Sus 33 años de vida fueron más que suficientes para convertirse en todo un hito del siglo XX. María Eva Duarte pasaría a la historia como Eva Perón, Evita, la primera dama argentina que luchó contra las desigualdades sociales y políticas con guantes de seda y vestidos de Dior. Ahora, el documental La sombra de Evita, de Xavier Gassió, viaja a 1947 para desempolvar las huellas que Eva dejó en la España franquista durante su gira europea.
En el verano 1947, las mujeres españolas sabían el look que querían darle a su pelo. La referencia se repetía en peluquerías y salones de belleza –para quien pudiera permitirse frecuentarlos en la deprimida España de posguerra-: “Quiero un peinado como el de Eva Perón”. Lo cuenta
Lluís Llongueras en el documental
La sombra de Evita, que se estrenó el pasado viernes en las salas de nuestro país y que desanda los pasos de la mujer del dirigente argentino Juan Domingo Perón durante los veinte días que, en junio del 47, visitó España.
Llongueras era por aquel entonces aprendiz de peluquería y su testimonio apoya una de las dimensiones que, aunque pueda parecer frívola a priori, mejor dibuja la efervescencia popular en torno a
Eva Perón, tanto en su amada Argentina como en la España que conoció de la mano de Francisco Franco y su mujer, Carmen Polo.
“Desde la perspectiva española, Evita proyectaba la imagen de una mujer espectacular en un momento muy gris, muy triste y represor”, explica a
EL IMPARCIAL el realizador
Xavier Gassió, experimentado documentalista que se ha lanzado al largometraje con este retrato tridimensional de la primera dama argentina. El viaje de Eva Perón a España se sustentaba en la estrategia de su marido para sembrar relaciones con un país radicalmente anticomunista en plena gestación de la Guerra Fría y en la necesidad imperante de calmar el hambre de los españoles, recién salidos de una guerra civil y sometidos al bloqueo internacional.
Según el director, Franco “tenía claro” lo que quería sacar de la visita de Perón: “trigo y carne”. Sin embargo, al dictador “le hizo gracia aquella mujer tan radiante, tan opuesta a lo que era
Carmen Polo”.
La sombra de Evita rescata imágenes del NO-DO “prácticamente inéditas en España y nunca vistas en Argentina” sobre la visita de Eva Perón a España que ilustran esa especie de fascinación de Franco hacia una mujer cuyos hombros descubiertos chocaban con toda norma de recato típica de la vestimenta española femenina de la época.

“Eva llegó aquí con toda la espontaneidad y soltura del mundo y con un cariño hacia los obreros y las clases más humildes que colisionaba con las esferas del poder en aquel momento”, dice Gassió, quien recuerda una anécdota sobre la tensa relación de la primera dama argentina con Carmen Polo: “Evita le dijo a la mujer de Franco que, al menos,
a Perón lo había votado el pueblo mientras que a su marido no”.
Evita y el (no) peronismoUn amplio –desproporcionado- despliegue de aplausos, vítores y ramos de flores, un ejército de mujeres con el pelo ‘a lo Perón’ y un inusual número de niñas llamadas Eva que ahora rondan los sesenta y cinco. Así despidió Evita a los Franco para continuar su gira europea que la llevaría a Italia, Inglaterra o Suiza, entre otros. La actriz de provincia convertida en primera dama salió de Argentina como María Eva Duarte y regresó como Eva Perón, Evita, y su sombra se hizo grande, radical e inmortal.
“Evidentemente hay claroscuros en la figura de Eva Perón”, reconoce Xavier Gassió a este periódico. “La sombra de Evita puede ser amenazadora, y lo fue para muchos”, continúa; “ella era muy drástica,
muy en blanco y negro: todo para algunos y nada para otros”. Sin embargo, el cineasta asegura que, personalmente, desarrollar este proyecto ha sido como realizar un viaje desde “la imagen estereotipada” que se puede tener de Evita hasta llegar casi a conocer a un personaje que, “surgido de la nada, llega a tanto en tan pocos años y, cuando lo tiene todo, lo deja de golpe” para luchar por las injusticias sociales. Gassió pone el acento en lo que Evita significa para muchos argentinos: “Tengo amigos, para nada peronistas, más bien de izquierdas, pero que a Evita, ni se la toquen”.

Eva Perón consiguió el voto femenino –“casi al tiempo que en Francia, considerado la cuna de la democracia europea”, destaca el director del documental- y arrastró en masa a las mujeres argentinas hasta las urnas; dedicó hasta veinte horas diarias a repartir dinero, mantas y comida entre los más humildes y renunció, ya enferma del
cáncer que la derrotaría en 1952 y ante miles de personas que la aclamaban, a presentarse a la vicepresidencia del país, probablemente inducida por Juan Domingo Perón , según la cinta.
En los algo más de noventa minutos de metraje de
La sombra de Evita se dan cita historiadores, periodistas, escritores, médicos, psicólogos, amigos y familiares para descifrar la radiografía más exacta posible de la “jefa espiritual de la nación”, como era conocida en argentina. Tal y como afirma en la cinta el ex ministro peronista
Antonio Cafiero y ratifica Gassió a este periódico, “el elemento pasional es lo más importante” en la figura y la herencia de Evita, “más que destacar elementos negativos y positivos” que llevarían a un “ajuste de cuentas” innecesario.
Eva Perón en el siglo XXIA Xavier Gassió le abrieron la puerta hacia
La sombra de Evita cuando recurrieron a él en busca de imágenes de archivo para la miniserie
Una carta para Evita –que acaba de terminar de rodarse, dirigida por el ganador del último premio Goya,
Agustí Villaronga-, puesto que Gassió había trabajado previamente en los 37 capítulos de la serie documental
La España del NO-DO.

Un documental y una ficción producidos en España, en el mismo espacio de tiempo, que acercan al público la figura del político pasional, luchador y cercano a las necesidades de los ciudadanos. ¿Es imaginable, “aquí y ahora”, esta clase de política?
Según Gassió sí que existen en la actualidad políticos o líderes de opinión capaces de enamorar a las masas. “Lo que ocurre es que hoy es
todo mucho más efímero”, señala el director, para quien un gran problema de los políticos actuales es que “una vez dentro del sistema parece que descubren encerronas y compromisos que desde fuera parecían no saber, o por lo menos no proyectaban a sus votantes, por lo que cambian de forma evidente y dejan de hacer cosas que habían prometido”. Para el cineasta, lo que consiguió Eva Perón, quien “una vez en el poder, se enfrentó a una parte del sistema del que formaba parte, es bastante inconcebible actualmente”.