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falta de acuerdo en la comunidad científica

¿Merece la pena vacunarse contra la gripe?

sábado 05 de noviembre de 2011, 20:07h
La campaña de vacunación contra la gripe estacional ha arrancado en España. La OMS recomienda que la población con enfermedades crónicas y los mayores de 65 años se vacunen para reducir la mortalidad hasta en un 80 por ciento. Sin embargo, no todos los estudios son tan optimistas respecto a la efectividad de la vacuna a la hora de prevenir síntomas o complicaciones derivadas del virus. EL IMPARCIAL ha hablado con dos profesionales de la salud, el doctor Juan Gervas y el doctor José María Molero, para presentar sus argumentos contrapuestos a este respecto y extraer conclusiones en torno a si merece o no la pena ir a vacunarse este otoño.
La campaña para la vacunación antigripal arranca en otoño. Desde el Ministerio de Sanidad, Consejerías de las Comunidades Autónomas y asociaciones científico-sanitarias se insiste en que personas mayores de 65 años, embarazadas y enfermos crónicos deben vacunarse. También se recomienda que el personal sanitario y aquellos que trabajen o convivan con pacientes de riesgo se vacunen para evitar convertirse en un vector de transmisión.

Las cifras con las que se justifica la efectividad de esta vacuna son apabullantes. Según la OMS, “en los adultos sanos la vacunación antigripal puede prevenir entre un 70 un 90 por ciento los casos de enfermedad gripal específica, mientras que en los ancianos reduce las muertes en un 80 por ciento” por complicaciones derivadas del virus, como la neumonía, la encefalitis o la bronquitis.

Sin embargo, no toda la literatura científica es tan optimista al respecto. Un ejemplo de ello se encuentra en la 'Revisión Cochrane' de 2010 en la se habla de tan sólo de un 3 por ciento de casos en los que en adultos sanos la vacuna ha evitado las molestias derivadas del virus. Otro estudio publicado en el 'American Journal of Epidemiology' cifra en un 4,6 por ciento la eficacia de la vacuna a la hora de prevenir la mortalidad en mayores de 65 años.


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Esta disparidad de cifras ha llevado a EL IMPARCIAL a preguntarse cuál es la efectividad real de la vacuna contra la gripe y si, en consecuencia, merece la pena vacunarse. Para ello, hemos hablado con dos especialistas. El primero de ellos es el doctor Juan Gervas, médico rural y coordinador del equipo CESCA entre otras funciones, quien asegura que la vacuna antigripal “promete mucho y da poco”. El segundo de ellos, quien defiende la vacuna por su “coste-efectividad”, es el doctor José María Molero, médico de familia y miembro del grupo de enfermedades infecciosas de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC).


JUAN GERVAS: “LO LÓGICO ES QUE LOS SANITARIOS NI SE VACUNEN NI VACUNEN A SUS PACIENTES”

El doctor Juan Gervas lo tiene claro. Él, ni se vacuna ni vacuna a sus pacientes “por ciencia y por ética”. Entre la batería de ejemplos con los que justifica su postura, este doctor en Medicina resalta la “alta improbabilidad” de que el virus circulante coincida con la cepa de la vacuna. Según explica, la antigripal se compone de tres tipos de cepas- dos de tipo A y una de tipo B- que mutan con demasiada frecuencia como para que la OMS pueda garantizar que la vacuna estacional coincide con el virus que provoca la enfermedad.

El comentario de este doctor no es aislado. El principal organismo promotor de la vacunación en EE.UU, el ‘Center for Disease Control’ (CDC), reconoce que la coincidencia entre la cepa circulante y la vacuna ha sido más que baja en sucesivas campañas: en los años 93-94, el 84 por ciento las muestras del virus no coincidía con la vacuna de esa temporada; en la campaña del 94-95, el porcentaje fue del 87 por ciento; en el 97-98, este organismo calificó la coincidencia antigénica como “muy baja”; y en 2003-04 y 2007-08, como “baja”.

No obstante, este no es el único motivo que tiene Gervas para criticar la vacuna antigripal. Indignado, se pregunta en una entrevista con EL IMPARCIAL: “¿Cómo va a disminuir más de la mitad la mortalidad una vacuna preparada para combatir un virus que, como mucho, afecta al 10 por ciento de los pacientes a los que les es diagnosticado?”.

