DEL ANONIMATO AL ÉXITO
Los delitos informáticos están tipificados como tal en la legislación de, a buen seguro, cada país y, sin embargo, la imagen del hacker, dista muchas veces de la de un delincuente. Un inteligencia superior presupuesta, cierta solidaridad con algunos de sus actos y un aurea de ‘frikismo’ que, a la postre, despierta simpatía, hacen que una parte de la sociedad los perciba más como una suerte de ‘Robin Hoods’ de la red que como ladrones al uso. Una concepción que se ve reforzada por los casos de hackers ‘rehabilitados’ que han terminado trabajando para grandes empresas o incluso para los Gobiernos de algunos países.