“Vais a ver 500 partidos, vais a jugar 50 y vais a ganar 49”.
Mariano Álvarez enmudece durante unos segundos a la sala del centro de día Rincón del Encuentro de la
Fundación Rais, en Madrid. ¿49? “Perderéis alguno… pero no el de la final, claro”. Y los aplausos rompen el interrogante. A quienes lo escuchan se les nota cansados. La ilusión esconde, pero no borra, las huellas del entrenamiento que acaban de terminar. Al día siguiente cogerán un vuelo a
París para representar a España en la
Homeless World Cup, el Mundial de Fútbol Calle para Personas Sin Hogar, que este año celebra su octava edición en la capital gala del
21 al 28 de agosto.
Álvarez fue durante dos años el capitán de la Selección Nacional de Fútbol Calle. La primera, en 2003, coincidió con la inauguración de este proyecto creado por el escocés
Mel Young, un “emprendedor social” editor de una decena de periódicos vendidos por personas sin hogar. Desde entonces, asociaciones u organizaciones no gubernamentales de más de 70 países trabajan conjuntamente con la sede de Edimburgo durante todo el año para, a través del fútbol, promover la motivación por el cambio, la recuperación de relaciones sociales y la mejora de las condiciones de vida entre las personas sin hogar. La “guinda” es este evento anual, al que el excapitán de esta otra Roja se refiere como “
la fiesta del fútbol”.
Después de
Graz (Austria) –primera sede de la HWC- y dejando por el medio Suiza, Sudáfrica, Dinamarca y Australia, Álvarez viajó a
Milán en 2009. Dos mundiales y nueve años jugando en el equipo de Madrid de la Fundación Rais –la organizadora en España- dan bagaje de sobra para ilustrar y animar a los que este año viajan al Campo de Marte parisino.
“Cuando entras al comedor, los que ya están comiendo animan: ‘España, España…’ Y si cuando estás tú comiendo entran los de otra selección, todos les animamos a ellos”, explica este “Casillas” de los sin hogar, que combinó capitaneo y portería con unos guantes, recuerda, “prestados por el equipo de Suiza”.
El contacto es, al fin y al cabo, la meta de la HWC. Para
Jorge Ferreruela, trabajador social de Rais y primer entrenador de la Selección Nacional de Fútbol Calle, el problema del techo no es el primero ni el más grave. “Hay cuestiones añadidas, sobre todo personales, como la desmotivación, el pensar que no se sirve para nada, la falta de afecto o el no saber vivir en sociedad”, explica. Según Ferreruela, el deporte se convierte en una vía para trabajar esos problemas: “Aprenden a acatar normas, a respetar otras opiniones, a convivir y moverse en equipo”.
Según datos de la organización central del torneo, que evaluó la marcha del impacto del proyecto después de la edición de 2007, un
70% de los participantes habían cambiado, de una u otra forma, su forma de vida: habían mejorado sus
relaciones sociales (83%), habían encontrado un
empleo (29%) o habían empezado a
estudiar (32%).
Ni ‘Messis’ ni ‘Ronaldos’Luis Ibáñez, de 50 años, toma el relevo a Álvarez como capitán. A sus órdenes se moverán
Esteban Nsue,
Juan Martínez,
José Manuel Carreño,
Reynaldo Liria y
Salva Durán. Algunos viven actualmente en la calle, otros en albergues o, los más afortunados, en pisos compartidos. Unos tienen trabajo mientras que otros tantos lo están buscando. Todos, eso sí, se declaran ilusionados por el viaje a París y esperan que “además de jugar al fútbol” les “dé tiempo a hacer turismo”.
Para llegar al Campo de Marte, donde se desarrollarán los partidos del torneo, no han tenido que demostrar las dotes de las estrellas que mueven masas en el fútbol profesional. Tal y como explica el Director General de la
Fundación Rais,
José Manuel Caballol, los criterios futbolísticos pasan a un segundo plano para dejar protagonismo “al comportamiento y el compromiso que hayan demostrado durante todo el año en cada uno de los equipos que la fundación lleva en España”.
“Si no la ganamos, la robamos”Bajo la Torre Eiffel, 46 equipos masculinos y 16 femeninos se disputarán el trofeo más ansiado, la Copa del Mundo, en una modalidad de juego que se desarrolla en un campo de 22x16 metros, unas porterías bajas y anchas y sólo cuatro jugadores por equipo. Además del premio gordo, se otorgan medallas a todos los jugadores y galardones especiales, como el
Premio al Juego Limpio, que se vino para España en la edición inaugural de 2003.
A pesar de los “piques normales”, el equipo se caracteriza por “el buen rollo y el espíritu de
pasarlo bien”. Así lo afirma el entrenador, para quien “no hay que fomentar la competitividad, para que las derrotas no se conviertan en un fracaso personal”. Ferreruela habla de calidad dentro del ámbito
amateur en el que se mueve la HWC, pero también de algunos contrincantes que suelen ser “muy jugones”, como los del equipo brasileño “acostumbrados a vivir en favelas y jugar al fútbol todos los días”.
Sin “presión ninguna” por los triunfos que el deporte español está consiguiendo en los últimos años y ante la prudencia de su entrenador, los jugadores de la Roja de los sin hogar van en diferentes direcciones en esto de la copa.
El veterano Mariano Álvarez se agarra a lo vivido: ningún podio, pero sí una dosis considerable de humor ante los estereotipos y unión. “Durante el
desfile de naciones al inicio del torneo, íbamos todas las selecciones juntas cantando: ‘Si no la ganamos, la robamos’”.
Juan Martínez lleva un año y medio en el equipo madrileño de Rais. Futbolero “desde pequeñito”, perdió su empleo de teleoperador hace siete meses y se vio en la calle. “Tenía casa, pareja, perro, gato… Te quedas hecho una mierda”, expresa. En lo futbolístico no pierde la sonrisa. “
Vamos a ganar el Mundial. Y queremos que pongan nuestra copa al lado de la Copa del Mundial de Sudáfrica y de la Eurocopa en las Rozas”, broma. Que vayan haciendo hueco en la vitrina, por si acaso.