Gervas extrae esta cifra del artículo Vacunas para prevenir la gripe en adultos sanos publicado en la ‘Revisión Cochrane’ de 2010, en el que sus autores concluyen que, dado que “más de 200 tipos de virus tanto gripales como no gripales producen los mismos síntomas (…) en el mejor de los casos, las vacunas pueden ser efectivas contra los virus gripales A y B, que representan el 10 por ciento de todos los que están en circulación”.

De este modo, los vacunados que se contabilizan como ‘supervivientes’ del virus y engrosan la lista de ‘salvados’ por la antigripal han padecido otras enfermedades de sintomatología parecida en el 90 por ciento de los casos lo que, en definitiva, hace inviable que la antigripal evite la muerte o las hospitalizaciones a más de la mitad de los vacunados, tal y como promulgan los organismos sanitarios tanto públicos como privados.


Problemas con los estudios y sus fuentes


Con todo, la razón primera que da esta médico para refutar el uso de la antigripal es la debilidad de las investigaciones que avalan su efectividad. Según explica, “los estudios son observacionales, lo que quiere decir que están sesgados porque sólo se realizan sobre voluntarios”.

Uno de los sesgos más relevantes de los que habla este médico rural es el hecho de que las personas con más probabilidades de morir reciben en menor proporción la vacuna que los individuos más sanos.

De esta afirmación da cuenta el estudio del 'Oxford Journal' Evidencia de sesgos en la efectividad de las vacunas antigripales en pacientes ancianos. Realizado a lo largo de cuatro campañas de vacunación y tomando como muestra a más de 1,4 millones de ancianos, la investigación concluye que “es menos probable que las personas mayores de 65 reciban la vacuna si tienen una posibilidad de fallecer superior al 7,5 por ciento”. Según Gervas, esta tendencia hace que “los resultados favorables sobre la vacunación antigripal se deban más a la selección de personas con buena salud que a la efectividad real de la vacuna”.

Este médico sostiene que “sin ensayos clínicos -estudios experimentales en los que los sujetos se eligen al azar- no se puede concluir nada”. Además apunta un problema con las fuentes que se eligen a la hora de divulgar los estudios. Según dice, “en demasiadas ocasiones se da más difusión a las investigaciones que pregonan los beneficios de la vacunación mientras se silencian las voces independientes”.

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A este respecto, en una revisión de 274 estudios publicada en la ‘Biblioteca Cochrane’ se explica cómo los estudios más favorables son los que están financiados por las farmacéuticas. En concreto, el doctor T. Jefferson, autor de numerosos artículos en esta institución, afirma: “Los estudios financiados por la industria se publicaron en revistas de mayor prestigio y fueron citados más veces que otros estudios, con independencia de su calidad y extensión. Hay una probabilidad significativa de que los estudios financiados con recursos públicos extraigan conclusiones desfavorables para con las vacunas. La evidencia científica en torno a la efectividad de las vacunas es escasa mientras que sí existe evidencia de una manipulación generalizada de las conclusiones y de la falaz notoriedad de los estudios”.

Así, en España, los estudios que reproducen el Ministerio de Sanidad, la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología o la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria, entre otros organismos, provienen en gran medida del CDC, una entidad cuyos vínculos con la industria han sido ampliamente documentados.

Por ejemplo, Wendy Keitel, miembro del Comité de Prácticas de Inmunización (ACIP), también recibe financiación de Novartis y de GlaxoSmithLine para sus investigaciones. Carol Baker, presidenta de este mismo comité, es miembro de la Fundación Nacional de Enfermedades Infecciosas, el cual es destinatario de grandes subvenciones por parte de la industria. También Julie Gereerding es sospechosa de esta ‘contaminación’ al haber pasado de ser la directora del CDC durante seis años a presidir la multimillonaria compañía Merck's Vaccines.

También en el 'British Medical Journal', se ha denunciado con datos la connivencia entre el CDC y las grandes farmacéuticas. En concreto, los autores del artículo ¿Son las estadísticas de mortalidad gripal en EEUU más relaciones públicas que ciencia? aseguran que, dado que “los datos estadounidenses sobre muertes relacionadas con la gripe son un desastre”, las recomendaciones de este organismo responden a una estrategia de comunicación basada en el “marketing del miedo” que no se sustenta sobre la evidencia científica.


