Rafael Anson es, con toda probabilidad, el mejor director general que tuvo RTVE (Radio Televisión Española), aunque su decisión de asignar a los periodistas la locución de las noticias, con el argumento de que “...quienes elaboraban la información la explicarían mejor”, no fue uno de sus aciertos. Si la idea era buena, el resultado no lo fue tanto. David Cubedo (50 años dedicados a la emisora pública) era a la sazón el jefe de los locutores profesionales y, como era de esperar, contrario a la medida que acabaría con el buen decir, no solo de RTVE, sino de todas las emisoras y hasta del teatro. La presentación de los telediarios se confió a Pedro Macía (único profesional de la locución, además de periodista); a Ladislao de Arriba y Azcona; a Eduardo Sotillos y a José Manuel Gozalo en la segunda cadena. Tras la dirección y presentación de dichos informativos por los “telebombones”, quienes referían las noticias eran los propios redactores.
La predicción de Cubedo se ha cumplido; han desaparecido de nuestro rico lenguaje la equis, la ce ante consonante, la elle -que también desaparece del alfabeto, La cosa ha llegado a que muchos ignorantes pronuncian la ge como ye (Yema por Gema, Yirona por Gerona) y hasta alguna desnortada la pronuncia como gue (conyugue). Además, las comas se confunden con los puntos y nadie sabe ya diferenciar una coma de una coma alta o de una coma baja.
En los países orgullosos de sus lenguas, son los locutores y los actores quienes pronuncian y enseñan a las gentes, sonidos, tonos y acentos. No es el caso de España, donde además de la Babel consentida, apenas existen buenos profesores y logopedas en las facultades donde se forman los nuevos pateadores del lenguaje. El personal se contagia con cuanto escucha y su forma de hablar se degenera y empobrece, hasta límites peligrosos.
Es obligación del teatro exigir de sus gentes -desde los autores a los intérpretes, sin olvidar a los directores- que reclamen a los docentes una escrupulosa formación y una exquisita dedicación a cultivar -sin músicas “buen rollito”- los auténticos tonos y sonidos de nuestro rico lenguaje. Si de radio o televisión se trata -sobre todo de la pública-, uno de sus cometidos sería recuperar a los casi desaparecidos locutores profesionales, tras su paso por competentes cursos formativos, porque no todos los que están merecen la categoría de aquellos que fueron desdeñados.
