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México: zozobras electorales

miércoles 20 de abril de 2011, 11:15h
El partido en el poder (PAN) hace agua por todos lados: desde las elecciones para legisladores federales del 2009, va disminuyendo su votación y sólo ha podido derrotar al PRI cuando se ha aliado con la fracción dirigente de la izquierda, agrupada en el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Esta fracción, a pesar de ocupar puestos claves en la estructura partidista, ha sufrido un grave revés, justamente por su alianza con la derecha.

Las alianzas funcionaron electoralmente cuando ninguno de los partidos contaba con un candidato, al menos presentable, y encontraron en algún priísta despechado al hombre capaz de hacerlos triunfar. El costo que los promotores de esta marrullería han tenido que pagar ha sido alto: divisiones internas que han desembocado en la defenestración de más de un dirigente, amén de una exhibición de anemia en el PAN. En el PRD la oposición a las alianzas la encabezó el excandidato presidencial, Andrés Manuel López Obrador, quien acusó al presidente Calderón de haberle robado la elección, y aún no reconoce su legitimidad. Gracias a López Obrador, el PRD no muestra los signos de la flaqueza panista, aunque esté surcado por las infinitas divisiones de la izquierda mexicana.

La política de alianzas entre contrarios está prácticamente enterrada. El primer domingo de julio próximo habrá elecciones para gobernador en la entidad llamada Estado de México que es la zona más poblada del país y una de las más ricas, ya que circunda a la capital de la República mexicana, es asiento de la zona industrial más importante y cuenta con los municipios más grandes de la zona metropolitana.

Seis años atrás, el PRD era el partido mayoritario en la región oriente (clases populares), el PAN dominaba “el corredor azul” situado en la zona ubicada al norte del Distrito Federal (clases medias), y el resto de la entidad es básicamente priísta. Su joven y popular gobernador, Enrique Peña Nieto, logró –desde su campaña en el 2005– arrebatarle al PAN y al PRD la mayor parte de su electorado y ganó la mayoría de los municipios, triunfo que consolidó en las elecciones, también municipales, del 2009. Gracias a ello y a su carisma personal, se perfila como el candidato del PRI a la elección presidencial del próximo año. Todas las encuestas sobre intención de voto le otorgan una mayoría indiscutible (más del 40%) contra un 14% del posible candidato panista que queda por debajo de los aspirantes del PRD que no superan el 20% en la intención de voto.

Ganar la elección en el Estado de México siempre ha sido esencial para todos los partidos, además de ser un indicador de la temperatura política del país. De ahí que este año los dirigentes del PAN y del PRD buscaran, a toda costa, aliarse para desbancar a Peña Nieto. Este jugó bien sus cartas y deshizo la maniobra que pretendía sonsacar al precandidato más popular del PRI. No hubo el “transfuguismo” esperado, al tiempo que en el PRD surgió un líder fuerte, apoyado por López Obrador, un antiguo miembro del Partido Comunista, hombre respetado y respetable, Alejandro Encinas, quien desde el primer momento aceptó ser candidato siempre y cuando no hubiera alianza con el PAN. Cuestión de principios y también de estrategia, ya que buena parte del votante panista se hubiera molestado en ir a sufragar por un marxista.

Los dirigentes del PAN y del PRD hicieron un último intento para presionar a Encinas a aceptar la alianza y para ello organizaron una “consulta ciudadana” con el fin de que el votante determinara la aceptación de la alianza. La organización de la consulta la confiaron a una desprestigiada ONG que ni siquiera pudo llegar a un número representativo de electores: menos del 2% de los votantes de la entidad, que rebasa los 13 millones. Naturalmente los resultados del simulacro fueron en favor de la alianza, pero nadie los tomó en serio, comenzando por Alejandro Encinas, quien ahora encabeza una coalición de partidos de izquierda. El PAN no tuvo más remedio que postular, por segunda ocasión, a un desvaído personaje con aspecto clerical, exembajador en el Vaticano.

Resulta inverosímil que el partido en el poder carezca de un buen candidato para tan importante elección, como tampoco lo tiene para la presidencial del próximo año, según confesó el presidente Calderón al corresponsal de El País. El posible regreso del PRI al poder tiene enconado al presidente Calderón. Su antidemocrática actitud es explicable: equivale a reconocer el gran equívoco que representó su partido en los últimos años: presentarse como una alternativa viable, ya que según los propios panistas eran honrados, capaces y eficaces. Nada de ello ha sido demostrado, por lo que no extraña la frustración de unos y la irritación de otros ante el inocultable fracaso del PAN en el gobierno. El partido está a punto de irse a pique, aunque probablemente conserve algunos bastiones regionales en las zonas donde el factor religioso juega a su favor.
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