“No soy antivacunas


Este argumentario es sobre el que el doctor Juan Gervas sustenta su oposición a la vacunación contra la gripe. Según resume, “hasta que no haya estadísticas corregidas que no estén sesgadas, las oportunidades para discutir y elaborar políticas públicas sanitarias sólidas son limitadas”. Además, la preocupación última de este doctor en medicina es que aumente el descrédito de las vacunas y del de las autoridades sanitarias: “No soy antivacunas. Algunas son claves en salud pública, como la del sarampión, la rabia, la hepatitis B o la rubeola pero no es el caso de la gripe. Los abusos de los que anuncian milagros difunden errores y hacen negocio están desacreditando a todas las vacunas”, lo que, en última instancia, “sí puede generar graves problemas de salud pública”.


JOSÉ MARÍA MOLERO: “LA VACUNA SIEMPRE ES BENEFICIOSA EN PACIENTES DE RIESGO”


Por otro lado, el doctor José María Molero, sí defiende la efectividad de la vacunación. Según explica a EL IMPARCIAL, “la vacuna es recomendable en aquellos pacientes que tengan más riesgo de sufrir complicaciones por la gripe”. Estos son las personas mayores de 65 años, los enfermos crónicos -tanto adultos como niños-, las mujeres embarazadas en cualquier etapa de la gestación y las personas que estando sanas puedan transmitir la enfermedad a los pacientes anteriormente mencionados.

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Por otro lado, el doctor José María Molero sí defiende la efectividad de la vacunación. Según explica a EL IMPARCIAL, “la vacuna es recomendable en aquellos pacientes que tengan más probabilidades de sufrir complicaciones por la gripe”. Estos son las personas mayores de 65 años, los enfermos crónicos -tanto adultos como niños-, las mujeres embarazadas en cualquier etapa de la gestación y las personas que estando sanas puedan transmitir la enfermedad a los pacientes anteriormente mencionados.

Respecto a las críticas sobre su efectividad, Molero aclara: “Esta vacuna no es como la del sarampión, una vacuna universal que protege al 95 por ciento. Aún así, en los grupos en riesgo, sí evita que se descompensen enfermedades –diabetes, asma, insuficiencia cardiaca- en un porcentaje de efectividad lo suficientemente estable como para considerarla beneficiosa”.

En contra de lo expresado por el doctor Gervas, este médico de familia asegura que la probabilidad de similitud entre cepas y virus circulante es superior al 80 por ciento y aclara que los cambios que se producen cada temporada “no son tan importantes como para considerarlo un virus diferente”.

También existen numerosos estudios que avalan esta afirmación. Uno de ellos es el titulado Efectividad de la vacuna antigripal en ancianos integrados en la comunidad, del del 'New England Journal of Medicine', en el que se asegura que, a excepción de las campañas de los años 92-93 y 97-98, la coincidencia antigénica entre el virus y la vacuna fue “entre buena y excelente” en la última década. Además, aunque no coincidan al cien por cien, la vacuna sigue teniendo un porcentaje de efectividad considerable: en las dos temporadas peor consideradas en este estudio, la vacunación se asoció a una reducción de las muertes en ancianos del 37 por ciento, una cifra menor que con buena coincidencia entre vacuna y virus circulante, aunque aún significativa.

A este respecto, el CDC explica que “la vacuna contra la gripe contiene tres cepas de virus, de manera que, incluso cuando exista una correspondencia por debajo de lo ideal o menor eficacia contra una cepa, la vacuna puede proteger contra los otros dos virus. Por estas razones, incluso durante temporadas cuando existe una correspondencia por debajo de lo ideal, se recomienda la vacunación en especial a las personas con alto riesgo de sufrir complicaciones”.

