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reseña

Javier Gomá Lanzón: Ingenuidad aprendida

sábado 28 de mayo de 2011, 18:53h
Javier Gomá Lanzón: Ingenuidad aprendida. Galaxia Gutenberg. Madrid, 2011. 174 páginas. 17 €
Javier Gomá ha reunido en este libro siete capítulos correspondientes a conferencias y prólogos realizados en los últimos dos años. Son particularmente interesantes los capítulos “Ensayo de filosofía mundana” y “Contra la vida privada”. Los que están dedicados a Ortega y Gasset, contienen mezcla de admiración y crítica, con la meticulosidad del que lo ha leído con detenimiento. Como él, Gomá aspira a que la filosofía pueda divertir y aficionar al lector.

Es interesante resaltar el concepto de “filosofía mundana” que desarrolla en los primeros capítulos. Por filosofía mundana se refiere al filósofo urbano, de pensamiento mucho más razonable, social y propenso a la amistad cívica entre los hombres. En realidad lo que está proponiendo en un sistema de fines civilizatorios, los cuales han de adaptarse a la etapa histórica en que nos encontremos. Según Gomá, actualmente nos encontramos en un estadio cultural del “yo liberado” pero no “emancipado”. Esto ha ocasionado grandes dosis de vulgaridad (respetable por ser proveniente de la igualdad pero rozando el estado de barbarie) Él lo explica mucho mejor en su ensayo anterior: Ejemplaridad pública (Taurus, Madrid, 2009). No teman porque los ensayos de Javier Gomá se entienden perfectamente, sin desatender a la profundidad y reflexión de los conceptos que pretende mostrarnos.

El título del ensayo, Ingenuidad aprendida, aparente paradoja, es el resumen de la proposición práctica del autor. El director de la Fundación Juan March no hace filosofía de salón sino que, consciente políticamente, escribe para trasladar ideas susceptibles de avanzar hacia la ejemplaridad, hacia la adopción de un conjunto de mores interiorizado, así “…es más eficaz la reforma de la vida privada que la coerción administrada por los poderes públicos” (pág. 171). La ingenuidad es un instrumento para atravesar el escepticismo, el relativismo, el particularismo y llegar hasta la objetividad de las cosas mismas, la cual es compartida por todos, es experiencia universal. En lugar de poner acento en lo distinto, resaltemos lo que es común y compartido. Este es el paso de la vulgaridad hacia la ejemplaridad, haciendo viable el proyecto democrático. Podemos observar que son ideas nada concordantes con los mensajes que recibimos a diario. Y por ello, no puedo resistirme a citar el lema publicitario de una conocida marca sueca de mobiliario con resonancia a la palabra idea que paradójicamente, ensalza la república independiente de tu casa; casa en la que todos tenemos los mismos muebles, así que de independencia, poco.

Por Mayte Ortega
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