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Tribuna

Un ejemplo a seguir: El Regimiento de Caballería “Alcántara” 90 años después

domingo 24 de julio de 2011, 17:30h
Vivimos tiempos difíciles, tiempos de crisis, y no me refiero a la crisis económica, sino a una verdadera crisis de valores, aunque es muy probable que esta sea la verdadera causante de aquella.

Hemos situado un valor por encima de todos: el dinero, el poder económico y, al final, esa ambición desenfrenada por tener mas y mas es la que esta desintegrando esta sociedad, que sigue reconociendo, prácticamente, un solo valor, una sola señal de triunfo: el poder adquisitivo, la acumulación de bienes, que no se corresponden con el esfuerzo, intelectual o creativo, ni con el trabajo físico necesarios para conseguirlos, sino, la mayor parte de las veces, con el desarrollo de actividades totalmente intrascendentes, superfluas o picarescas, que es incomprensible que tengan esa retribución y correspondiente reconocimiento, incluso por las personas mas desfavorecidas y trabajadoras.

Aunque se aprecia algún atisbo de cambio, existe un gran desconcierto sobre lo que debe ser primordial, sobre cuales son los valores y las virtudes que hay que primar, que se deben cultivar e impulsar. Se producen situaciones contradictorias, porque sin darnos cuenta, se ensalzan comportamientos que chocan frontalmente con los que una sociedad solidaria y ordenada debe resaltar, resultando que, al final, quienes más sacrificadamente se dedican a trabajos imprescindibles, pero silenciosos, son ignorados y hasta despreciados, mientras se airean protagonismos vergonzosos.

Se ensalzan por unos o por otros el desprecio a la norma, e incluso comportamientos delictivos, en ocasiones gravísimos, con interesados pretextos y, desde luego, se ignoran las más elementales reglas de educación, lo que produce resultados que, curiosamente, todos criticamos. Se reivindican derechos, pero a cambio, se asumen pocas o ninguna obligación o sacrificio.

El individualismo subyace, incluso en aparentes comportamientos desinteresados y generosos, y prima la defensa de intereses más o menos partidistas y, fundamentalmente, la exaltación de todo lo propio: religioso, político, cultural, territorial; y el desprecio de todo lo otro, lo que no es lo nuestro, lo de los nuestros, llegándose con facilidad a posturas que no soportan la mas minima critica objetiva y que no hacen nada mas que perjudicar a los unos y a los otros y privarnos de todo lo bueno que tendrían unos sinceros y verdaderos comportamientos solidarios y desinteresados.

Por ello, en un día como hoy, 23 de julio de 2011, resulta obligado recordar el ejemplo que hace 90 años, el 23 de julio de 1921, nos dieron los hombres del Regimiento de Caballería Alcántara.

No se trata de recordar una guerra, y menos una victoria heroica o una honrosa derrota. Algún hecho singular de armas. Si así fuera, ocuparía una línea entre las efemérides del día, como tantas otras, pero yo no le dedicaría un artículo; quien quisiera ampliar la noticia podría consultar la amplia documentación existente. Es algo distinto, es no olvidar, no dejar pasar el aniversario del día en que unos hombres heroicos dieron un ejemplo de cuales son los valores y virtudes que una sociedad debe tener siempre presente, practicar según las circunstancias de cada momento y no olvidar nunca.

Lo de menos es en que guerra ocurrieron, pero si es necesaria una, aunque sucinta, exposición de los hechos, para que se comprenda su verdadera dimensión.

Basta con decir que nos encontramos en plena guerra del Rif, en lo que luego se ha conocido como desastre de Annual, que se empieza a fraguar en 1920 y que se desencadena a partir del 1 de junio d 1921, en que cae la posición mas avanzada de Abarran, y tras ella, en días posteriores, Igueriben…y Annual. A partir de ese momento, después de numerosos casos de resistencia extrema, se produce una verdadera desbandada en el mas absoluto desconcierto, que nadie puede contener y que el enemigo de entonces, al que no hay que despreciar, porque luchó con total entrega, de la forma a la que estaba acostumbrado y que correspondía a aquellos tiempos y circunstancias, aunque con dureza, aprovecha para continuar su avance, causando innumerables muertos y heridos a las fuerzas españolas, a las que coloca al borde de la completa aniquilación.

