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brasil, grecia o argentina son el destino idóneo

Las ligas de rehabilitación ganan terreno en el fútbol

domingo 16 de enero de 2011, 11:16h
La extrema competitividad del balompié europeo provoca que grandes estrellas pasen a un segundo plano en un breve intervalo de tiempo. Iconos como Ronaldinho, Ronaldo, Robinho, Aimar o Beckham han sufrido el descenso al olvido tras protagonizar innumerables portadas. Sin embargo, se ha afianzado una solución idónea para recuperar su lugar en la gloria: jugar en ligas menos competitivas y reconstruir la deteriorada imagen. De esta forma, decenas de grandes jugadores han optado por exiliarse a Brasil, Turquía, Argentina, Grecia y Portugal. Volver a la selección nacional, disputar un Mundial o formar parte de la cartera de los grandes clubes son algunos de los objetivos de las estrellas en horas bajas que buscan relanzar su carrera lejos de las grandes competiciones.

La carrera de un futbolista se desarrolla sobre la inestabilidad del deporte profesional. A lo largo de la trayectoria competitiva, el jugador experimenta ciclos de gran rendimiento que se combinan con intervalos de baja productividad. El camino hacia el éxito está determinado por la buena gestión de los periodos complicados y la elaboración de una estructura mental que permita al profesional no caer seducido por las tentaciones de la fama juvenil -la NBA asesora sobre estos temas a los novatos- y utilice la presión de la élite como motivación, limitando la erosión que esta pueda causar al desarrollo de su labor. Sin embargo, las variables que condicionan a un jugador a lo largo de su carrera, en ocasiones, provocan puntos y aparte de difícil reconducción. Alguno de los más ilustres de la última década sufrieron las consecuencias de una mala gestión de los “valles” deportivos y tuvieron que reconstruir su carrera ya pasada la treintena.

El caso más llamativo se está desarrollando en Brasil, la cuna de los talentos más destacados e irresponsables del balompié. El protagonista fue, sin duda, uno de los jugadores que más espectáculo han brindado en los últimos años: Ronaldinho. El carioca alcanzó la gloria del balompié con el Balón de Oro de 2005 (a los 26 años de edad) y guiando al Barcelona a la conquista de su segunda Champions League en 2006. Sin embargo, y contra todo pronóstico, ese sería su último título. Tras asombrar al planeta con su magia, Ronaldinho se fue precipitando al vacío a la misma velocidad que olvidaba el porqué de su éxito. Tras tres infructuosas temporadas en Milán, Dinho ha decidido recuperar su estrella y volver a la selección para disputar el próximo mundial. Para lograr su objetivo ha fichado por el Flamengo, uno de los grandes de Río de Janeiro. El astro, que fue recibido como un Mesías en su tierra, recibirá en torno a 600 mil dólares mensuales. Su rehabilitación está ya en marcha. Con 30 años tratará de reconstruir su imagen para, quien sabe, volver a triunfar en Europa algún día.

En la Serie A brasileña se encontrará con otros ilustres “exiliados” nostálgicos de su patria. El más destacado es su tocayo Ronaldo. El mayor goleador de la historia de los mundiales decidió cortar su experiencia europea en seco y establecerse en Brasil por tres motivos: sentirse importante en la consecución de títulos colectivos, olvidar las lesiones sufridas en el continente europeo y hacer méritos para volver a la canarinha. El Balon de Oro, Bota de Oro y Fifa World Player decidió abandonar el Milán y con él la máxima exigencia profesional. Ronaldo trató de hacer resurgir al Ave Fénix que ya le levantara de sus lesiones para ganar el Mundial de 2002, pero Dunga no le convocó para Sudáfrica 2010 y los días de fútbol de este gigante parecen estar contados.


La estirpe de futbolistas cariocas que vuelven a su país para recargar las pilas es larga, la más extensa a nivel internacional. En los últimos años han realizado un “pit stop” nostálgico jugadores como Robinho, Adriano, Cicinho, Belleti, Emerson, Elano, Vagner Love, Rivaldo, Roberto Carlos… La mayoría de ellos no permanecieron en el club de acogida más de dos temporadas. El objetivo era claro: recuperar el tono físico y el nombre perdido para enamorar a algún club europeo que le devuelva al estrellato. De los mencionados, el jugador que sacó un mayor rendimiento a la estrategia rehabilitadora fue Robinho. El ex jugador del Real Madrid decidió dejar el frío Manchester para recalar en su adorado Santos. Tras seis meses en Brasil, objetivo cumplido: convocatoria para el Mundial sudafricano y fichaje por el Milán. Robi ha vuelto a la élite con más ganas –y experiencia- que nunca.

Pero hay más lugares de destino en el mundo para jugadores de controvertido futuro. En Sudamérica, el otro gran destino se encuentra en Argentina. Algunos de los jugadores más decisivos que han pasado por Europa, juegan en clubes de su país para lograr una plaza en la selección albiceleste y, ya de paso, sacar brillo a su palmarés con algún título sudamericano. Hay dos nombres que destacan por encima del resto. El que mejor resultado ha obtenido de su regreso casa es Juan Sebastián Verón. Tras enamorar al calcio italiano y guiar al Lazio al Scudetto (2000) y al Parma la consecución de la UEFA (1999), el argentino se desinfló al recalar en el Manchester United. Su figura se iba erosionando tras firmar por el Chelsea y el Inter y no ofrecer casi nada positivo en ambos clubes. Alejado ya de la selección nacional, Verón decidió volver a casa para encontrarse a sí mismo. Dicho y hecho. Llegó a Estudiantes de la Plata en el año 2006. Se convirtió en el líder del equipo campeón de la Libertadores (2009) y de dos Torneos Apertura (2006 y 2010) y recuperó su plaza en el combinado argentino que disputó el Mundial de Sudáfrica. La Brujita recuperó su nombre y, a sus 35 años, se ha convertido en el icono de su club.

