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El chivato

Y del epiceno ¿qué?

martes 07 de diciembre de 2010, 13:39h
Los agravios al teatro no cesan. Además de la crisis que, es cosa de ahora; la descarada atención de los medios al deporte y los funestos horarios de transmisión de encuentros exigidos por el mercantilismo futbolero, ahora vienen ciertas reivindicaciones “hembristas” que tratan de poner patas arriba el diccionario y las costumbres establecidas y aceptadas, hasta por “todas las personas” capaces de crear comedias y obras dramáticas.
Lo peor empezó allá por los ochenta con aquello de “jóvenes y jóvenas” que profirió la persona casada con el presidente González. Poco a poco los “seres humanos” vamos entrando por el aro que ruedan los sociatas y sus “bachilleras”, sin considerar que se tarda más en decir niños y niñas que utilizando el epiceno “niños” válido para ambos. Se están adoptando tales bobadas que ya es obligatorio referirse al consejo de “ministros y ministras” cuyos "miembros y miembras" según la ministra de Igualdad, que confunde género con sexo e ignora que existe el nombre epiceno que sirve para agrupar ambos sexos en un solo género gramatical: bebé, alquimista, atleta, artista, víctima... Nadie, ni las “hembristas” de la “nombra”, ha perpetrado el disparate de introducir en el diccionario: “alquimisto”, “atleto”, “artisto” o “víctimo”.

Los socialistas incorporaron 'in extremis', en el Pleno del Congreso, correcciones a la redacción de la reforma del Estatuto de Autonomía de Andalucía, para que el lenguaje del texto "no tenga carácter sexista y sea inclusivo de la realidad de hombres y mujeres en Andalucía" sin considerar que la RAE lo había rechazado por contrarias al "principio básico de la economía lingüística" que establece el uso genérico del masculino gramatical, por lo que recomendó a la Junta" no realizar desdoblamientos del tipo 'el presidente o la presidenta, el diputado o la diputada', por ser innecesarios y artificiosos desde el punto de vista lingüístico". A la tal Junta del Sr. Griñán le importa un bledo la Real Academia de la Lengua, la literatura, la poesía o el teatro, y ha incorporado los dislates escogidos a la reforma del texto legal.

Así que, si esto continua, habrá que revisar a los clásicos, a Lope y a Calderón, a Cervantes y a Quevedo, por machistas del lenguaje. Ya no podrá decir Julio Cesar: ¡Romanos!, ni Don Juan Tenorio: ¡Cuan gritan esos malditos! En los teatros de Andalucía -y pronto de toda España- habrán de decir “las personas que declamen sobre el escenario”: ¡Ciudadanía de Roma! O ¡Cuan grita el colectivo vociferante!



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