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Democracia: los necesarios puntos de encuentro

David Ortega Gutiérrez
martes 08 de febrero de 2011, 16:20h
Las sociedades más avanzadas y desarrolladas se caracterizan por su capacidad de entendimiento y de consensuar, las naturales diferencias y discrepancias que siempre se dan en todo grupo humano. Son muchas las ventajas de la democracia, pero sin duda, una de las principales es aprender a convivir con el desacuerdo. En este sentido hay tres cualidades o características que favorecen de manera muy importante, ese ambiente necesario para convivir en la diferencia y favorecer la profundización en la vivencia democrática.

Primera. La alteridad. Es una de las grandes cualidades del ser humano, que sólo él posee, nos hace distintos al resto de la naturaleza, nos hace por tanto más humanos. Consiste en la capacidad de pensar en el otro, en el alter, salir pues de uno mismo para saber que el otro está ahí. Una buena educación, un buen desarrollo en el conocimiento, favorece esta actitud. De forma coloquial la alteridad es “no mirarse el ombligo” o evitar esa otra conocida expresión de “qué hay de lo mío”. En alguna medida la alteridad supone una actitud de preocupación por el bien común, por el conjunto, por lo que beneficia a todos. Una sociedad de individuos egoístas que sólo buscan del Estado ver qué obtienen de él, aportando lo menos posible, nunca llegará muy lejos y paulatinamente se irá deteriorando en su convivencia y desarrollo.

Segunda. La moderación. Los extremos no favorecen desde luego el entendimiento y la convivencia. Las posturas moderadas son claves para el desarrollo de una sociedad democrática. Nuevamente la educación, como siempre, nos posibilita formar el carácter moderado, comprensivo, abierto y dialogante frente a las posturas extremas, cerradas y excluyentes. Epicuro y su Jardín -el nombre de su Escuela, una de las cuatro grandes del mundo clásico junto con la Academia, el Liceo y la Stoa- son el ejemplo de la moderación, del equilibrio, de la sofrosyne que decían los griegos. En nuestra vida pública se precisa más predisposición al encuentro, al acuerdo, a avanzar más por la senda de lo que compartimos, mas que atender sólo a lo que nos divide y diferencia. El pensamiento de John Stuart Mill, el mejor exponente del liberalismo del siglo XIX europeo, es un buen ejemplo de contemporización, no en vano fue el padre de la sociedad fabiana inglesa, tan influyente para el desarrollo de la posterior laborismo y socialdemocracia.

Tercera. La capacidad de diálogo y de aprendizaje. Nada es peor para la democracia y la convivencia que las posturas dogmáticas, irracionales, que no admiten el error. La democracia nace en la Atenas del siglo V y IV a.C. El gusto por el saber, la discusión, por aprender, por el crecimiento intelectual, eran las señas de identidad de una sociedad donde los referentes eran los poetas, los filósofos y los sofistas. El teatro movía y dinamizaba la sociedad, al igual que el gimnasio o el mercado. La vida del ciudadano era la vida pública, política. El ilote (idiota) era el que se dedicaba a las cosas privadas, particulares, ajenas a la ciudad, a la polis (política).

Nuestra vida pública precisa del desarrollo de estas tres cualidades. Cada cual tendrá que hacer su particular reflexión. Las mismas favorecerán sin duda la creación de los imprescindibles puntos de encuentro, sin ellos, la democracia es prácticamente imposible. Nuestra España de hoy está en un momento delicado. Para salir de nuestra crisis económica e institucional los principales actores políticos y sociales tiene que sacar lo mejor de ellos mismos: partidos políticos, sindicatos, empresarios, medios de comunicación, organizaciones civiles, colegios profesionales, etc. tienen que volver a mirar al futuro con ilusión y responsabilidad, nada está escrito, otros países ya han reaccionado, ahora tenemos que actuar nosotros. Cada cual, cómo decía Platón en su República, tiene que asumir su responsabilidad individual, por ahí empieza la democracia, que nadie se equivoque.

David Ortega Gutiérrez

Catedrático de Derecho de la URJC

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