Como investigadora en bioquímica y biología molecular ha estado ligada de por vida al estudio de los mecanismos genéticos de un bacteriófago (virus que infecta bacterias) llamado Phi29. ¿Qué es el Phi 29: un amante que trae de cabeza a Margarita Salas?Es un virus que infecta a bacterias y que tiene propiedades muy buenas para su estudio. Es un virus pequeño, con lo cual es fácilmente manejable. No hace daño a nadie, más que a la bacteria. Hemos podido descubrir un nuevo mecanismo para la iniciación de la duplicación del material genético, y mecanismos también de cómo se controla la expresión del material genético.
¿Qué se siente al ser la primera española con asiento en la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, la primera mujer en depositar un legado personal en la Caja de las Letras (cámara del Instituto Cervantes que acoge documentos de figuras insignes de la cultura hispánica) y la primera mujer que presidió el Instituto de España?Pues por una parte es un privilegio, en particular este último nombramiento de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos. Iré el 26 de abril a tomar posesión y para mí ha sido un reconocimiento muy importante, independientemente de que sea mujer o no. Cualquier investigador se sentiría muy orgulloso y muy reconocido con este nombramiento.
Severo Ochoa tenía una estrecha relación con su familia. En el verano del 58 usted asistió a una de sus conferencias en Oviedo y poco después, Severo Ochoa le regaló un libro de bioquímica que despertó definitivamente su interés por la ciencia…
Pues sí, así fue. La conversación con Severo Ochoa, la conferencia que dio en Oviedo, el libro de bioquímica que me mandó… todo eso hizo que me dedicase a la bioquímica. Él también me recomendó que hiciese la tesis doctoral con un excelente bioquímico en Madrid y después que me fuese a Nueva York con él a hacer una fase posdoctoral. Y exactamente fue eso lo que hice, seguir los consejos… y bueno, yo creo que me ha ido bastante bien.
Margarita Salas tuvo que hacer un gran esfuerzo para adaptarse a aquellos tiempos en los que no estaba bien visto que una mujer entrara en un laboratorio…Sin embargo fueron tres hombres los que la ayudaron a abrirse camino en este difícil mundo de la ciencia: su padre, su marido y Severo Ochoa…Efectivamente. Mi padre tenía muy claro que sus dos hijas, ya que somos dos hermanas y un hermano, tendrían las mismas oportunidades de estudiar una carrera que el chico. De hecho, yo vivía en Gijón y decidí ir a Madrid a estudiar porque no tenía claro si estudiar química o medicina, y en la Universidad de Oviedo no había facultad de medicina en aquella época. Así que me fui a Madrid a hacer un curso selectivo que me podría valer tanto para química como para medicina, porque si después me dedicaba a la medicina, pues ya estaba en Madrid para continuar esa carrera. Mis padres no me pusieron ninguna objeción a que me fuera a Madrid a estudiar cuando yo podía haber estudiado química en Oviedo. Mi marido ha sido el apoyo continuo durante toda mi vida científica, me ha apoyado para que yo fuese una científica independiente. Cuando volvimos de Nueva York e iniciamos un trabajo conjunto en Madrid el decidió abandonar ese proyecto e iniciar otro para que yo pudiese realizar mi trabajo, es decir, darme la posibilidad de que yo demostrase que podía ser una científica independiente. Y Severo Ochoa fue el que inicialmente dirigió mis pasos hacia la bioquímica y después hacia la biología molecular, que después pude desarrollar y enseñar aquí en España.