“Hay que mejorar los estudios"

A pesar de todo, Molero sí reconoce que, a la hora de divulgar porcentajes de efectividad, se cae en un ‘positivismo’ no siempre justificado. Este doctor asume la debilidad de los estudios observacionales: “Tienen pegas en cuanto a la solidez”, dice para explicar, al igual que lo hiciera el doctor Gervas, que “en los estudios se mezclan pacientes con gripe y pacientes con cuadros similares en los que la vacuna no es eficaz. También hay factores de confusión en la selección de los voluntarios y sesgos que no se pueden controlar, de modo que las conclusiones van sujetas a un posible error”.

Con todo, este médico defiende su postura favorable a la vacunación, pues, como dice, “la mayoría de estudios respecto a la efectividad de la vacuna hablan de un intervalo de entre el 30 y el 70 por ciento a la hora de reducir mortalidad, hospitalizaciones y síntomas derivados del virus en todos los pacientes a los que se recomienda la vacunación. Un 30 por ciento en la reducción de las hospitalizaciones o la mortalidad es un porcentaje amplio que supera el coste de la vacunación en las personas a las que se recomienda”.

Este “coste” al que se refiere Molero está más relacionado con la ética -no dejar morir o enfermar a un indeterminado número de personas a coste de vacunar a un amplio número de pacientes- que con la economía pura y dura. Si en 2010 el Sistema Nacional de Salud tuvo que afrontar el pago de unos 15 millones de euros por atender infecciones gripales en el año 2011, la compra de 3,6 millones de dosis por sólo ocho de las 17 Comunidades Autónomas suma más de 21 millones de euros.

A este respecto, el doctor dice que “se trata de políticas de salud pública en las que se valora la eficiencia. Prevenir, en este caso, causa mínimos perjuicios a la población, ya que los efectos secundarios son mínimos -una pequeña inflamación local- y los beneficios se han probado en estudios empíricos y observacionales. No sería sostenible, desde el punto de vista ético, plantearse no vacunar a pacientes mayores de 65 con enfermedades crónicas para ahorrar costes”, sentencia.






El actual debate, según sostiene este doctor, se debe a que “la pandemia de la Gripe A radicalizó las posturas en torno a la vacunación”. Después de que se evidenciaran los errores cometidos durante la pandemia de la Gripe A, -sólo España compró 36 millones de dosis en 2009 mientras que apenas murió una persona- una oleada de “escepticismo” recorrió el mundo científico por lo que “han surgido posicionamientos 'a favor' o 'en contra' de la vacunación.

Aún así, según detalla, la radicalización de las posturas ha servido para que aumenten los estudios sobre la efectividad de la vacuna antigripal y, en último término, a que se actualicen para demostrar su valía. “Hay que mejorar los estudios y también ser más precisos a la hora de divulgar los datos para no crear confusión, pero la vacuna siempre es beneficiosa en aquellos pacientes que tengan más riesgo de sufrir complicaciones por la gripe”, concluye Molero.


¿MERECE LA PENA VACUNARSE CONTRA LA GRIPE?


No hay pues una única conclusión en el mundo científico sobre la efectividad de la vacuna antigripal a la hora de reducir los síntomas y las enfermedades derivadas de esta infección. Esto se debe, fundamentalmente, a la enorme variedad de los estudios realizados hasta la fecha, a las dificultades para reconocer y cuantificar la epidemiología de la enfermedad y a las limitaciones de la investigación observacional.
Así, se revela necesario bien la realización de ensayos clínicos, como demanda el doctor Juan Gervas, bien la estandarización y mejora de los métodos que miden la efectividad de la vacuna, tal y como sostiene el doctor José María Molero.

Con todo, los dos médicos están de acuerdo en que hay medidas preventivas que son altamente eficaces para evitar enfermar este otoño. Los clásicos de llevar una alimentación equilibrada, no fumar y realizar ejercicio ayudan a las defensas a estar preparadas ante casi cualquier virus. Asimismo, es importante adoptar medidas higiénicas como lavarse las manos, ventilar las habitaciones o estornudar llevándose un pañuelo desechable a la boca ayudan para contener la propagación de la gripe.

Dado que las autoridades sanitarias recomiendan la vacunación en personas con enfermedades crónicas o mayores de 65 años, estos pacientes deben consultar a su médico de cabecera la conveniencia o no de vacunarse para tomar una decisión lo más informada posible.


Carlota Calderón: carlota.calderon@elimparcial.es
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