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Sin miedo al copago

miércoles 06 de abril de 2011, 12:56h
Al final acabará imponiéndose. Si nadie frena la ola neoliberal que desde la caída del telón de acero ha ido creciendo hasta alcanzar el amenazante tamaño de un tsunami, no sólo llegará el copago en sanidad, educación y dependencia, quizás incluso tengamos que abonar la factura entera.

Seguramente yo sea más idiota de lo que pensaba, pero creía que todos esos servicios ya los estábamos pagando entre todos. Para empezar, que no lo llamen copago. ¿O acaso todo ese dinero sale de un bolsillo mágico? Pues... ¿saben qué? Que me da igual, que me alegro, que ya era hora. Eso sí, si voy a pagar (de forma directa) supongo que tendré derecho a algo mejor, a mí que no me vengan con estrecheces.

Quiero que me reserven, por si acaso, un mínimo de 30 minutos por visita y que me orienten a la prevención y no al empastillamiento masivo de efecto placebo. Quiero que no me hagan esperar listas de espera y que me ayuden a evitar estar enfermo en vez de a curarme (promoción de la alimentación sana, acceso al ejercicio, aire limpio, prevención del estrés...).

Quiero aulas en las que no sólo se adquieran conocimientos, sino que se intercambien. Quiero que la maldita “titulitis” no vuelque al mercado laboral cientos de miles de licenciados/as sin experiencia, sin preparación, o lo que es peor, sin motivación alguna.

Eso sí, mi querida clase política debería trabajarse un poco más sus argumentaciones. ¿Es una cuestión de déficit presupuestario? Pues yo creo que es una cuestión de justicia y de valores. Porque ¿quién no ha visto al típico “pelanas” de instituto, al eterno repetidor de la facultad, o a decenas de ancianos que parece que viven en el ambulatorio, y tan sólo buscan que alguien les escuche? Que no lo llamen “participación” (qué manera tan hipócrita de mancillar tan honorable palabra), que lo llamen “prevención del gorroneo público”.

Porque digo yo, si realmente el Estado estuviese “pelao”, se cuidarían más a la hora de organizar cenas de gala para príncipes y princesas, pues hace mucho que ya no vivimos en un cuento de hadas. O lo que sería realmente divertido: pasarían un cuenco al final del evento, pidiendo una aportación solidaria y arrancando memorables muecas a los elegantes invitados. Si además retransmitiesen el evento por TV se podría rentabilizar sabiamente. Imaginen la cara del mandatario de turno excusándose por no llevar encima su autorretrato en forma de papel moneda, puesto que jamás lo ha necesitado.

Si realmente es una cuestión de dinero, en Europa estaríamos haciendo entre todos una gran competición por sobresalir en cuestiones de humildad y discreción presupuestaria. Pero las propiedades mágicas de los bolsillos públicos reaparecen a la hora de financiar a la honorable casta de la ingeniería política. Soy perfectamente consciente de que el Gobierno y la jefatura de Estado necesitan contar con boyantes sueldos para evitar oscuras tentaciones, y realizar todos un sinfín de gastos imprescindibles para el correcto desempeño de sus funciones. Mucho me temo, amigos de lo privado, que los ciudadanos también necesitamos que se nos garantice salud y educación para el correcto desempeño de las nuestras.
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