Peligro de muerte universal
miércoles 05 de enero de 2011, 11:48h
Según se acerca Navidad, es entrañable ver a niños vestidos de pastorcitos y que, a diferencia del resto del año, van alegres al colegio. Lo hacen porque saben que cantarán villancicos, jugarán e incluso harán alguna representación con el nacimiento de Jesús como tema principal. No parece algo especialmente dañino y, sin embargo, despierta más de un recelo. En colegios públicos de Andalucía se ha dado el caso de profesoras que han tenido que llamar a los padres de un alumno y pedirles permiso para poder cantar villancicos en el centro. El alumno en cuestión era musulmán.
No hay problema alguno con budistas, hinduistas o judíos; sin embargo, el Islam es diferente. En Europa hay quien parece querer mirar hacia otro lado, sin darse cuenta de la amenaza potencial que se cierne sobre la convivencia actual. Esta misma semana era asesinado el gobernador de la provincia paquistaní del Punjab por haberse mostrado favorable al indulto de una cristiana condenada a muerte por blasfemia. Le mató uno de sus escoltas, aduciendo que no era un buen musulmán. Pero sí que lo era. Como tantos otros, que abominan de la violencia. Ocurre que su voz es silenciada por una minoría -cada vez mayor- que dicta su infame ley a golpe de extorsiones y asesinatos, distorsionando la imagen de una religión demasiado tergiversada.
2010 acabó con dos salvajes atentados en Irak y Egipto contra iglesias cristianas, saldados ambos con decenas de muertos. La situación de los cristianos en este tipo de países es cada día más complicada. Algunos viven en régimen de semi-esclavitud, sin prácticamente derechos o, como en El Cairo, relegados a recoger la basura. Caso distinto es el de los estados feudales del Golfo Pérsico; allí están directamente prohibidos. Hace poco, el tripulante de una aerolínea italiana fue azotado en público en Arabia Saudí por descubrir los agentes de aduanas que llevaba una cadena con una cruz. Se exponen a lo mismo los que osan beber alcohol, aunque sea en privado, o pernoctar con alguien que no sea su cónyuge. Qué decir de personas del mismo sexo; en Irán tienen la “civilizada” costumbre de ahorcarlas. Cosas de la Alianza de Civilizaciones.
Hay un cupo cerrado de religiosos en Pakistán. No puede entrar ninguno más hasta que se produzca alguna baja; generalmente, la muerte de alguno de ellos. Una vez admitidos, han de firmar un documento por el que se comprometen a no hablar mal del Islam y pasar exhaustivos controles, que se convertirán en una constante durante su estancia en el país. ¿Reciprocidad? Desde luego que no. El hecho de que ellos hagan lo que hacen no significa que nosotros tengamos que ponernos a su altura. La tolerancia del Occidente cristiano es lo que más daño puede hacer a la larga a los fundamentalistas islámicos, ya que su peor enemigo es la libertad, esa de la que carecen en sus regímenes medievales. Pero una cosa es no exigir la reciprocidad antes mencionada, y otra muy distinta comulgar con ruedas de molino. Hoy el Islam es prácticamente la única religión en cuyo nombre se asesina, y eso es tremendamente injusto para una gran mayoría de musulmanes pacíficos. Pero debe ser esa mayoría quien destierre a los que mancillan su fe, erradicando comportamientos tales como tener que pedir permiso para que una niña de cinco años escuche un villancico o que los padres de un niño denuncien a su maestro por hablar del jamón en clase. Y las autoridades europeas, por su parte, han de poner coto a este tipo de cosas sin complejo alguno y abjurando -ya es hora- de la dictadura de lo políticamente correcto. El camino al salvajismo está empedrado de este tipo de chorradas.
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Abogado
ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación Ortega y Gasset
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