El sol también pone en peligro nuestra piel en invierno
sábado 10 de diciembre de 2011, 11:26h
No proteger la piel de los efectos del sol en invierno también puede resultar muy peligroso. Tanto es así que los expertos advierten de que, aunque es importante que esté siempre hidratada y llevar una dieta sana que aporte antioxidantes, es fundamental la protección solar porque la radiación ultravioleta produce un efecto acumulativo.
La dermatóloga del Hospital USP San Camilo de Madrid, Elisa Pinto, ha explicado que "la radiación solar es menor durante los meses de invierno, pero no hay que olvidar el efecto acumulativo del daño solar en ese periodo" y avisa que "las consecuencias de no cuidar la piel son inmediatas como en el caso de las quemaduras, o bien a largo plazo como ocurre con el fotoenvejecimiento y el cáncer de piel".
Pinto ha destacado la importancia de hidratar la piel en los meses de frío con cremas solares que ofrezcan un factor de protección 30 y aconseja que, si además realizamos actividades deportivas como montañismo o esquí, es conveniente elevar el índice de protección solar a 50. La doctora insiste en lo poco efectivo que supone elevar el índice, ya que "factores de protección superiores a 50 no tienen ventaja respecto a la incidencia del cáncer de piel".
Del mismo modo, señala que "el cáncer de piel aumenta su incidencia últimamente precisamente porque las nuevas generaciones están más expuestas a las radiaciones ultravioletas que las anteriores, de manera que cada año se diagnostican en el mundo más de 2 millones de casos de cáncer de piel no melanoma", pero sí, enfatiza, "más de 130.000 nuevos casos de melanoma". También es verdad, resalta esta especialista dermatóloga, que "cada vez se tratan mejor porque se hace más prevención".
Antioxidantes en la dieta Esta experta hace hincapié igualmente en la "importancia de una dieta sana que aporte antioxidantes (rica en frutas y verduras) y por la misma razón, eliminar de ella aquellos factores que son perjudiciales, como es el alcohol". Al respecto, apunta que "el alcohol y el tabaco perjudican a largo plazo porque aceleran los fenómenos de envejecimiento natural de nuestra piel y por tanto, aceleran también los procesos de fotoenvejecimiento".
Elisa Pinto advierte de los factores de riesgo para una piel desprotegida y matiza que "la contaminación obstruye los poros y provoca sequedad en la piel"; el tabaco provoca el envejecimiento cutáneo o la aparición prematura de arrugas (piel menos tersa y luminosa) y el alcohol, consumido de forma abundante y continuada, genera cuperosis (dilatación de los vasos sanguíneos que pueden llegar a hacerse visibles especialmente en la nariz y las mejillas) y, además, acelera también el envejecimiento natural de nuestra piel.
Capital solar Por todo ello, los especialistas hacen especial hincapié en el capital solar, que es el número de horas que un individuo puede exponer su piel al sol durante toda su vida. Está determinado genéticamente y, una vez consumido, comienzan los problemas cutáneos. El riesgo del efecto acumulativo de radiación ultravioleta no desaparece después del verano. Aunque la intensidad sea menor en invierno, el sol sigue siendo dañino para nuestra piel. "La acumulación de la radiación ultravioleta a largo plazo puede generar la aparición de melanoma", advierte la doctora Pinto.
Los expertos explican que el capital solar se puede 'conocer' estando pendientes de si perdemos colágeno, tenemos la piel menos elástica y empiezan a aparecer arrugas o manchas. Señalan que la radiación solar repercute en la dermis (capa profunda de la piel) y la epidermis nos 'avisa' con estos signos.
Es importante tener en cuenta que la protección solar evita esta situación, mientras que determinados tratamientos de estética la revierten. Lógicamente, la protección se aplica en las partes del cuerpo que puedan estar expuestas a la radiación solar y que en invierno serán cara, cuello y manos a lo que se pueden sumar escote y brazos.
Para terminar, Pinto recomienda la visita al dermatólogo de forma regular, "aunque el paciente no observe lesiones cutáneas alarmantes" y controlar los nevus (lunares) y manchas, que cambian a lo largo de nuestra vida y pueden evolucionar a melanoma. Matiza que, aunque no todos los cambios en la piel son peligrosos, una correcta "educación" orientada a la revisión anual y rutinaria es fundamental en el diagnóstico precoz, que asegura una actuación rápida y eficaz frente a la enfermedad.