Cuatro futbolistas de la selección de fútbol de Guinea sub 21 se escaparon de la concentración que su equipo estaba realizando en España. Con esta noticia se cerraba el mes de marzo y se abría una nueva página en la historia de las deserciones que utilizan el deporte como fin y como medio. La situación vivida por los jugadores guineanos recuerda a otros episodios protagonizados por deportistas que antepusieron su sueño deportivo a la situación vital que sufrían en su país natal. El Imparcial se acerca alguna de las historias de superación que han tenido lugar en nuestro país.
No todos los deportistas que se convierten en profesionales siguen un camino lineal en su ascenso a la élite. El talento para realizar una determinada disciplina batalla con las condiciones económicas y las infraestructuras del país natal. La pobreza y la escasa estructuración de las organizaciones deportivas se convierten en una barrera al desarrollo deportivo de miles de jóvenes. Pero, en algunas ocasiones, no solo deben superar los obstáculos propios de su situación, sino que también han de encontrar una salida a la “cárcel” que les impone su nación.
El último caso que ejemplifica esta lucha por la supervivencia deportiva lo hemos encontrado en la localidad malagueña de Estepona. Allí, en el hotel H-10, se ha hospedado la selección de fútbol de
Guinea sub-21 para realizar una mini concentración de cara a las próximas competiciones. La expedición africana se encontraba disputando una serie de partidos amistosos contra equipos de la región cuando cuatro de sus futbolistas desaparecieron. En la mañana del viernes 25 de marzo, los jugadores alertaron a los dirigentes del seleccionado guineano, que acudió a la comisaría más cercana para denunciar la desaparición.

Las pesquisas policiales han desestimado cualquier teoría relacionada con algún tipo de violencia hacia los futbolistas ya que, según han asegurado fuentes de la
Jefatura Superior de Policía de Andalucía Occidental a
El Imparcial, los desaparecidos se esfumaron con sus respectivas maletas. Desde la Jefatura, que se encarga de la investigación, aseguran que los guineanos continúan en paradero desconocido. Finalmente, la expedición africana abandonó tierras españolas el pasado martes 29 de marzo con cuatro jugadores menos.
Este caso se asemeja a la situación vivida en agosto de 2009 en el hotel Dunas las Canteras de Las Palmas de Gran Canaria. En aquel mes se produjo una de las situaciones más complicadas para el baloncesto cubano en la última década. Su selección acudió a España para enfrentarse en varios partidos amistosos al combinado formado por Rudy Fernández, Ricky Rubio y compañía. Tras disputar los encuentros pactados en el calendario se reprodujo una amarga situación para el régimen cubano: cuatro de sus mejores jugadores de baloncesto se fugaban de la concentración -en 1999, durante una concentración en Puerto Rico, otras cuatro estrellas del baloncesto desaparecieron-. Días más tarde, y tras diluirse el estado de shock en el seleccionado caribeño, los jugadores “desaparecidos” comenzaron a tramitar las gestiones oportunas para conseguir el asilo político en nuestro país.
El Imparcial ha charlado con uno de ellos para conocer por qué tomaron una decisión que les condenaría a no volver a su país de por vida.
Georvis Elías Sayús es un pivot prometedor que juega para el Baloncesto Tenerife promediando 15 puntos y 7 rebotes. Pero el protagonismo no le ha llegado, de momento, por su rendimiento en el campo: Elías fue uno de los cuatro “desertores” cubanos que abandonaron la concentración cubana renunciando a su vida en la isla caribeña. “
El principal problema es que no dejan salir para jugar en otras ligas y, si no compites en otros niveles, es muy difícil mejorar”, asegura. Elías, que no ha contactado con sus antiguos compañeros de selección “porque eso les puede causar problemas en Cuba”, explica la vida del jugador de baloncesto en la isla caribeña: “
los muchachos están locos por practicar este deporte, pero hasta los mismos padres les dicen a los chicos que no lo practiquen porque no tiene salida del país”. Georvys argumenta el choque vital sufrido al fichar por el Tenerife al verse solo en una casa, ya que “
no sabía cocinar porque, en Cuba, el centro de entrenamiento nos lo hacía todo" –los atletas mayores de 15 años ingresan en el centro de alto rendimiento deportivo en el que conviven y estudian-.
