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escrita por Rubén Amón

La biografía que destapa el lado humano de Plácido Domingo

miércoles 26 de enero de 2011, 19:49h
Con 70 años recién cumplidos, Plácido Domingo se ha consolidado como el tenor con más carisma de la escena operística. Su dedicación y responsabilidad con la música lo ha llevado a lo más alto, al lugar reservado para las grandes figuras de la historia. Rubén Amón, periodista y gran conocedor de la vida de Domingo, se ha atrevido con su biografía, en la que no faltan curiosidades y elogios, como tampoco críticas.
¿Es Plácido Domingo el mejor tenor de la historia? Esta es la pregunta que se formula Rubén Amón en Plácido Domingo, un coloso en el teatro del mundo (Planeta), la biografía del tenor madrileño, salpicada de curiosidades y opiniones de seguidores y detractores que acaba de llegar a las librerías.

“Cantante monótono, superficial y con problemas con los agudos” son, según Amón, algunos de los calificativos que ha recibido Domingo durante su trayectoria. Una percepción de su registro musical que nada tiene que ver con la fabulosa capacidad del tenor para encandilar a quien lo escucha. “Ha logrado hermanar sensibilidades y que se sientan identificados con él tanto el ortodoxo purista wagneriano como quien no tiene contacto con la música”, afirma.

La responsabilidad con su público le ha transformado en una figura cercana. Quienes se sientan en el patio de butacas son parte fundamental de lo que el tenor entiende por ópera. Más si son madrileños, de quienes dice que son su gente. Amón cree, de hecho, que su mejor virtud es su capacidad "para moverse como un acróbata en la pirámide social”.

De la ópera a la ¿política?
Durante los 50 años que lleva sobre los escenarios ha tenido tiempo para todo. Ha llorado, ha disfrutado, se ha reconciliado con viejos amigos y ha emprendido nuevos proyectos. En 1969, horas antes de su debut en la Arena de Verona, se quedó encerrado en el ascensor del hotel donde se hospedaba. Nada hacía presagiar que dos décadas después se le iba a presentar la oportunidad de embarcarse en un proyecto político. Fue en 1986, cuando Manuel Fraga trató de reclutarlo para la Alcaldía de Madrid.

Plácido Domingo (Fotos: Manuel Engo y EFE)

Dice Amón que Domingo tiene una memoria prodigiosa y que es capaz de acordarse del nombre de cualquiera, ya sea el del director de una orquesta como el de una azafata. Cuenta también que no tiene correo electrónico, que no sabe manejarse en Internet y que él es su propio representante. Curiosidades que se suman a que el tenor compara su voz con el chocolate negro y espeso, y que tiene una cadena de restaurantes en Estados Unidos, donde, además, gestiona dos teatros.

A todas estas anécdotas se unen sus aficiones: el fútbol, en concreto el Real Madrid, y los toros, fiesta a la que ha sido afín desde su juventud, cuando trabajó como crítico taurino en México. Otro de sus intereses ha sido el cine, industria a la que ha brindado divertidas aportaciones. Prestó su imagen para un capítulo de Los Simpson, en el que Homer le enseñaba a cantar, y su voz para películas como Un chihuahua en Beverly Hills, en la que doblaba a un perro.

De talento temprano
De nombre completo José Plácido Domingo Embil, le apodaron en el colegio 'Granado' porque, dice Amón, solía cantar Granada, de Agustín Lara. Conectó con la música temprano por influencia de sus padres, cantantes de zarzuela, género con el que "mantiene una relación íntima” que le ha llevado a afrontar la vida desde una actitud “paternalista”, explica este periodista.

“Está el madrileño de la calle Ibiza y la figura universal que todos se disputan”, sostiene Amón, quien afirma que, para el tenor, las figuras paterna y materna, así como la de su mujer -la soprano Marta Ornelas-, son “los pilares que le han mantenido en contacto con la tierra”. Sus padres “han sido ejemplo en cuanto a capacidad de trabajo” y su esposa “le ha servido de ayuda en cuestiones técnicas y en la sofisticación del personaje”.



Si hay algo que le ha distinguido del resto de cantantes ha sido “su vínculo sentimental, más que musical, con la ópera”, explica Amón, al tiempo que afirma que su truco para haber logrado reinventarse durante medio siglo reside en que “es exactamente como parece”.


Entre Papas y amigos
Sus viajes le han brindado la oportunidad de conocer a grandes personalidades. Juan Pablo II ha sido quien más le ha impresionado, según cuenta Amón en su libro. Su relación con los Papas ha sido intensa después de haber recibido la bendición de cinco de ellos. Su encuentro con el actual pontífice no ha desmerecido al de otros personajes como Nelson Mandela, a quien también ha conocido. Amón recuerda la Misa que se celebró hace cuatro años en Los Ángeles durante la visita oficial a Estados Unidos de Benedicto XVI cuando, al término de una pieza que cantó Domingo, el Papa se levantó de su asiento para abrazarle.

La otra cara de una vida de éxitos la han protagonizado sus disputas con cantantes como José Carreras o Alfredo Kraus. Tras años distanciados, la leucemia que afectó al tenor catalán logró, sin embargo, reconciliarlos y reunir a Los Tres Tenores, un proyecto con el que Domingo, Pavarotti y Carreras hicieron posible lo que Amón llama “la ópera de masas”, la que llega a todo el mundo.

La “maldición del cáncer” pasó por Carreras, se llevó a Pavarotti y visitó a Domingo. En la memoria quedan las declaraciones del tenor italiano, ya agonizando, en las que desvelaba que no quería escucharse a sí mismo, pero sí a Plácido; algo que conmovió profundamente al tenor madrileño.

El “superviviente” de aquel trío se alza hoy como un ser excepcional dotado de una gran personalidad y una pasión desmedida por cantar. Que abandone los teatros parece casi imposible. “No va a ser fácil que lo deje”, comenta su biógrafo, quien se muestra convencido de que, para Plácido, "la vida sin cantar será complicada”. La razón, sencilla: “Es profundamente feliz en el escenario”.
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