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crónica cultural

Fray Angélico en el Museo Jacquemart-André, París

miércoles 28 de septiembre de 2011, 17:57h
Fray Angélico, un monje abierto a las novedades artísticas del Renacimiento, pasó la mayor parte de su tiempo en un convento en la Florencia del Siglo XV. En el monasterio de Doménico de Fiesole, al norte de Florencia, no se bromea con la disciplina religiosa. Desde 1418, allí vive uno de los pintores más activos de la época: Guido di Pietro (1384-1455), más conocido por el nombre de Fray Angélico. Se le conocen una centena de cuadros, el mismo número de frescos, un verdadero récord para un artista de esta época que además debía seguir unas reglas férreas de rezos y ayunos en el convento. Veinticinco cuadros de este genial artista se exponen en París hasta el 16 de enero en el museo de Jacquemart-André.

El interés de la exposición, aparte de la contemplación de un conjunto inusual de obras de una belleza y armonía incomparables, es constatar el paso de la Edad Media al Renacimiento con una pintura más suelta, más libre y que el artista domina mucho más, en donde ya se aprecian el volumen y la perspectiva.

La exposición se ha hecho de tal manera que se puede ver la obra de Fray Angélico al lado de las de sus aprendices, maestros o contemporáneos que también y que se precian a la comparación. Aprendió al lado de Lorenzo Mónaco, último gran representante de lo que se viene llamando el “gótico internacional”. No hay duda que los personajes de Fran Angélico demuestran una expresión mucho más refinada y expresiva, su trazo es más definido y los ropajes tienen ese contraste de luz y sombre, como lo podemos ver en La Virgen y el niño.

Además, la novela Blues de Trafalgar, de José Luis Rodríguez del Corral (Morón de la Frontera, Sevilla, en 1959), ganó, hace unos días, el Premio de Novela Gijón. Es un premio prestigioso, cuyo jurado, compuesto por Mercedes Monmany, Antonio Colinas, Pepe Monteserín, Xosé Bolado y José María Guelbenzu, ha premiado en este caso la estructura y el desarrollo de la trama que parte de un suceso trágico y enfrenta a un grupo de amigos a un dilema moral que les condicionará toda la vida. El autor ha sido codirector de la revista Tempestas. En el año 2003 obtuvo el XXV y último Premio La Sonrisa Vertical con su primera novela Llámalo deseo, obra que se estructura en torno a cuatro personajes cada uno de los cuales tiene una visión diferente del erotismo.

Ha publicado entre otros títulos La cólera de Atila, y Memoria y fábula de Manuel Ferrand. La obra, como todas las del premio Gijón desde hace unos años, será publicada por la editorial Siruela.
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