“Cuando pintas te sientes vivo y por un momento te olvidas de que eres masa. En esta ciudad hay demasiada mierda y demasiada soledad… De este modo le regalamos a la gente un poco de nosotros mismos”. Así arranca el libro
Los nombres esenciales del arte urbano y del graffiti español, de Mario Suárez, quien se ha embarcado en la tarea de reunir los nombres de los autores de estas creaciones desde los años 80 hasta ahora. Suárez se sirve de esta cita de
Muelle, referente fundamental de este arte exterior en Madrid, para resumir el sentir de estos creadores, cuyo halo de misterio e irreverencia los convierte en objeto de crítica, al tiempo que la factura de sus obras no hace sino confirmarlos como auténticos artistas.
Así pues, denostados por unos y admirados por otros, estos creadores de arte urbano llevan décadas decorando ciudades como
Madrid, Barcelona o Valencia con el mismo entusiasmo que movía a Muelle para dejar su rúbrica en los rincones de la capital allá por los 80. Fallecido a los 29 años víctima de un cáncer, su legado continúa sirviendo de inspiración para otros grafiteros rememorándolo como un clásico a quien emular.

En el universo del
grafito se cuentan maestros de este arte por doquier. En el libro que publica Suárez el 6 de septiembre da cuenta de ello en un ejercicio de memoria que reúne las obras más destacadas de sus cuatro décadas de historia en España, en las que han dado cuenta de su consideración como artistas. Sirve de ejemplo el modo en que definen sus trabajos. Así, los hay que lo califican como expresionismo abstracto, surrealismo o realismo minimalista, mientras que otros hablan de influencias como el pop art o el cómic. Sus nombres son: Aryz, Axelvoid, Liqen,
Sam3, Sixeart,
Spy, Nuria Mora y los veteranos
Remebe o Glub, entre otros.
Mientras que en los años 80 y 90 este arte fue entendido desde un punto de vista “aislado”, practicado “por un grupo de jóvenes vinculados a ciertas corrientes musicales y estéticas”, cuenta Suárez, desde hace diez años, “el graffiti ha dado un salto transformándose en arte urbano”, añade. Con el paso del tiempo, la técnica y el estilo han cambiado y con ello el modo en el que son interpretados los trabajos de estos creadores. Así, Suárez considera que han pasado de ser manchas o firmas a “grandes
expresiones artísticas que utilizan las paredes como lienzos”.
Pese a que la tendencia invita a llamar graffiti a cualquier manifestación de este tipo en la calle, el autor de este libro explica que sólo es arte urbano aquel que “
interroga al espectador, a quien lanza un mensaje de tipo social o político”.
Comparte esa esencia artística con otras disciplinas como la pintura sobre lienzo o la escultura, que sirven como vehículo de expresión para el creador, quien ejecuta la obra por un motivo, ya sea reivindicativo, producto de un estado de ánimo o por mero aprendizaje. Difiere, sin embargo, de ellas en el halo de misterio que envuelve sus trabajos y el
anonimato que tanto ha caracterizado a sus autores. Pero los tiempos han cambiado y algo de esa esencia se ha perdido. Suárez comenta que muchos de estos creadores trabajan en galerías, en museos, como ilustradores gráficos o, incluso, para marcas comerciales, algo que no evita que continúen ligados de una manera u otra a las
intervenciones ilegales y clandestinas.

El
arte exterior que practican sobrevive sin patrocinios ni marchantes de arte. Se trata de una labor independiente y costosa. Así lo cree Suárez, quien afirma que el “99 por ciento” de estas intervenciones son “autosubvencionadas”, y detalla que “tienen sus propios andamios e, incluso, ahorran para llevar a cabo sus obras”. Para explicar a lo que se refiere, cita el trabajo de Alberto de Pedro, de quien dice que tiene un estilo poco frecuentado en España que consiste en imprimir a tamaño gigante fotografías en blanco y negro “que cuestan mucho dinero”.
En la andadura por reivindicar el arte en exteriores ha servido de mucho la
profesionalización que ha alcanzado este gremio de artistas. Un logro que debe mucho a Muelle, figura fundamental del graffiti durante La Movida y precursor de esa forma de expresión gráfica en España. Una de sus icónicas firmas, que aún puede verse en la fachada de un edificio de la calle Montera de Madrid, es objeto de atención por la idoneidad o no de preservarla. Suárez afirma que el problema de conservar esta pintura radica en que está prevista la demolición del inmueble que le sirve de soporte, por lo que se ha creado una plataforma para plantear el rescate de al menos el fragmento de muro donde se ubica.
Quienes recuerdan aún hoy a Muelle lamentan la
escasa atención que profesa su obra, que consideran “parte de la cultura de Madrid y de los 80”. Así, un cartel de grandes dimensiones que conserva el Círculo de Bellas Artes y esta firma de Montera representan el único recuerdo de este artista, después de que se haya perdido uno de sus trabajos en la calle que va de Méndez Álvaro a Atocha por unas obras, detalla.
Sin embargo, el
reconocimiento de este arte por parte de las administraciones va en aumento. Suárez recuerda que en ediciones de la Noche en Blanco en Madrid ha habido espacios dedicados al graffiti, así como en Madrid Río, que cuenta con dos grandes intervenciones. “Es un acercamiento”, sostiene este experto, quien no duda en afirmar que el ciudadano, otro agente implicado en su puesta en valor, lo “respeta”.

Mucho ha tenido que ver en la aceptación de estas obras gráficas el fenómeno que han generado los trabajos de
Bansky, artista del graffiti británico, aclamado por sus ingeniosos trabajos que ha llegado a vender una de sus obras por 120.000 dólares. Pero no piensan igual sus colegas de profesión en España. Suárez cree que su fama los ha “mediatizado”, algo en lo que no todos están de acuerdo, ya que prefieren “huir de esa filosofía comercial”.
De lo que no hay duda, según el autor de esta guía de arte urbano, es de que el graffiti español es
“de los más importantes”, incluso el “segundo de mayor relevancia” después del de Reino Unido. “La potencia y calidad de estos creadores en España está marcando un hito”, dice Suárez, quien cree que esta circunstancia atrae a otros artistas extranjeros, conquistados por la “gran cantidad de redes artísticas alternativas que se están dando especialmente en Madrid”. La capital, concluye, está en un
punto artístico “brutal”.
Datos sobre el libro:
Los nombres esenciales del arte urbano y del graffiti español, de Mario Suárez. Lunwerg Esenciales. Fecha de publicación: 6 de septiembre