Las descripciones que se han hecho de aquella retirada son expresivas de hasta donde llega el caos y el riesgo para los que huyen, “se abandona la posición con todos sus elementos, sin ordenes, sin instrucciones, con prisas, sin conocer plan ni dirección, revueltas las fuerzas, confundidas, sin jefes”; “abandonada por ellos, la muchedumbre marcha alucinada, buscando solo la salvación sin apenas defenderse de los harkeños que les acosan”. La verdad es que hubo algunos oficiales aislados y desconectados de sus unidades que intentaron poner orden y controlar a la masa, pero se vieron desbordados y solo poquísimos consiguieron mantener un efímero orden. Es un sálvese quien pueda, en el que causan tantas muertes las balas y los machetes enemigos, como el atropello de unos por otros revueltos con las caballerías, y hasta las caídas por los barrancos.

En esas circunstancias, el día 23 de julio, el Regimiento Alcántara, que ya los días anteriores ha combatido denodada y ordenadamente para tratar de contener a los que se retiran y evitar el mayor numero de bajas entre ellos, ayudándoles a salvar la vida; que ya ha tenido numerosas intervenciones sacrificadas y durísimas, se enfrenta al momento cumbre y decisivo. Los rifeños, parapetados en el cauce del río Gam, pueden aniquilar a todos los que han sobrevivido hasta ese momento y el Alcántara es el único, prácticamente, que puede hacer algo, aún a costa de su propia existencia, de la vida de sus hombres, aunque hombres y monturas están al borde del agotamiento. Pero no importa, las distintas unidades del Alcántara, que se mantienen perfectamente encuadradas, disciplinadas y solidarias, no lo dudan; no lo duda ninguno de sus hombres, y sucesivamente, sin descanso, lanzan repetidas y desesperadas cargas a caballo hasta que aguantan los animales, las últimas prácticamente al paso, con la única finalidad de salvar la vida de sus compañeros, de salvar la vida de hombres como ellos, que están en peligro de muerte. Van al sacrificio, pero los hombres del Alcántara lo aceptan antes que sumarse también a la caótica retirada y que, intentando salvarse, mueran todos. Les han inculcado y fomentado unas virtudes y las practican. No pelean entre ellos, no montan una lucha de clases, no discuten las ordenes de sus jefes, que saben mandar y hacerse respetar y querer por todos sus subordinados, que los admiran y siguen; solo piensan en su Unidad y en sus compañeros. Cada uno cumple con su deber. Incluso los que tienen puestos en la retaguardia o estaban, por otras circunstancias, alejados de las zonas de combate, se han incorporado a la lucha y no se quedan en la retaguardia en la que se podían haber ocultado.

El Alcántara, en esos días tuvo más de un 80% de bajas, casi todos muertos. Murieron todos los trompetas y 11 de los 14 herradores. Fue prácticamente aniquilado, pero sus escasos supervivientes siguieron combatiendo y fueron muchos los que sobrevivieron gracias a su sacrificio. El Alcántara mantuvo integra su dignidad.

La pequeña sociedad del Alcántara, estaba formada tanto por oficiales de carrera, como por suboficiales, cabos y soldados de todas clases, de los cuales, la mayoría, estaban allí porque su baja condición social no les había permitido redimirse del servicio militar obligatorio .No he querido citar ni un solo nombre de los que aquellos días formaban el Regimiento Alcántara. Lo que es de destacar es la actuación de todos. Todos merecen el mismo reconocimiento. Lo que mas admiración produce es que los que formaban esta sociedad, una sociedad como podría ser la nuestra, renunciaron a todo egoísmo, no pensaron interesadamente en lo que a cada uno podía depararle el futuro, se sacrificaron por otros con total desprecio de sus propias vidas.

Como termina la lectura de homenaje a los que dieron su vida por España:

No quisieron servir a otra Bandera
no quisieron andar otro camino
no supieron morir de otra manera.

¿No tiene aplicación su ejemplo en la sociedad de hoy? Yo creo que si. Los hombres del Alcántara demostraron tener unos valores y unas virtudes, que no son exclusivamente militares, aunque en el Ejército se deben exigir por encima de todo, que han demostrado y practicado hombres y mujeres de todos los tiempos y condiciones , y que esta sociedad debe asumir y practicar. En esta sociedad, cada uno en su puesto, todos deberíamos comportarnos como lo hicieron los hombres del Alcántara. Si se recobrasen los valores y virtudes que ellos demostraron –sin desconocer que muchos no los han perdido nunca-, si olvidáramos las divisiones, los egoísmos, los particularismos intrascendentes, los enfrentamientos absurdos. Si todos unidos y solidarios lucháramos como en 1921, un día como hoy, lucharon los hombres del Alcántara; hombres, mujeres, de aquí, de allí, los ricos y los que no lo son, de todas las religiones, de todas las razas, de todas las naciones, de todas las regiones, de todos los partidos… esta sociedad sufriría contratiempos, duros contratiempos, pero no seria vencida y lo superaría todo.
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