A vueltas con la independencia en Cataluña
jueves 14 de abril de 2011, 01:24h
El parlamento catalán tumbaba ayer tarde una propuesta tendente a declarar la independencia de Cataluña. Ello ha sido posible gracias a la abstención de los diputados de CiU y el voto en contra de la mayor parte de fuerzas políticas con representación en la cámara. Sin embargo, es preocupante el discurso que todas ellas -salvo el PP y Ciutadans- han utilizado para oponerse a semejante despropósito. Oyendo a los grupos de izquierda, socialistas incluidos, daba la impresión de que lo que ayer se debatía era una reprobación al PP que una declaración de independencia. A los representantes de CiU, en cambio, no se les pudo escuchar mucho; al menos, a los miembros más destacados del gobierno autonómico quienes, con Artur Mas a la cabeza, debieron pensar que había cosas mejores que hacer que asistir a una sesión parlamentaria con ese orden del día.
Un orden del día con el que muchos de los ausentes comulgaban abiertamente. Tan es así que la última consulta ilegal de este tipo pudo verse a la plana mayor de CiU participando activamente, mientras que la ciudadanía lo hacía en escandalosa minoría. Resulta cansino el ver cómo la clase política catalana se dedica a hacer juegos florales con el secesionismo en lugar de resolver los problemas de Cataluña, que son muchos. Especialmente fariseo es el caso de CiU, principal sustento del Gobierno del país del que forman parte y del que amagan permanentemente con disgregarse. Zapatero se plegó con gusto a todas y cada una de las exigencias leoninas que los nacionalistas ponían sobre la mesa, y éstos le responden apoyándole en Madrid y haciendo la pantomima de romper con el estado en sus respectivos terruños. Todos ellos son corresponsables de semejante ridículo.
Porque es ridículo ignorar la realidad: que pertenecemos a una república (coronada) de ciudadanos libres e iguales que deciden como individuos y no en función de entes colectivos, condados o principados del Antiguo Régimen, de modo tal que, a los efectos, catalanes somos todos y a todos nos compete y afecta una propuesta de secesión. Una propuesta, por otra parte, sumamente arriesgada, en la medida que los nacionalistas parecen vivir en un contrafactual, con arreglo al cual ellos se separan pero los demás, no. Sin embargo, de hecho, la realidad funciona de manera recíproca. En este sentido, los políticos nacionalistas viven entusiasmados gestionando el independentismo pero parecen poco dispuestos a afrontar unas consecuencias que serían lamentables para todos y devastadoras para ellos.