crítica de cine
[i]Súper 8[/i]: homenaje nostálgico a la ciencia ficción de los años 80
sábado 20 de agosto de 2011, 11:49h
Nacido en 1966, el guionista, realizador y productor J.J. Abrams creció rodeado de la magia de las películas de Spielberg y su figura fue, en parte, responsable directa de que el entonces chaval anduviera cámara en ristre para hacer sus pinitos con aquellas olvidadas cintas en formato de Súper 8 que se utilizaban en los años 80. Rodó junto a su amigo Matt Reeves varios cortometrajes que le valieron para que Kathleen Kennedy, asistente personal de Spielberg, les encargara la restauración de las viejas cintas que el creador de E.T. El Extraterrestre tenía aún en aquel formato. Fue el primer contacto del joven Abrams con el director que tanto admiraba.
Treinta años más tarde, J.J. Abrams, responsable de la serie de televisión Perdidos, se ha convertido en uno de los creativos audiovisuales más conocidos y apreciados de su generación y con su recién estrenada película propone un viaje al pasado, rememorando esa época de su vida en la que empezó a dedicarse al cine. Él mismo se ha encargado de escribir el guión de una historia que se desarrolla en Lillian, un pequeño pueblo de Ohio, durante el verano de 1979 y que gira fundamentalmente en torno al cine de la época y, por supuesto, a los misterios extraterrestres tan en boga aquellos años. Un grupo de chavales de 14 y 15 años, encabezados por Charlie y Joe, matan el tedio de los meses más calurosos rodando películas de zombies hasta que un impresionante accidente de tren y sus inesperadas consecuencias casi acaban por matarles a ellos.
Joe, protagonista de la historia e interpretado por el debutante Joel Courtney, hace sólo seis meses que ha perdido a su madre víctima de un accidente laboral y las relaciones con su padre, agente de la policía local, no son todo lo buenas que deberían. De hecho, cuando le conocemos está a punto de ir a la fuerza a un campamento de seis semanas obligado por su padre que, entre otras cosas, pretende alejarle de su panda de amigos locos por el cine y especialmente de su cabecilla, Charlie, que ejerce de director y guionista. Hasta que las cosas cambian para todos la noche en la que están rodando una escena en la estación ferroviaria y son testigos directos del descarrilamiento de un tren del ejército que transporta un extraño cargamento. A partir de ese momento, el pueblo se ve sumido en una serie de acontecimientos inexplicables como la huida de todos los perros de la zona, la desaparición de electrodomésticos y, más tarde, también de personas.
La explicación utilizada por Abrams se mueve entre los recuerdos de E.T., Los Goonies o Cuenta conmigo y no faltan esos momentos en los que, a causa de la tragedia, los personajes sacan lo mejor, también algunos lo peor, que llevan dentro. Así, Joe dejará de ser sólo el maquillador ayudante de Charlie para convertirse en héroe salvador y hasta conseguirá “robarle” al director la chica que la ha contratado como actriz principal precisamente por la tracción que siente hacia ella. Será Alice, a quien da vida Elle Fanning, el motor para que el tímido Joe mude de piel y se enfrente a todos. Incluso al temible extraterrestre que lleva años sometido a experimentos sin que le dejen hacer lo único que pretende: volver a su casa.
El director se ha rodeado para este trabajo, que partiendo de un ajustado presupuesto de 35 millones de dólares ya ha recaudado el doble de dicha cifra, de los colaboradores que habitualmente le han acompañado en sus anteriores proyectos. Entre ellos, el director de fotografía Larry Fong, el diseñador de producción Martin Whist y el responsable de la banda sonora Michael Giacchino que no ha olvidado incluir temas indispensables de la época como la canción titulada My Sharonna del grupo The Knack, así como otras de Electric Light Orchestra, Blondie o The Cars.