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organizado por los profesores J. Ignacio Díez y David Felipe Arranz

Finaliza con éxito el curso de verano de El Escorial sobre Miguel Delibes

viernes 05 de agosto de 2011, 16:12h
Más de cincuenta alumnos y una docena de invitados han revisado durante toda esta primera semana de agosto la obra y la figura de Miguel Delibes en un curso de verano de El Escorial dedicado al escritor vallisoletano y autor de El camino (1950), organizado por los profesores J. Ignacio Díez y David Felipe Arranz.

Para el codirector, David Felipe Arranz, “ha sido una verdadera suerte contar con aquellos creadores que lo conocieron más de cerca y que admiraron su obra, como Mario Camus, José María Merino o el periodista Ramón García; creo que Delibes les dejó una huella indeleble de su honradez y su coherencia”. El filólogo ha señalado que Delibes es un referente ético para todos aquellos que sientan un compromiso con las artes: “es el escritor del desamparo, sus novelas nos enseñan que hay que luchar, que el fracaso y la soledad nos bruñen”.

“No hay literatura verdaderamente valiosa sin un mínimo de aliento ético y Delibes, al que la censura lo puso en aprietos en varias ocasiones, destacó precisamente por su compromiso con unos ideales muy vinculados a un proyecto de recuperación de las zonas rurales de Castilla, amenazadas por el embalse de Riaño y el proyecto Moncabril”, ha indicado Arranz a El Imparcial. El resultado de tantas presiones fue la salida de Delibes como director del rotativo con sede en Valladolid en 1966.

Gustavo Martín Garzo, Gonzalo Santonja, Luis Mateo Díez, José María Merino, Manuel Longares, Mario Camus, Antonio Giménez-Rico, Josefina Molina, Ramón García, Elisa Delibes o Alfonso León, entre otros, se han acercado estos cinco días hasta el Euroforum Infantes de El Escorial para glosar la obra y la figura de uno de los creadores más destacados de nuestra lengua y un recuperador del lenguaje de nuestra España rural y campesina. Delibes fue, a juicio de los ponentes, ante todo un escritor muy cercano al realismo social de su época que ha sabido trascender el contexto histórico y convertirse en parte del legado literario de las letras hispánicas de cualquier época, una bisagra entre la generación de la posguerra y los escritores de la década de los años 50.

“En Delibes hay una necesidad de denunciar la situación latifundista del Sur, la sed de Castilla o las consecuencias de la educación burguesa y represora, como en Mi idolatrado hijo Sisí o Cinco horas con Mario”, ha comentado David Felipe Arranz, que cree que a Delibes se le ha vinculado injustamente al más rancio conservadurismo, cuando la realidad es muy otra: “Que Delibes escriba en 1981 una novela social de trasfondo rural, un ataque contra la mesocracia provincial como Los santos inocentes, no deja de resultar significativo”.

Delibes, para quien una novela debía aglutinar tres ingredientes –“un hombre, un paisaje y una pasión”–, recoge los grandes temas en su legado literario: el descubrimiento del mundo y de la realidad de los adultos, el abandono de los pueblos, la violencia, la integración social, la soledad, el existencialismo, la búsqueda…. Por eso, a juicio de los organizadores, ha merecido entrar en el canon universal junto a Camilo José Cela, Carmen Laforet, Carmen Martín Gaite, Torrente Ballester, Rafael Sánchez Ferlosio, Martín-Santos o Ignacio Aldecoa.
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