El proceso de paz dirigido a lograr un acuerdo diplomático entre israelíes y palestinos tiene un momento capital en las conversaciones de Camp David. Con el tiempo trascurrido, ¿por qué crees que las negociaciones fracasaron? ¿Dónde estuvo la clave del problema?
La clave para comprender lo sucedido reside en entender que aquél fue el final del antiguo paradigma del
peace making. No fracasó por razones técnicas. Lo que falló fue el paradigma. Se agotó la posibilidad de llegar a un acuerdo en negociaciones libres entre estas dos partes según el concepto de Oslo, que habla de dos estados en las fronteras del 67. Los dos pueblos no veían con especial ilusión la solución que se podía dar a este conflicto, con lo cual no tenían la suficiente ilusión para empujar y presionar a sus líderes para llegar al acuerdo final.
Arafat aceptó Oslo no porque él pensara que ese era el modelo de hacer la paz, sino porque era el camino más rápido para volver a los territorios y recuperar el liderazgo de la OLP a costa de Feissal Husseini, Hanan Ashrawi y tantos otros. Arafat fue el instrumento de Isaac Rabin para reprimir la
Intifada y sofocar lo que en realidad fue una guerra de independencia palestina dirigida por el liderazgo local que no respondía a las órdenes de la OLP en Túnez. No es nada sorprendente que Hamas haya sido fundada en los primeros días de aquella
Intifada como una respuesta más a lo que se percibió en los territorios ocupados como el fracaso de la OLP de poner fin a la ocupación israelí.
La ventana de oportunidad para llegar a un acuerdo se agota en el 2000. Desde el 2000 lo que vemos es la recuperación del poder por parte de los jóvenes del interior. Nada tiene que sorprender pues que, al igual que durante la primera
Intifada, los que llevan hoy la guerra contra Israel son Hamas y las nuevas generaciones de milicianos del Fatah en clara contradicción con la estrategia de "moderación" defendida por la vieja guardia, el Presidente Abbas y su entorno.
El proceso de Camp David fracasó y tiempo después Arafat falleció. Se abría un nuevo período enmarcado en una nueva estrategia, el Road Map, que primaba la generación de confianza paso a paso a una negociación global, como se intentó en Camp David. Durante este tiempo no se ha avanzado nada, pero ha emergido el islamismo, provocando un cambio sísmico.¿Alguien cree seriamente que Abu Mazen... puede convencer a su pueblo si hoy todos los que están llevando a cabo las negociaciones por parte palestina son el sector más execrable del movimiento palestino, los más odiados, los que llevaron durante años el paradigma del proceso de paz sin éxito, con el único resultado de que ellos se han enriquecido mientras el pueblo palestino se ha empobrecido y son culpables del crecimiento de Hamas?
Lo que está ocurriendo en Palestina con el auge del islamismo y el declive del nacionalismo es algo que no está exclusivamente relacionado con los fallos del proceso de paz. La mejor prueba está en todo el Medio Oriente, el nacionalismo secular está en declive, la respuesta islamista está por todas partes, organizaciones no estatales -como Hizbolah, los Hermanos Musulmanes...- están surgiendo y desafiando al Estado. Lo que ha ocurrido es que el Estado no ha cuajado, en ningún lugar el estado ha conseguido en el mundo árabe ganar la legitimidad popular que evite ese desafío constante por parte de los islamistas. Y eso ocurre también en Palestina. El proceso de paz también ha influido, como no, pero no se puede entender sólo por él.
Pero sin el marco conceptual de los dos estados ya no tenemos proceso de paz. Es verdad que hoy el proceso es una ficción. Pero sin esta ficción nos quedamos sin guión. En este sentido Benjamín Netanyahu señaló hace unos meses, desde las páginas del Financial Times, que había que volver a la idea de que Jordania se anexionara Cisjordania, en una Monarquía federal, y Egipto Gaza. Estamos volviendo al marco conceptual de hace décadas, pero lo que a primera vista puede parecer sorprendente, a la vista de la imposibilidad de un acuerdo y de la desmembración del campo palestino, puede resultar una opción realista.No es verdad que los palestinos carezcan de un líder que sea aun capaz de legitimar una paz basada en dos estados... Ese hombre es Marwan Barghuti. Él todavía vive en el paradigma de los dos estados. Lo mejor que Israel podría hacer es liberarlo y expulsarlo de Palestina. Hay que expulsarle porque si se queda en dos meses lo quemarán en la pequeña política de Ramala. Él tiene que ejercer de "padre refundador" y no lo podrá ser si se queda allí. Con él es posible que la Autoridad Palestina recupere la legitimidad de hablar en nombre del pueblo palestino. Eso requeriría recuperar los Acuerdos de Meca y establecer un alto el fuego. Si se quita el veto a Abu Mazen para que hable con Hamas generaremos espacios de diálogo político que pueden llevar a acuerdos entre nacionalistas e islamistas. Entonces es posible que vuelvan al proceso de negociación. Lo harán con exigencias muy duras. Será el momento de que Estados Unidos y los países árabes asuman un papel protagonista para llegar a un acuerdo que no estará muy lejos de los ya conocidos.
Si esto no se hace, creo que ideas como las propuestas por Netanyahu serán las únicas viables. La propuesta Netanyahu puede ser el próximo paradigma, pero no será fácil. Los jordanos tienen una gran población palestina y temen la palestinización de su propio país. Estamos en una situación penosa. Se nos acaban los paradigmas y los alternativos no son perfectos. No está claro dónde están las fuerzas políticas que apoyen ese nuevo paradigma.
Nadie en Israel se toma en serio el proceso de paz, porque nadie lo ve viable. La sensación que uno tiene cuando habla con los diferentes actores es que el proceso da sentido, aporta una agenda, al gobierno israelí, a los "tunecinos" que aparentemente controlan la Autoridad Palestina y al gobierno de EE.UU. Los norteamericanos dan al proceso una utilidad, es el instrumento diplomático que les permite acercarse a los dirigentes árabes como un estado preocupado por la suerte de los palestinos y, sobre todo, para aunar fuerzas contra Irán. Sería difícil para Rice formar una gran frente contra los ayatolás ignorando la causa palestina.Los que están comprometidos con este proceso son los elementos más odiados: Abu Mazen, Olmert y Bush. En una reciente declaración, Rice dijo que el proceso de paz podía ayudar a neutralizar la amenaza iraní. Yo no sé que decir. Lo que estoy temiendo es que los iraníes están avanzando en la cuestión nuclear, están en la fase de enriquecimiento y en cuanto la acaben pueden llegar en seis o nueve meses a poseer la bomba. Hay incluso quien especula con la premisa de que antes de las elecciones de noviembre, temiendo una Administración Obama, y en esa ventana antes de que Obama ocupe la Casa Blanca y los rusos hayan entregado el nuevo armamento antiaéreo, Israel pueda lanzar una acción militar contra las instalaciones nucleares iraníes. Yo tengo mis dudas, pero todos tenemos derecho a especular.
La gente en Occidente no es consciente de cómo la sociedad israelí percibe la amenaza iraní. Israel con acuerdos de paz o sin ellos está convencido de que seguirá viviendo en esa parte del mundo sólo si tiene poder de disuasión. Con un arma nuclear iraní Israel pierde su
bargaining position en la zona. Debilita su posición y a partir de ese momento ningún estado árabe, ni siquiera los palestinos, tendrán interés en llegar a un acuerdo. Y esto sin considerar el problema que supone el uso del arma nuclear, sólo me limito a señalar sus efectos diplomáticos.
Reportaje fotográfico de
Manuel Engo