www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Periódicos y guerra civil

lunes 04 de abril de 2011, 12:22h
Tuvo el cronista un amigo –contemporaneísta en su tiempo destacado y muy influyente, pese a que por intitulación académica no perteneciera al gremio de los historiadores, sino al de los politólogos- que, ante la lectura de algún diario madrileño, solía exclamar, indignado: “Este es un periódico que llama a la guerra civil…”. Experiencia sin duda no le faltaba para expresarse así ni tampoco sectarismo. De vivir hoy, su condena no sería menos ardida, pero sí, a fuer de honesto, más compartida y extendida, pues son numerosos los periódicos que a lo largo y ancho de nuestra geografía llaman a rebato contra adversarios y discrepantes de sus planteamientos. La violencia que, por desdicha, tanta vigencia exhibe hodierno en los hábitos y actividades de la sociedad española, envuelve creciente y alarmantemente un ámbito en general refractario al debate agresivo y a la marginación del pluralismo.

Algunos comentaristas atribuyen la propagación de tan nociva conducta al clima de tensión electoral en que se desenvuelve el país desde finales del año pasado. Ojalá que tan plausible juicio concuerde con la realidad y no tarde mucho el retorno a una prensa convertida en tribuna crítica, pero a la vez sosegada y trasmisora de una pedagogía del disenso respetuoso y alejado de cualquier totorresismo y talante inquisitorial. Por grandes que sean el desafecto o abandono del lado de las jóvenes generaciones de la prensa escrita y espectacular en su fuerza la revolución de los medios que –según la opinión de voces altamente autorizadas- está presta a desencadenarse, los diarios seguirán al menos por algún tiempo -¿una o dos generaciones?- conformando en ancha medida las pautas de actuación en política de no pocas gentes. De ahí que el retorno a las mores clásicas –imbuidas de respeto a la verdad y pulcritud en el trato con el adversario- se muestre muy urgente en una coyuntura interna y externa por demás necesitada de moderación. Por encima de estadísticas de ventas y guerra de cifras de lectores, ni la crisis publicística ni aún menos la confrontación en las urnas pueden justificar que los periódicos se conviertan en máquinas de guerra al servicio de unos intereses que no serán nunca los del entendimiento y convivencia democráticos de las mujeres y hombres de una colectividad en exceso beligerante en su travesía contemporánea.

En la mañana siempre esperanzada de jóvenes y viejos, los diarios no deben alinearse en las trincheras ardidamente militantes de las tertulias radiofónicas y televisivas. En sus páginas ha de encontrarse información acribiosa, enfoques verdaderamente contrastados, sentido y, aun si se quiere, amor al país, escritura bien trazada, metas positivas y estimulantes.

Persona admirablemente pugnaz y luchadora por sus ideales, incansable propagandista de la doctrina que creía mejor y más apta para una humanidad solidaria y en la que imperase la justicia, el amigo del articulista se mostraría probablemente desalentado al ver que la corriente que él censuraba inunda en la actualidad casi todo el panorama periodístico. Barojiano también impenitente, al cronista le gustaría llevar a su tumba en esta primavera del 2011 la rosa blanca de la esperanza.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.