En la frontera
Memoria y esperanza
martes 10 de mayo de 2011, 08:54h
Acabo de leer el magnífico libro de memorias que ha escrito Marcelino Oreja, en el que bajo el título “Memoria y Esperanza”, recoge a través de su trayectoria personal, los últimos 75 años de la vida española. Oreja, que es una persona fiel a todos sus principios, nos da una estupenda lección en estos tensos momentos que nos toca vivir, y así recoge las palabras que pronunció Gregorio Marañón, en su discurso de contestación al de entrada en la Real Academia Española de la Lengua de Pedro Laín Entralgo, pronunciado el 30 de mayo de de 1954: “Memoria y esperanza, con su temblor de ansiedad, son los puntos de apoyo del genio creador del hombre y, tal vez, especialmente, del hombre español. Recordar y esperar es, en suma, crear, y crear está siempre a un paso de creer”.
Una bellas palabras que nos hacen sentir bien, pues pensamos que definen muy claramente la misión de hombres que como Oreja se han entregado al bien común, o de otros, como los misioneros, a los que Marcelino ha conocido muy de cerca por sus continuas misiones en el exterior y por sus contactos con la Santa Sede. Son casi veinte mil hombres y mujeres españoles que se baten el cobre por “esos mundos de Dios” para llevar la Fe y para educar y alimentar a millones de personas.
Son hombres y mujeres que tienen “memoria y esperanza” y que son capaces de hacer cualquier sacrificio por el prójimo desasistido. Son los que suplen carencias de muchos gobiernos de tercer mundo que son más agradecidos con ellos, que el propio, o sea el nuestro. Menos mal que la Iglesia está muy atenta a esa labor y trata que no pase desapercibida, como muchos quieren. Por eso debemos de estar todos de enhorabuena por el nombramiento del sacerdote Anastasio Gil, como Director de las Obras Misionales Pontificias, en sustitución del Arzobispo de Pamplona, Francisco Pérez, que finalizaba su mandato al frente de la institución.
Una institución que conoce muy bien Marcelino Oreja y la que nos consta ha ayudado mucho, pues además los misioneros en muchísimas ocasiones son los mejores embajadores de España y han solucionado graves problemas a la administración, sin olvidar el largo rosario de mártires que ha tenido, sobre todo en África.
Hoy, como decía, me congratulo y felicito a Marcelino Oreja por esta “Memoria y Esperanza”, en la que, como los misioneros,-y él ha sido un gran misionero- da testimonio de su Fe al recordar la Epístola Segunda de San Pablo: “He combatido el buen combate. He acabado la carrera. He conservado la Fe en el corazón”.