“
Había que esforzarse mucho porque carecíamos de instalaciones y era muy duro”, asegura. Elías nos explica que durante un periodo corto de tiempo –finales de los años 90- se establecieron convenios con Rusia o Argentina por lo que se permitía a los deportistas cubanos competir en clubes de esos países. Sin embargo, la cancelación de estos acuerdos significó un problema para el desarrollo deportivo del jugador cubano: “
Siempre que salíamos a jugar esperábamos que volvieran a dar la oportunidad de competir fuera, que firmaran convenios otra vez, pero pasaba el tiempo y no veíamos nada. Éramos los mismos en la selección nacional durante 10 años”. La disolución del “ahogo” deportivo se convirtió en una prioridad para Georvys y para otros tres compañeros de selección. En la actualidad,
Grismay Paumier, Taylor García y Geofry Silvestre -con el que más trato tiene Elías- compiten en Galicia y disfrutan del sueño cumplido de progresar en el deporte que aman.
En el continente africano encontramos casos similares al protagonizado por estos baloncestistas cubanos. La realidad que viven los jóvenes atletas en países como Guinea Ecuatorial es más complicada que en la isla caribeña, con dificultades estructurales más profundas para sobrevivir como deportista.
El Imparcial ha hablado con el ex futbolista español
Vicente Engonga, que fue seleccionador del combinado ecuatoguineano en 2008. El que fuera internacional con la selección española nos explica la situación que vivió al hacerse cargo del combinado nacional: “
lo primero que me encontré fue una gran falta de infraestructuras”. El actual preparador del Mallorca B asegura que “
para que un equipo pudiera tener vendas tenía que hacer un gran esfuerzo”. Rememorando su etapa en Guinea Ecuatorial nos narra una anécdota que refleja la situación de los deportistas en el país africano: “
recuerdo que se me olvidó llevar el agua un par de días y los chicos no pudieron beber agua en esos entrenamientos”.

Al explicarle el caso de los jugadores sub 21 guineanos que se han fugado de la concentración de su selección en Estepona, Engonga argumenta que “
es muy difícil que los chicos guineanos salgan a jugar fuera porque todo tiene que pasar por la política. De hecho, cuando cualquier selección de Guinea juega fuera del país, los jugadores no tienen sus pasaportes, se los quitan”.
En lo relativo al funcionamiento de la organización del balompié, el ex futbolista español nos explica que “
no quieren el trabajo de base con los niños, prefieren a los nacionalizados”. Engonga afirma que “
si hay un español que es negro con ascendencia del Congo, jugará con Guinea tranquilamente, porque conseguir un pasaporte no cuesta nada”. “El fútbol allí es un juego, un escape y un sueño”, sentencia. El entrenador del Mallorca B, que señala que “
hubo jugadores que juegan en España que quisieron imponer sus normas”, recuerda que fue “
desde el chico que llevaba el agua hasta el que llevaba el vendaje, pero acababa todos los días en el Ministerio”.
El deporte adquiere una dimensión muy diferente al enfoque que conocemos en Europa. La base del proyecto vital de miles de jóvenes de todo el mundo se cimenta en “escapar” de su realidad a través del futbol, baloncesto, atletismo… Por ello acontecen situaciones como la protagonizada por los futbolistas guineanos sub 21. “
De cada selección de Cuba que sale fuera casi siempre se queda alguien” asegura Georvys Elías -que también nos aclara que en la isla caribeña no se toman represalias con la familia del deportista desertor-. La imposibilidad legal de salir a competir fuera del país, que llega incluso a sustraer los pasaportes de los profesionales, supone el último piso de la torre a escalar en algunos casos. “
Aquí, en España, hay gente que mira el día a día, el mes a mes o el año a año y hay gente que no se preocupa para nada. Allí –en Guinea Ecuatorial-
hay gente que mira su futuro hora a hora”. Así define Engonga el panorama con el que lidian miles de jóvenes deportistas en el continente africano.