Crítica de cine
[i]La legión del Águila[/i]: el pretendido regreso de MacDonald a las épicas películas de romanos
sábado 09 de abril de 2011, 12:20h
Este viernes se ha estrenado en nuestras salas el último trabajo del director de “El último rey de Escocia” y “La sombra del poder”. Se trata de “La legión del Águila”, una cinta ambientada en la época de los romanos que trata de indagar en la misteriosa desaparición de la Novena Legión romana, acaecida en el siglo II de nuestra era en las tierras de Britannia, un fascinante enigma para el que los historiadores nunca han encontrado respuesta.
El guión lleva la firma de Jeremy Block y es una adaptación de la novela “El Águila de la Novena Legión”, escrita en 1954 por Rosmary Sutcliff. El director escocés Kevin MacDonald hacía tiempo que tenía la idea de llevar a la pantalla esta novela, que, según confiesa, le había subyugado cuando la leyó a los doce años de edad. De hecho, fue ya en 2005, en pleno rodaje de “El último rey de Escocia”, cuando decidió entrar en el proyecto y fichó a Block para que se encargara de adaptar el original literario.
Rodada en Escocia y Hungría, la cinta está protagonizada por Channing Tatum, que interpreta a Marcus Aquila, el hijo del general que mandaba la Novena Legión cuando la misma se desvaneció misteriosamente, y por Jamie Bell, el inolvidable actor que dio vida a Billy Elliot en el año 2000, y que en esta ocasión encarna al esclavo de Marcus, Esca, un joven celta de lealtad incierta, pero comprobado honor, que ha unido su destino al de su amo, desde que este le salvó de morir en la “arena” a manos de un cruel gladiador.
La acción se inicia veinte años después de que el padre de Marcus desapareciera con toda la legión a su mando en las Highlands, las impenetrables tierras altas de Britannia donde las tribus mandadas por los druidas hacían estragos con los romanos que pretendían someterlas. Ahora, Marcus es un joven centurión que, después de salvar a la guarnición que tiene a su mando, es licenciado con honores y enviado a reponerse de las graves heridas a casa de su tío, personaje interpretado por un secundario de lujo, Donald Sutherland. Allí, harto de la inactividad y, sobre todo, cansado de escuchar que su padre fue un cobarde que perdió no sólo la vida de sus hombres sino también el emblema de dicha legión, el águila dorada, decide emprender una suicida misión más allá del Muro de Adriano, acompañado únicamente de Esca, que hará las veces de traductor.
Con una cámara demasiado nerviosa, MacDonald retrata batallas que emulan el cine épico, aunque, por desgracia, sin conseguirlo plenamente, y se recrea, en cambio, en una fotografía bastante más tranquila para retratar los paisajes de uno de los lugares más indómitos de Europa durante la travesía que ambos hombres, cada uno llevado por sus propios intereses, han emprendido. Y aunque la película se plantea como clásico filme “de romanos”, lo cierto es que algunas escenas se acercan más a los también clásicos filmes “de indios”. La intriga se sacrifica en aras del honor defendido a toda costa y el resultado es, finalmente, el de una cinta de acción y de aventuras.