Una legislación que está por debatirse próximamente dentro del Congreso brasileño provoca la urticaria de la Federación Internacional de Fútbol (FIFA). La Ley General del Mundial que impulsa el Gobierno de Dilma Rousseff, ha tensado las relaciones entre la millonaria entidad deportiva con el pentacampeón, al punto de que el presidente de la organización, Joseph Blatter, no descarta la posibilidad de mudar a otra sede la Copa del Mundo de 2014.
Las relaciones entre la FIFA y el cinco veces campeón del mundo, Brasil, no atraviesan sus mejores momentos. El idilio entre esta poderosa organización y el país del
jogo bonito, está al borde de sufrir un duro revés a causa de una ley que impulsa el
Ejecutivo encabezado por Dilma Rousseff, la cual no le daría “carta blanca” a la
organización presidida por Joseph Blatter para gestionar el próximo Mundial a celebrarse en el país suramericano dentro de tres años.
La Ley General del Mundial que será discutida próximamente en la Cámara de los Diputados y en el Senado brasileño, aborda asuntos intocables para el ente rector del balompié internacional, como los derechos comerciales del evento, su transmisión y la venta de entradas. Una situación que ha provocado el malestar de Blatter, debido a que estos puntos suponen una de las principales fuentes de ingreso de la entidad deportiva, la cual le ha valido ganancias por valor de cuatro mil millones de dólares en los últimos cuatro años, según el diario
'Folha'.
De aprobarse a finales de este año
la normativa de la polémica, se impondría un descuento del 50% en las entradas para personas mayores de 65 años que también podría incluir a los estudiantes, así como la cesión de imágenes del 3% de cada uno de los partidos a los canales de televisión que no adquirieron los derechos de transmisión y penalizar con tres meses de cárcel o una multa, a quienes vendan productos no oficiales relacionados con la Copa del Mundo.
Esto ha provocado que la
FIFA amenace con mudar el Mundial de 2014 de sede de no llegar a un acuerdo con el Gobierno de Dilma Rousseff. Por su parte, el Ejecutivo de Brasilia, exige a la Federación de Fútbol, respeto a la soberanía del país.
Para Amado Cervo, profesor de la facultad de Relaciones Internacionales de la Universidad de Brasilia, la base del problema es que esto supone para Brasil una intromisión por parte de la entidad deportiva en sus asuntos internos, señaló el académico en una entrevista concedida a la BBC Mundo. “Esto de establecer las reglas, determinar las decisiones, es una cosa de fondo”, agregó.

Durante su visita a Bruselas a principios de octubre, Rousseff sostuvo un encuentro con
el secretario general de la FIFA, Jérôme Valcke, a fin de abrir una mesa de negociación para tocar los puntos más sensibles en torno a la organización de la próxima Copa del Mundo, la cual que comenzó esta semana con el propósito de que tanto la Federación como las autoridades brasileñas logren un acuerdo que beneficie a ambas partes.
“Hay que poner a la FIFA en su lugar”El enojo de Joseph Blatter no ha intimidado a los brasileños que han cerrado filas entorno a la postura del Gobierno en cuanto a la organización de su Mundial. Uno de los primeros en hacerlo fue
el expresidente Luiz Inacio Lula da Silva , quien apuntó que la FIFA no puede injerir en un “proyecto de ley aprobado de forma soberana por el Congreso Nacional”, por lo que subrayó que ningún país del mundo va a dejar su soberanía a un lado para atender los intereses de una organización particular, “sea cual fuera”.
Por su parte,
el exfutbolista, Romario de Souza Faría, que actualmente es diputado del Partido Socialista Brasileño (PSB) y uno de los mayores defensores de la ley de la polémica, insistió en que la misma no va ha poner en riesgo las ganancias que percibirá la entidad deportiva por la organización del Mundial.
"La FIFA va a tener un lucro de miles de millones y ¿no quiere pagar unas cuentas de 180 millones (de reales, unos 101,5 millones de dólares? Tiene que haber media entrada (para ancianos y estudiantes) y quien tiene que pagar esa cuenta es la FIFA", expresó el
exgoleador de la canarinha a través de su cuenta en Twitter. No si antes asegurar que su país tiene que dejar de ser esclavo de la FIFA, sugiriendo que hay que “colocarla en su sitio”, de lo contrario, “dentro de poco estará mandando más que la presidenta (Dilma Rousseff)”.
Brasil aguarda con ilusión su Mundial para poder reivindicar el
“Maracanazo” de 1950, cuando se les escapó la Copa de las manos y en casa ante Uruguay. El país suramericano buscará que este evento deportivo sea algo especial, sobre todo para los brasileños, ya que se celebrará en un país que literalmente vive para y por el fútbol. Una visión que comienza a chocar con una FIFA que también buscará poner sus reglas, aunque ello suponga el costo de aguarle la fiesta a Brasil.