México: sembrando vientos...
jueves 16 de junio de 2011, 11:12h
El presidente Felipe Calderón y su partido andan mal y de malas, a pesar de que sólo tienen un problema que los aterroriza: perder el poder en las elecciones de julio del 2012. Saben lo que ello les significa: olvidarse de sueldos y prebendas desmedidas; investigaciones judiciales por corrupción y, lo más grave, estar expuestos a las represalias del crimen organizado.
Los grandes problemas nacionales, como empleo, educación o salud, no les quitan el sueño. Ningún gobierno puede resolverlos en seis años, pero algunos [gobiernos] son capaces de elaborar nuevas orientaciones que abren caminos a reformas de fondo que al menos suscitan esperanzas y apoyo.
Educados en empresas o en sacristías, la mayoría de los miembros del gobierno y de su partido carecieron de la experiencia que proporciona recorrer los laberintos del poder. Las meritorias aportaciones a construir una cultura democrática en el siglo XX tuvieron un carácter testimonial sin plantearse la conquista del poder y, una vez terminado el proceso, candidatos y militantes regresaban a sus tareas profesionales o laborales.
Cuando se estableció el sistema electoral mixto (mayoría simple y representación proporcional) la actividad política se redujo a luchas internas por ocupar los primeros lugares de las listas de la representación proporcional. La actividad partidista continuó siendo testimonial, en las campañas o en el Congreso: se cultivó la oratoria y se descuidó el estudio y la formación de expertos en los problemas nacionales.
Las esperanzas que suscitó el cambio de partido en el Poder Ejecutivo en el año 2000 se han transformado en sordo rencor. En las tres elecciones locales que tendrán lugar el próximo mes, los candidatos del partido en el poder no levantan cabeza. En la entidad más importante (el Estado de México) el candidato del PAN sólo cuenta con el 14% de intención de voto.
Para contrarrestar esta tendencia, el gobierno federal recurrió a una burda medida: encarcelar al hijo de un conocido político priísta de la entidad, fallecido tiempo ha. El detenido radica, desde hace décadas a más de dos mil kilómetros de distancia, en la fronteriza ciudad de Tijuana, donde fue presidente municipal. Dueño del hipódromo, de casas de apuestas y de otros negocios por el estilo, el arresto tuvo la clara intención de atacar a los políticos y candidatos del PRI que ya se perfilan como los ganadores de la lucha por el poder.
La maniobra fue tan burda como mal preparada jurídicamente y, peor aún, no parece haber tenido el efecto mediático que se buscaba. En cambio ha provocado los temores de la oposición –y no sólo en el PRI– a que continúen los actos de este tipo. En el estado de Michoacán, gobernado por la izquierda (el PRD, Partido de la Revolución Democrática), tuvo lugar, hace algunos meses, un arresto masivo de presidentes municipales acusados de colusión con el narcotráfico. Prácticamente todos están libres por falta de pruebas.
La oposición ha denunciado lo que llaman la “judicialización” de la política: acudir al poder judicial para encausar candidatos y anularlos. El escaso resultado electoral de esta treta ha llevado a urdir otra, también en el estado de Michoacán, donde habrá elecciones próximamente. La hermana del presidente Calderón ya se inscribió como aspirante a candidata del PAN para contender por la gubernatura del estado, y algún ingenioso estratega sugirió la suspensión de la contienda electoral y un acuerdo entre los tres principales partidos para designar un candidato de unidad que sería “plebiscitado”, argumentando el clima de violencia que vive la entidad.
Tan democrática propuesta fue formulada por algunos empresarios de la región y rechazada por el PAN que guardó un prudente silencio. Para algunos analistas esta sugerencia fue un globo-sonda con miras a la elección presidencial que se busca evitar porque se sabe perdida.
Estos planteamientos y la “judicialización” de la política parecen simples escarceos, pero están envenenando el clima electoral. El gobierno y su partido están sembrando vientos y deberían reflexionar en lo que cosecharán.