta al espectador, dispuesto incluso a olvidar la profesión de los protagonistas y rendido, sin duda, ante los encantos de tan carismáticos personajes.
Algunos ya se han convertido en mitos inolvidables como John Robie, el ladrón de joyas de la Riviera francesa interpretado por Cary Grant en la cinta de Hitchcock “Atrapa a un ladrón”, o Thomas Crown a quien dio vida el guapo actor Pierce Brosnan en 1995. Y mucho más recientemente, el grupo liderado por George Clooney y Brad Pitt en Oceans 11 y sus secuelas. De modo que parece claro que uno de los ingredientes de este tipo de filmes es contar, en primer lugar, con actores que den el perfil de elegancia y belleza que parece requerir el papel. En “Ladrones” se cumple a rajatabla con este primer requisito, aunque, por desgracia, el resultado final del producto se quede muy lejos de cualquier pretensión de convertir a sus protagonistas en inolvidables de la gran pantalla. Su guión, en el que participa el propio director, hace aguas constantemente y su retrato de una banda de ladrones que sólo dan un golpe al año para seguir con su lujoso modo de vida, pero sin arriesgarse a acabar en una ficha policial, queda tremendamente pobre.
Y eso que la cinta lo intenta. El guión incluye un perfil personal de cada uno de los protagonistas, de su pasado y los problemas que arrastran sin resolver, pero está tan cargado de lugares comunes que no logra atrapar esencia alguna y resulta incapaz de construir unos buenos cimientos en los que apoyar la acción, que es mucha y espectacular. De modo que el primer requisito se convierte así en su único reclamo: un reparto formado por atractivos actores conocidos. Un verdadero lujo para los ojos que se conformen en recrearse en los estupendos ejemplares que, además, la inquieta cámara de Luessenhop se encarga de embellecer aún más, sin querer darse cuenta, o quizás sí, de que algunos de esos planos de los cinco miembros de la banda caminando “melena al viento” se acercan mucho más a imágenes propias de un anuncio de perfume masculino que a las que se esperan de una película de acción con alguna pretensión de seriedad.
Matt Dillon, mito sexual de los ya lejanos 80, es quien en su papel de obsesivo policía dispuesto a pillar a los autores de tanto atraco brillante, resulta más creíble, a pesar de que son tantos los atributos rancios que se repiten en su personaje, que hasta él pierda en intensidad. Por lo que respecta a los miembros de la sofisticada banda de ladrones la elección ha recaído en aquellos cuyo tirón comercial en Estados Unidos era de esperar: dos figuras de la música, Chris Brown y T.I.; Idris Elba de la serie televisa The Wire, el guapísimo Paul Walker protagonista de todas las entregas de “A todo gas”; y Hayden Christensen conocido por su papel en Jumper.