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triple asesinato en boecillo

¿Se puede matar por compasión?

viernes 19 de agosto de 2011, 14:46h
El caso del triple asesinato de tres niños discapacitados en Boecillo, Valladolid, ha encendido todas las alarmas sobre el conocido como "síndrome del cuidador". La posibilidad de que una cuidadora pueda tener una motivación de pena para cometer un crimen ha reabierto el debate sobre cómo evaluar a los cuidadores.
La muerte de tres menores disminuidos psíquicos en el centro de acogida de Mensajeros de la Paz de Boecillo, Valladolid, a manos de su cuidadora ha consternado a la opinión pública en general y a los familiares de personas que requieren de estos servicios en particular. Mucho se ha dicho sobre las causas, desde el “arrebato de locura” del que hablaba el padre Ángel, responsable de esta organización religiosa, hasta el “homicidio por compasión” al que aludía la Guardia Civil en un informe. Pero, ¿de verdad se puede matar por pena o compasión?

La psicóloga Bárbara Tovar, especialista en ansiedad y estrés, directora de la Clínica Bárbara Tovar, sí cree que en este caso de Boecillo se puede hablar de “homicidio por compasión” en el sentido en que este sentimiento se puede convertir en una motivación, pero aclara, “esto se produce, evidentemente, en una persona que no se encuentra en sus cabales”.

Tovar ha explicado a EL IMPARCIAL que un perfil así lo podemos encontrar en casos de trastorno de personalidad o en casos de depresiones profundas o severas y ha recordado que no sería la primera vez que nos encontramos en los medios de comunicación con noticias de hombres o mujeres que han matado a sus hijos porque no tenían dinero o una economía suficiente para sacarlos adelante y antes de que pasaran penurias o hambre los asesinan: “Aquí se puede hablar de que el motor de esta actuación es la compasión, pero siempre dentro de un contexto de psicopatología”.

Síndrome del cuidador
Sobre si existe relación en este caso con el síndrome del cuidador, esta especialista en ansiedad y estrés apunta que “el cuidador siempre ha representado un papel complicado para la psicología”. Desde hace años se vienen desarrollando programas de intervención con este tipo de personas que se dedican al cuidado de otras con trastornos o minusvalías. Insiste en que “es un trabajo muy duro, en el que se sabe que hay una sobrecarga emocional muy importante y que las recompensas muchas veces no son tan importantes como al comienzo el cuidador anticipa”.

Por esto, indica, “es una tarea en la que hay que tener una gran tolerancia a la frustración y una gran capacidad de automotivación, es decir, no basarte en las motivaciones externas que vas a encontrar”.

Exámenes psicológicos
“No todas las personas están capacitadas, ni siquiera, en ocasiones hay buenos exámenes psicológicos para examinar a este tipo de personas para este tipo de trabajos”, apunta esta especialista, que añade que “esto hace que en muchas ocasiones pueda ser un factor de riesgo para que terminen desarrollándose situaciones de riesgo”. Insiste en que “son excepciones y lamentables, pero no es la primera vez que ocurre”.

Al respecto, Tovar entiende que “con una buena evaluación psicológica pormenorizada debería de evitarse el perfil de determinadas personas que puedan llegar a desarrollar un cuadro de esas características”. No obstante, matiza, “los comportamientos psicopatológicos tienen también una parte impredecible” y en el caso de que se hubiera hecho una evaluación adecuada, sería bueno hacer una reflexión sobre el seguimiento psicológico de este tipo de cuidadores para garantizar la seguridad de las personas a las que cuidan.

¿Qué conducta puede hacer sospechar?
Sobre si hay algo que nos pueda dar la voz de alarma, esta especialista en estrés y ansiedad explica que “depende del trastorno que le lleve a esa conducta patológica”, pero, continua, “al comienzo, puede haber una sobreimplicación en el trabajo con la búsqueda de ese ideal o de esa perfección de intentar “curar” al paciente, cuando hay pacientes que no tienen cura”.

Otra conducta que nos puede hacer sospechar se da “cuando el cuidador que no está preparado psicológicamente para ese choque con la realidad, lo asume. Entonces, puede llegar a adoptar una conducta de despersonalización, como una actitud demasiado fría o tosca o una sobreimplicación que va más allá del propio cuidado profesional que se requiere. Siempre actitudes extremas”.

Por ello, concluye, “cuando hay características de este tipo, debemos tener cuidado porque existe un juego emocional que está ocurriendo en ese momento y que puede ser un inicio o un factor de riesgo”.
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