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"La rebelión del Continente" I

domingo 23 de marzo de 2008, 21:46h
Fue la "rebelión del Continente contra los Estados Unidos", dijo el embajador ecuatoriano al finalizar la XXV Cumbre de Cancilleres de la OEA. Es la sentencia que mejor sintetiza tanto el tono que marcó el final del enfrentamiento desatado por la crisis fronteriza entre Colombia y Ecuador, como el nuevo tablero del poder regional que comienza a emerger en el continente americano tras la crisis entre los dos países.

La aprobación, por parte de los Cancilleres de una Resolución que, con la única salvedad de los Estados Unidos, "traduce concretamente una preocupación de los países de la región de garantizar el derecho internacional y el respeto a las fronteras", se constituye en el documento que formaliza la emancipación contra el predominio de Estados Unidos y sella la nueva primacía de Brasil en el continente. Y formaliza la emancipación, porque declara la ruptura de los países americanos con las tesis estadounidenses de la legítima defensa, que Bush había utilizado para atacar Afganistán, y de la subordinación de las políticas de seguridad a la lucha contra el terrorismo, con la que Estados Unidos había forzado el realineamiento internacional en torno suyo.

La "rebelión" se gestó de una manera inesperada. En principio emergió como un problema fronterizo propiciado por el ataque de fuerzas colombianas en territorio ecuatoriano. Las primeras reacciones del gobierno ecuatoriano apuntaron directamente a una intromisión de Washington. No pasaron muchas horas antes que la rápida incursión de Venezuela en el problema y la inesperada toma de posición de Chile y Argentina, en favor del Ecuador, convirtiera la crisis fronteriza en un problema de estabilidad regional.

Posteriormente, en la reunión de urgencia convocada por Ecuador el 7 de marzo, la decisión de la plenaria de la OEA, de crear una comisión de verificación que presentara un informe de lo ocurrido a una reunión de Cancilleres de los países miembros, llevó las tensiones a un terreno todavía más inesperado: el enfrentamiento entre dos concepciones de seguridad. Por una parte, la que exigía el respecto a las reglas de juego establecidas por el derecho internacional y, por otra, la que justificaba la trasgresión de esas reglas en nombre de la lucha contra el terrorismo.

La confrontación entre Estados Unidos y Brasil quedó en evidencia, con el apoyo del gobierno Bush a Colombia y el decidido respaldo de Lula al reclamo del Ecuador. Eso lo entendió muy rápidamente Chávez quien, en la reunión de presidentes de los países del Grupo de Río, ante la magnitud de las tensiones, optó por forzar un discurso conciliador que llevara a una solución de la crisis sin la presencia de los Estados Unidos. Con eso, apoyaba la tesis de Lula de que "las crisis diplomáticas sudamericanas deben ser resueltas en la región". Es decir, sin la interferencia de los Estados Unidos. De todos modos, la línea de cooperación Brasil-Venezuela ya había sido marcada. En uno de sus escritos, Fidel Castro recordaba cómo Lula le había dicho que "Nosotros pensamos cooperar con el presidente Chávez. Me puse de acuerdo con él. Cada año iré dos veces a Caracas y él viajará dos veces a Brasil para no permitir divergencias entre nosotros y, si hubiera, poder resolverla en el momento". Y días después, el asesor de Lula explicitaba la importancia estratégica de la alianza entre los dos países. Según Marco Aurelio García, asesor de política exterior de Lula, afirmó que "[América] será un continente que tendrá que ofrecer grandes reservas energéticas, grandes reservas de alimentos, de agua, biodiversidad pero también un importante impacto industrial. Por eso está nuestra preocupación de operar industrialmente con Venezuela".

Pedro Medellín

Doctor en Ciencias Políticas

PEDRO MEDELLÍN es doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de París

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