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Shakespeare nos hace reír

"Sueño de una noche de verano", el reencuentro con un Shakespeare cómico y lleno de vida

domingo 31 de julio de 2011, 12:23h
Actualizado el: 25 de diciembre de 2021, 19:33h
Por Rafael Fuentes
“Sueño de una noche de verano”, de William Shakespeare
Directora de escena: Eva del Palacio
Espacio escénico: Eva del Palacio y Fernando Aguado
Intérpretes: Eva del Palacio, Fernando Aguado, Álvaro Aguado, Ana Belén Serrano, Ana Burrel, Malena Gutiérrez, Diego Morales, Héctor Astobiza, Francisco Sánchez y Félix Casáles
Lugar de representación: Teatro Fígaro. Madrid

La idolatría reverencial hacia Shakespeare ha causado más estragos a su grandeza que todas las diatribas y descalificaciones lanzadas históricamente contra él –incluyendo las versiones desmitificadoras e iconoclastas que con tanta frecuencia lo desvirtúan con el exclusivo propósito de llamar la atención. “Morboria Teatro” ha trabajado con William Shakespeare librándose de esa idolatría inhibidora. Su Sueño de una noche de verano le pierde el miedo a Shakespeare. Lo mira sin complejos y lo acerca con naturalidad y con toda su fuerza cómica a unos espectadores agradecidos. ¿Con qué fin realizar puestas en escena rebuscadas? ¿De qué sirven todos esos grandilocuentes montajes de Sueño de una noche de verano que no han logrado hacer reír a carcajadas al público? “Morboria Teatro” lo consigue plenamente, conservando toda la belleza e hilaridad festiva que caracterizan la obra original.

Para lograrlo, la directora del montaje, Eva del Palacio juega con habilidad sobre algunos aspectos de la pieza, a los que concede un especial énfasis, amortiguando otros. En principio, el texto original de la comedia recalca el contraste entre Atenas, donde sucede parte de la acción y que encarna el territorio de lo racional, frente al Bosque contiguo a la ciudad, donde se da rienda suelta a lo irracional, a las pasiones descontroladas, a la sensualidad y la presencia misteriosa de los dioses, duendes, espíritus, seres mágicos que cruzan su existencia con los visitantes humanos. Esa contraposición entre lo lógico de la ciudad y lo ilógico del bosque es prácticamente desactivada por Eva del Palacio para dar un protagonismo casi absoluto al frondoso laberinto forestal. No se trata, sin duda, de un bosque mediterráneo como correspondería a las afueras de Atenas, sino de un bosque mítico de ensueño, repleto de una sensual vegetación, atravesado por enmarañados caminos brumosos y sembrado de plantas que caminan y árboles que poseen vida propia, dentro de una tradición mitológica de procedencia celta. El diseño de luz, la armonía de colores puros, la composición cromática en esta noche resplandeciente del bosque, conceden una deliciosa belleza al escenario. En pocas ocasiones vemos a Shakespeare con una estética tan contundente, basada en tan extraordinaria imaginación visual.



La primacía de este bosque hechizado resta importancia a todas las acciones relacionadas con los enlaces matrimoniales que jalonan la obra. Los preparativos para el casamiento de Teseo, duque de Atenas, con la reina de las Amazonas, Hipólita –que sirven de referencia a la acción de los demás personajes-, pasan casi desapercibidos. La boda final conjunta de todos los protagonistas, que inspirase la marcha nupcial de Purcell, y la aún más célebre de Felix Mendelssohn, simplemente no se representa. Como contrapunto, Eva del Palacio concede un particular protagonismo a las peripecias cómicas que se desarrollan en el monte. Primero cuando el Rey de las Hadas, Oberón, hechiza a las dos parejas que han huido de la ciudad, haciendo que los dos chicos se enamoren repentinamente de solo una de las dos chicas, Helena, para favorecer réplicas, equívocos y reacciones de una irreprimible comicidad. Ésta adquiere una fuerza humorística excepcional cuando el hechizo alcanza también a la Reina de las Hadas, Titania, que por efecto de la magia se enamora perdidamente de un gañán al que los duendes del bosque han cambiado su cabeza por la de un burro. Escuchar las melifluas declaraciones amorosas de Titania mientras se lleva al sorprendido y rudo operario con cabeza de burro al lecho, provoca una genuina hilaridad perfectamente explotada por la directora de “Morboria Teatro”.



Especial relieve posee este rudo operario llamado: “Bottom” en el original y aquí traducido por “Colas Canillas”, pues se trata del único ser humano que ve a los dioses mágicos del bosque y entra en contacto con ellos, hasta el punto de acostarse con la novia de Oberón: Titania, sin que ese contacto con las divinidades cause ninguna catástrofe ni perjuicio en los hombres, como sí venía ocurriendo desde los orígenes griegos del teatro, del mismo modo que los engaños, afrentas y traiciones de los jóvenes amantes no provocan desgracias, duelos, cuchilladas ni asesinatos, preparando esa parodia de lo trágico hacia donde se encamina el desenlace de la obra. Para resolver esta evolución, Eva del Palacio encuentra un inapreciable aliado en el actor Fernando Aguado, capaz de desenvolverse con idéntica solvencia en los registros serios de Teseo y Oberón, como en los cómicos de Colas Canillas, los tres personajes que encarna alternativamente en el transcurso de la pieza. Éste último capitanea al grupo de obtusos y casi analfabetos artesanos que se proponen representar, sin éxito alguno, la tragedia de Píramo y Tisbe en las bodas de Teseo. No es de extrañar que Shakespeare ironice sobre la procedencia humilde de estos actores aficionados, ya que el estatuto de los actores profesionales en su época era similar al de los mendigos y las gentes de baja ralea. Más sorprendente –gratamente sorprendente- es que el propio Shakespeare ironice y se ría de sí mismo, siendo capaz de parodiar su “Romeo y Julieta” a través de la catastrófica representación de “Píramo y Tisbe”, tan calamitosa que se convierte en una comedia que desata las más desternillantes carcajadas. Esa risa es inequívocamente saludable porque salva a Shakespeare de ser un frío icono cultural, estereotipado y distante para el público.

Con frecuencia el Shakespeare trágico ha ocultado al Shakespeare cómico. El valor del trabajo realizado por Eva del Palacio, Fernando Aguado y todo el equipo de “Morboria Teatro” estriba en haber sacado a la luz toda la comicidad de Shakespeare, y se hace patente cuando no podemos reprimir la carcajada en pasajes célebres, pese a que ya nos sean conocidos, al transmitirles una energía nueva repleta de vitalidad. Se trata, pues, de una oportunidad idónea para reencontrarse con el Shakespeare genuinamente cómico o para descubrirlo por quienes solo conociesen su vertiente trágica. O más simplemente, este “Sueño de una noche de verano” representa una ocasión perfecta para aproximarse por primera vez al genial dramaturgo británico y hallar a un Shakespeare bello y refrescante, divertido e irónicamente profundo, alejado tanto de las distorsiones estrambóticas como de la frialdad académica: un Shakespeare absolutamente mágico y vivo.
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