paso cambiado
Rubalcaba, la campaña electoral de un perdedor
viernes 30 de septiembre de 2011, 07:59h
José Antonio Sentís: "Lo que sorprende es que un partido que ha gobernado una eternidad, como el PSOE, se sitúe de forma tan evidente en el espacio de los perdedores".
Siempre se ha sabido que las grandes promesas electorales parten de quienes carecen de toda posibilidad de ganar. Es un recurso legítimo de los candidatos o partidos que quieren hacerse un hueco por medio de programas imposibles que, sin embargo, puedan engañar a algunos incautos. Pero, también, tales promesas suelen ser signo de desesperación, o ejercicio cínico de demagogia.
Lo que sorprende en esta agónica campaña electoral que todavía no ha comenzado, es que un partido que ha gobernado una eternidad, como el PSOE, se sitúe de forma tan evidente en el espacio de los perdedores, que ofrecen todo porque no aspiran a nada.
Es llamativo, por eso, que después de un tránsito por el poder en España similar al del caballo de Atila, sean los socialistas los que denuncien la voluntad de recortes del Partido Popular. Primero, porque ese camino, el de los recortes, lo empezó de forma bastante dramática el propio Gobierno socialista. Y segundo, porque después de colaborar decisivamente, con su política económica, a dejar en quiebra a España, resulta verdaderamente chocante que se critique a alguien por su lucha para salir del bache nacional.
El PSOE ha montado un happening para denunciar los recortes del PP que se avecinan. Obviamente, lo hace porque creen que no va a ganar, porque si lo lograra, los reyes de los recortes serían los socialistas, como lo han sido el último año. Y, también, por qué no decirlo, porque piensan que con la denuncia tienen alguna posibilidad de victoria entre su clientela menos informada, aunque también sepan que ellos no dudarían en dejar sin muletas a un cojo (y esto no es figurado, a la vista de lo que han hecho con la dependencia) con tal de seguir en el machito.
La cuestión aquí no es si se van a hacer recortes, porque eso es evidente dada la quiebra nacional. La cuestión es quién puede hacer recortes y hundirnos más (último año de Zapatero y Rubalcaba) o quién puede hacer recortes e inspirar además confianza para que cambie el espíritu pesimista que nos envuelve y que también, además de la macroeconomía, es uno de los causantes del mantenimiento de la crisis.
Ahora mismo, no se puede decir que sea Rajoy el acelerador de la recuperación, porque eso es futurología. Pero sí se puede decir que no lo es el candidato socialista, porque eso ya está comprobado por la Historia. Y, como él lo sabe, por eso hace una campaña de perdedor, en la que no se le ha olvidado una sola línea del guión: la derecha extrema, la derecha antisocial, la derecha que asusta a los niños, le quita la pensión a los ancianos y apalea a los minusválidos.
Argumentos todos ejemplares, que demuestran hasta qué punto los socialistas se han pertrechado en un imaginario doctrinal bastante patético, en el que no entienden por qué nada les sale bien, con lo buenos que son, y por qué otros pueden tener éxito, siendo abominables.
La respuesta es bastante sencilla. Los socialistas, en el inigualable decurso de Zapatero, han logrado realizar la política más pasiva para remediar los problemas, y más activa para destrozar las soluciones. Se han ocupado de todo lo inimportante para concentrase en lo accesorio. Han regalado dinero para ganar elecciones, y ahora reprocha que otros se vean obligados a ahorrarlo.
Tienen un patriotismo muy escaso, o una cara muy dura. O, simplemente, están al borde de la desesperación, lo que siempre es peligroso, porque los gatos arañan cuando se les acorrala contra la esquina.
En todo caso, no hay que quitar mérito al empeño de Rubalcaba, porque lucha con uñas y dientes para evitar la catástrofe. Lo que hay que preguntarse es si, de verdad, se cree su propio discurso, el de la derecha debeladora del Estado del Bienestar, o si simplemente es un argumento de campaña. Pues, si se lo cree, es que ese político inteligente y hábil ha perdido la neurona política tras una década de contagio de Zapatero.