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entrevista

Fernando Tejero: "Mi perro me recibe mejor que una novia"

lunes 07 de abril de 2008, 16:57h
¿En algún momento, consigue desconectar de la euforia que vive desde hace tiempo?
Me resulta difícil. En el fondo, soy muy masoquista (risas) pero también muy optimista. Yo decido “dejarlo todo” y estudiar Arte Dramático siendo ya mayor. Sabía que me la jugaba, pero tenía una confianza interior en mí mismo, que sabía que me haría salir adelante. Mi familia no daba por mi “ni un duro”, mis amigos tampoco.. pero algo me decía que, algún día, viviría de esto.

¿Cómo fue ese momento de “papá, mamá, hago la maleta” y me voy?
Duro, muy duro. Yo tenía casi treinta años, cuando tomé esa decisión. Mis padres no lo aceptaron bien, estaban convencidos que me estaba equivocando, estaban seguros de que me cansaría al ver que las cosas no saldrían como yo pensaba. Yo era el pequeño de los hijos y mis hermanos llegaron a reprocharme que dejaba a mis padres solos por cumplir un capricho.


Fernando Tejero junto con el reparto de "Fuera de carta" Foto: Berardo Doral
¿Y ahora?
¡Imagínate lo que pasará por sus cabezas!. Todos los hermanos empezamos trabajando en la pescadería de mi padre. Cada uno, a medida que pasaban los años, se fueron buscando la vida y se marcharon. Yo era el único que seguía allí, el que discutía con mi padre, el que soportaba los problemas de la convivencia, porque no hay nada peor que trabajar con la familia: te tratan fatal, te pagan fatal... y luego tú eres el malo. Yo siempre había pensado antes en los demás que en mí, hasta el día que decidí tomar “las riendas” de mi vida e intentar ser actor...

¿Se arrepiente de ese “acto de valentía”?
Jamás me he arrepentido de haber “dejado de dormir” por esta profesión. Es la mejor decisión de mi vida, la que ha hecho posible que conozca mejor a mi familia. ¿Sabes?...yo, a mi padre, apenas de conocía. Nunca le había visto llorar, y ahora llora. Cada vez que habla de mí llora. No sé si es porque siente que, en un momento, él no confió en mí y no me apoyó... o porque, de verdad, está orgulloso de su hijo. Mi mayor satisfacción es haberle demostrado a mi familia que lo mío no era un antojo, sino que era una vocación que no me habían dejado exteriorizar. Ahora, todo lo que les digo les parece bien, todo lo hago bien...

¿Qué queda de aquél chico de la pescadería en el triunfador que tengo delante?
¡Mucho!. Yo sigo siendo muy niño, aún sigo pensando que tengo que madurar más. Queda el tener los pies “muy en la tierra”, quedan mis amigos de infancia, quedan mis raíces. Ya no queda el anonimato, que se echa de menos, y tampoco queda una estabilidad sentimental, que me hace mucha falta. Sólo echo de menos una mujer que me quiera mucho...¡pero dicen que no se puede tener todo!

¿Qué poder le da la fama?
Créeme que ninguno. A mí me crea mucha inseguridad y me hace estar muy perdido. Yo lo he llegado a pasar muy mal por la fama. El éxito me vino muy rápido, me invadió sin darme cuenta y me costó mucho controlarlo. Pasé de poder comprar el pan en la panadería con tranquilidad a ser el centro de todas las miradas. Fue difícil de asimilar. Me salvó el tener la cabeza “encima de los hombros” y pensar que todo ésto es efímero...



Así que la vanidad ni le roza...
No soy vanidoso. Creo que voy a seguir trabajando en esto mucho tiempo, porque la pasión que pongo en todo lo que hago tiene que tener su recompensa, por mucho éxito que llegue a alcanzar, nunca dejaré de ser el chico que llegó de Córdoba, con treinta años, dispuesto a ser alguien en el difícil mundo de la interpretación... Si ya no he cambiado con todo lo que me ha pasado... ya nada me hará cambiar. Te apuesto lo que quieras...

¿Ha intimado ya con la soledad?
¡No sabes de qué manera!(risas). Tengo la suerte de tener muy buenos amigos, que hacen que no me sienta sólo nunca pero, qué duda cabe, que no pueden estar físicamente al lado todo el día así que, de momento, cuando llego a casa le cuento mis cosas a mi perro, que me recibe mejor que una novia... Hay días que me siento sólo y, aunque no me deprime el hecho de que sea así, me gustaría no sentir ese vacío pero... ésa es mi realidad en estos momentos.

¿El crítico más duro está en casa?
¡Y tanto que sí! Yo soy mi peor crítico. Mis amigos y la gente que me quiere siempre me están diciendo que disfrute del momento, que no me exija tanto, que no me “machaque” como lo hago. Los directores, con los que trabajo, me dicen que soy un pesado, un perfeccionista... lo soy asquerosamente en mi trabajo, en mi vida personal no tanto...

¿Cómo es ese Fernando al que la gente no tiene acceso?
Soy un tío muy inseguro, muy quisquilloso, con muchos complejos y con mucha falta de autoestima. Soy un tío difícil, ¿eh?, soy un tío difícil... incluso para la convivencia porque, cuando me enamoro, soy empalagoso, soy muy pesado, muy egoísta.. y me convierto en muy moro, me sale la parte cordobesa que tengo. Lo mío es mío y llego a agobiar, por eso la mayor parte de las parejas que he tenido no me han funcionado.