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DEL ANONIMATO AL ÉXITO

"Yo también fui [i]hacker[/i] y ahora tengo un puestazo"

domingo 28 de agosto de 2011, 22:12h
Los delitos informáticos están tipificados como tal en la legislación de, a buen seguro, cada país y, sin embargo, la imagen del hacker, dista muchas veces de la de un delincuente. Un inteligencia superior presupuesta, cierta solidaridad con algunos de sus actos y un aurea de ‘frikismo’ que, a la postre, despierta simpatía, hacen que una parte de la sociedad los perciba más como una suerte de ‘Robin Hoods’ de la red que como ladrones al uso. Una concepción que se ve reforzada por los casos de hackers ‘rehabilitados’ que han terminado trabajando para grandes empresas o incluso para los Gobiernos de algunos países.
‘Castigado’ sin Internet y con la condición de ‘a las 10 en casa’. Así se marchó a su domicilio hace un mes Jake Davis tras prestar declaración después de ser detenido por la policía británica por cinco supuestos delitos de ataques informáticos. Davis, de 18 años, está acusado de haber hackeado, entre otras, la web de Agencia Británica contra el Crimen Organizado, la del Servicio Nacional de Salud, del diario The Sun, perteneciente a Rupert Murdoch, o la del gigante tecnológico Sony.

Las unidades de delitos informáticos de la policía británica se frotaron las manos porque tras las gafas de sol, el pelo oscuro y la tez blanca de Davis se escondía el hacker Topiary, portavoz de la plataforma de piratas informáticos LulzSec y muy relacionado con Anonymus, según confirmaron los 16 ordenadores con datos de 75.000 personas y otras informaciones encontrados en la casa del joven.

PIE DE FOTOEn una entrevista que el por entonces anónimo hacker concedió al periodista británico Ryan Gallaguer días antes de su detención, afirmó que “nunca” se “chivaría de nadie relacionado con Anonymous o LulzSec”.

A parte de declarar lealtad a sus compañeros de fatigas, Topiary aseguró que no estaba seguro de que él encajara en el Gobierno, “a no ser que allí se diviertan con tweets extravagantes”. Tanto, como una de las últimas hazañas de LulzSec, que burló la seguridad del diario The Sun en su versión online y anunció a bombo y platillo en portada la muerte del magnate de la comunicación Rupert Murdoch, por entonces en pleno arranque del escándalo de las escuchas. Para unos, un delito o un acto vandálico. Para otros, una metáfora brillante.

Topiary zanjó el tema de un posible ‘cable’ al Gobierno con una declaración de intenciones. “Nunca aceptaría un trabajo que luchara contra las cosas por las que yo he luchado antes”. Si el hacker termina o no pasándose al otro lado es una ecuación que se despejará con el tiempo. No sería el primero que cambia el anonimato por un despacho acristalado en un edificio gubernamental o una empresa privada.

El ‘juego’ de los 700 millones de usuarios
Un claro ejemplo de cómo hackear puede convertirse en reconocimiento, dinero o, incluso, trabajo se personifica en el que ya ha sido calificado como ‘hombre del siglo’: Mark Zuckerberg.

PIE DE FOTOEl creador de Facebook fue macerando la idea de la red social a raíz de otros programas anteriores como el Coursematch, que permitía a los estudiantes ver la lista de otros compañeros de clase, o una web en la que se podía calificar a las estudiantes de la universidad conocido como Facemash.com.

El departamento de servicios informáticos de Harvard llevó a Zuckerberg ante la administración acusado de infringir la seguridad informática y violar las políticas de propiedad intelectual y privacidad como medio para conseguir los datos que se publicaban en esos programas.

Ahora, el hacker de Harvard es dueño de la mayor red social del momento, posee una fortuna de más de 12.500 millones de euros según la revista Forbes, superando ya la de los creadores de Google y ahora es su propia empresa, la que contrata hackers reconocidos para mejorar la seguridad de su red.

“Las llaves de la caja fuerte” de Sony
En el mes de junio, George Hotz empezó a trabajar para Facebook, que quiere aprovechar las habilidades de éste joven de 21 años para concluir el desarrollo de una aplicación para el iPad.

Francis George Hotz es conocido en la Red como Geohot y recibió hace unas semanas, durante la entrega de los Pwnie Awards 2011 -los Oscar del mundo hacker- el Pwnie a la mejor canción por The Light It Up Contest. Se trata de un rap que el chico compuso “homenajeando” a la empresa Sony después de que le demandara por hackear la consola de videojuegos PS3.



Al más puro estilo Eminem, Geohot se define en la letra como “una personificación de la libertad para todos” frente a la corporación Sony y advierte que “están molestando al tipo que obtuvo las llaves de la caja fuerte”.

Por principios o ‘porque sí’
A lo Robin Hood, perseguido por la ley, pero ayudando ‘al pueblo’, el fundador del portal Wikileaks, Julian Assange, se enfrenta a una larga lista de delitos informáticos relacionados con espionaje, vulneración de la confidencialidad de datos y revelación de secretos.

Ya en 1991, Assange estuvo en la cárcel al declararse culpable de 24 delitos informáticos que, según confesó, cometió para demostrar la poca seguridad de algunas organizaciones. La buena conducta y una multa de más de 2.000 dólares lo devolvieron a la calle. Ahora, el australiano no falta en las listas de “poderosos” del mundo, incluida la de la prestigiosa Forbes, a lo que se añade el héroe que muchos ven en él.

Según el ‘padre’ de Wikileaks, el mundo “necesita la información” que la web proporciona. Para Assange, el hackeo es el vehículo que transporta hacia un fin necesario.

PIE DE FOTONo todos opinan así. Algunos piratas cometen delitos informáticos por el simple placer de demostrar que son capaces de hacerlo. John Draper, más conocido como el Capitán Crunch, es considerado uno de los primeros hackers de la historia. Su objetivo no eran páginas web ni sistemas informáticos que en los setenta, cuando Draper actuaba, eran aún grandes desconocidos. El Capitán Crunch atacaba las líneas telefónicas. Mediante un aparato ideado por él mismo, la 'caja azul', e inspirado en un silbato que venía como obsequio en la caja de una marca de cereales –Capitán Crunch, de ahí su apodo- el hacker conseguía hacer llamadas gratuitas.

Draper intercaló su paso por la cárcel con trabajos como detector de inseguridades en empresas de la talla de Apple e, incluso, con colaboraciones con el Gobierno estadounidense. En una entrevista en el diario digital colombiano El Tiempo, el Capitán Crunch reconoció que “a muchos de los hackers rusos” les encantaría tener su cabeza “por los trabajos que realicé con el gobierno de Estados Unidos para detener su campaña mundial de correos masivos en 2004”.

Para el más veterano de los hackers que han dado bandazos con y contra la ley, el peor atributo de un pirata informático es la fama. Draper opina que “hacerse notar” es el paso previo a la cárcel.

Pese a que la esencia del hacker es la discreción y la eliminación de todas sus huellas, cada vez son más los casos de piratas informáticos que se exhiben, se vanaglorian de sus hazañas y terminan convertidos en alguna clase de icono. A la espera del juicio de Jake Davis, el último arrestado, y de vislumbrar si cumple o no su autodefinición como “no soplón”, su impacto social ya se ha dejado notar de alguna forma. Según un artículo de la BBC, el libro que Davis portaba en el momento de su declaración y que apareció ilustrando la noticia en medios de medio mundo -Radicales libres: la anarquía secreta de la ciencia, de Michael Brooks- escaló 2.627 puestos en la lista de los más vendidos de Amazon –hasta el número 182, en 48 horas.
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