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EL CHIVATO

Unión de actores, y actrices ¿no?

lunes 11 de abril de 2011, 15:09h
Cuando se publiquen estas líneas, la Unión de Actores contará con un equipo nuevo, elegido por los afiliados a una organización con pretensiones legítimas de ser reconocida como sindicato independiente, sin dependencia de los inmarcesibles UGT y CCOO. Dos son las candidaturas aspirantes al gobierno de la Unión de Actores: la una procede, en parte, del equipo de Amparo Climent, candidata a ser la primera mujer secretaria general. Entre los veinte integrantes de esta opción, cuyo lema es: “Juntos podemos”, figuran en primer lugar, además de Amparo Climent, Manuel Brun, Carlos Olalla, Concha Rodríguez y Pilar Bardem.
En un céntrico local cedido por la actriz Luisa María Payán, fue fundada una “Asociación de Actores” que, nacida con vocación, no política, de ordenar el enmarañado sector, consiguió establecer el descanso semanal los lunes (hasta entonces, compañías y teatros actuaban y abrían los siete días de cada semana) y hasta consiguieron la propiedad efímera de un bello teatro (Teatro Lavapiés), fagocitado luego por el Ayuntamiento de Madrid.

Muchos consideran aquella Asociación de Actores presidida por Ana Mariscal, la precursora de esta Unión de Actores que, durante los últimos veinticinco años tantos logros ha conseguido, como dicen los integrantes de la candidatura de la actriz Amparo Climent: “la Unión de Actores de Madrid no ha nacido hoy, sino hace 25 años y en ese período ha cumplido objetivos trascendentes para el colectivo de actores y actrices de toda España. Somos conscientes de la necesaria renovación que precisa la institución, pero a la vez somos muy respetuosos con todos los logros alcanzados por los compañeros y compañeras que nos han precedido. La constitución de AISGE, los convenios colectivos con RTVE y el Convenio del Audiovisual de 1995, más sus sucesivas renovaciones, la creación de la Federación de actores y bailarines de España (FAEE), junto con el afianzamiento dentro de la Federación Internacional de Actores (FIA), la conquista del Régimen General de la Seguridad Social para los artistas y los procesos de regularización, más un largo etcétera, no pueden caer en el olvido sino tomarlos como banderas para seguir luchando por los derechos del colectivo”. Y ante la sospecha de radicalización del organismo, dada la participación de la candidatura presidida por Vicente Cuesta, donde figura Willy no sé qué y otros radicales intransigentes, dicen: “La Unión no puede convertirse en un banco de pruebas de idealismos y utopías, respetables en todo caso, sino en una institución que ofrezca soluciones concretas y prácticas a los problemas de la profesión”. Si todos dejan en casa sus afinidades políticas e impiden que prevalezcan, ambos programas pintan bien, salvo las pretensiones intervencionistas de la “Somos una” de Vicente Cuesta, que pretende fiscalizar las subvenciones, manejar los nombramientos en los teatros públicos y nombrar delegados sindicales en cada formación. ¿Y si en la compañía son solo dos?



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