Juan Román Riquelme también decidió regresar a su país tras triunfar en el Villarreal sin gozar del reconocimiento internacional que hubiera obtenido si hubera competido para algún grande. Tras pasar sin pena ni gloria por el Barça, Román decidió volver al club de su vida, Boca Juniors. Con objetivos similares a los de Ronaldinho, Ronaldo o Verón, Riquelme ha conseguido hacer lucir su estrella en el ámbito suramericano, pero ha pasado desapercibido a nivel mundial. Llevó a Boca a la conquista del Apertura de 2008 y la Libertadores de 2007 y la Recopa Sudamericana de 2008. Sin embargo, la selección es su gran cuenta pendiente. Alcanzó el oro en los JJ.OO. de Pekín con un papel secundario. Actualmente, a los 32 años, Riquelme sufre junto a su club una crisis de identidad que le aleja de los títulos pasados.


En Europa existen varios países de acogida de estrellas en horas bajas. Portugal, por ejemplo, ha acogido a dos de las promesas más importantes del fútbol argentino de la última década. En el Benfica actual se puede disfrutar del inagotable fútbol de Pablo Aimar y el olfato goleador de Javier Saviola. Ambos lucharon por títulos importantes en la Liga española, pero sufrieron una depresión deportiva que les alejó de la selección y de las grandes empresas con papel protagonista. Por ello, ambos decidieron alejarse de la competitividad de la élite española para reconstituirse en Portugal. Dos Copas de la Liga y una liga portuguesa es el palmarés de estos dos cracks en plena reconstrucción. Sin embargo, Argentina queda muy lejos.

Otro destino idóneo para futbolistas excelentes en declive es Grecia. El país heleno acogió, por ejemplo, al Balón de Oro Rivaldo. El brasileño se exhibió en el Barça de Van Gaal, pero su paso por el Milán no fue todo lo exitoso que se presumía. Por ello, el excelente zurdo decidió retomar su carrera en el Olympiakos. Menos presión, más diversión. Tres ligas y dos copas es el bagaje heleno de Rivaldo, pero la selección nunca abrió sus puertas al número 10 blaugrana. En la actualidad, y tras pasar por Uzbekistán, el carioca ha firmado por el Mori Grim, un club humilde de su país que además preidirá. El retorno de este jugador a su tierra, desde luego que tiene otros objetivos más románticos.

Además de Rivaldo, Grecia ha acogido en los últimos tiempos a otro brillante zurdo, Albert Riera. El español triunfó rotundamente en el Mallorca, lo que le permitió probar suerte en ilustre equipos continentales. Burdeos, Manchester y Liverppol fueron sus destinos. Tras vivir dos etapas en el Espanyol, Riera dio el salto a la selección nacional, ayudando a la clasificación para le Eurocopa de 2008 y el Mundial de 2010. Sin embargo, poco antes del torneo sudafricano, el mallorquín desapareció de las convocatorias, producto de su escasa participación en el Liverpool de Rafa Benítez. Por ello, y para recuperar su estatus emergente, Albert firmó por el Omlympiakos, líder de la liga griega y dirigido por Ernesto Valverde. Allí está recuperando el tono uno de los pocos extremos zurdos del balompié español, quién sabe si le valdrá una nueva plaza en la selección.

Por último cabe destacar la figura de Djbril Cisse. El delantero francés, una promesa de la cantera gala, ha sufrido una de las peores series de lesiones del balompié actual. Tras salir del Auxerre para firmar por el Liverpool -y ganar la Champions League de 2005-, Cissé se lesionó de gravedad. La elevada exigencia británica provocó su vuelta a Marsella, donde recuperó su olfato goleador. Tras su paso por el Sunderland en calidad de cedido, Cisse decidió exiliarse a Grecia para recuperar su plaza en la selección gala. Su recuperación en el Panathinaikos le valió la disputa del Mundial de Sudáfrica y un puesto fijo en la delantera de futuro del combinado galo. El delantero de origen marfileño es un ejemplo de superación y búsqueda contante del lugar idóneo para desarrollarse. Se rompió ambas piernas justo antes de la Eurocopa de 2004 y del Mundial de 2006, respectivamente. Sin embargo, a sus 29 años, Djibril parece haber recuperado la senda correcta en su lucha por el éxito.

La “huída” a competiciones menos exigentes parece no ser tan nociva para el rendimiento y la carrera de un futbolista como parece. Lo que se podría entender como un periodo de relajación es, por el contrario, una parada para volver a emprender la marcha. Brasil, Argentina, Grecia, Portugal o incluso Turquía se están estableciendo como los campos de pretemporada para decenas de futbolistas que han perdido el rumbo momentáneamente.

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