Usted tuvo que enfrentarse al agravio machista. Su director de tesis Alberto Sols le dijo que “como era una chica, le daría una investigación de menor importancia, porque así, si no la sacaba adelante, nada se perdía”. Sin embargo, años más tarde, cuando a usted le entregan el Premio Severo Ochoa de Investigación de la Fundación Ferrer, el propio Sols, en un acto de magnífica honradez recordó estas mismas palabras ¿Ha cambiado mucho el papel de la mujer en el mundo de la ciencia?Muchísimo. Hoy en día a la mujer no se le considera un bicho raro en la ciencia, sino todo lo contrario. De hecho, en nuestros laboratorios de investigación hay iniciando la tesis doctoral más mujeres que hombres. Es normal ver a muchas mujeres en nuestros laboratorios. Es cierto que la mujer todavía no ha alcanzado los puestos de liderazgo en la ciencia, pero lo está logrando. Todavía no estamos al 50%, pero yo calculo que en quince años la mujer alcanzará en el mundo científico el puesto que le corresponda de acuerdo con su capacidad, independientemente de que sea mujer.
Cuando terminó su tesis se casó con su compañero, el también científico Eladio Viñuela, y se fueron a Nueva York a realizar el posdoctorado respondiendo a la llamada de Severo Ochoa ¿Cómo fue esa etapa de su vida?Fue una época fascinante. Desde el punto de vista científico fue fabuloso porque yo llegaba del Madrid de comienzos de los 60, donde la investigación que se podía hacer era bastante pobre, y eso que yo tuve la suerte de tener un buen director de tesis, que era Alberto Sols… a pesar de su machismo, yo considero que adquirí una buena formación en bioquímica. Pero llegar a Nueva York, era llegar a un mundo fantástico; se podían hacer experimentos que en España eran inviables, se tenía contacto con muchos científicos, muchos seminarios, en fin, era un ambiente fantástico para la ciencia. Desde el punto de vista cultural, también era fabuloso porque allí se podían ver películas que no se podían ver en España, como por ejemplo Viridiana de Buñuel. Se podía oír música, comprar discos, ir a exposiciones… Los tres años que pasamos en Nueva York mi marido y yo fueron los más felices y los más fructíferos de nuestra vida científica.
Admira a Simone de Beavoir, a Marie Curie y a otra mujer adelantada a su tiempo, su tía abuela Lucía Salas… Ahora es usted la que es admirada por muchos ¿Qué se siente?Se siente mucha satisfacción. Si he podido contribuir a ser un modelo para las mujeres; para que sepan que nosotras también podemos hacer ciencia, la mejor ciencia que seamos capaces, es una gran satisfacción.
Hablando de su tía abuela Lucía, en una ocasión le dijo “El día que te den un premio importante me levantaré de mi tumba para celebrarlo”. ¿Debe estar orgullosa?Sí. Era una mujer extraordinaria a la que le tocó vivir una época en la que la mujer no estudiaba y ella siempre decía que le hubiera gustado estudiar derecho. Era una mujer muy impetuosa, muy rigurosa. Ella nos envidiaba, sanamente, a mi hermana y a mí por haber podido estudiar una carrera, algo que ella no puedo hacer.
¿Cuál debe ser la principal virtud de un científico?En primer lugar debe tener entusiasmo por lo que hace y una gran dedicación, eso son condiciones sin ecuanon. Después debe tener una gran curiosidad por conocer y una gran imaginación, pero a la vez mucho rigor para no dar pasos en falso. El rigor en el trabajo científico es algo que Severo Ochoa me enseñó muy sabiamente. Él era enormemente riguroso en el trabajo y no dejaba pasar por alto ningún detalle, y eso es muy importante en ciencia.
¿Son estas las virtudes de Margarita Salas?No lo sé. Trato de tenerlas y seguir las enseñanzas de los maestros.
Una de sus labores dentro de la RAE, donde ocupa el sillón “i” desde 2001, es aclarar términos sobre ciencia. Ardua labor si tenemos en cuenta que mucha gente no sabe lo que es una planta transgénica ni una célula madre…
Pues sí, todo esto hay que definirlo, hay que ponerlo en términos “entendibles” para que la gente de la calle cuando lee la prensa y se encuentre esas palabras, vaya al diccionario y sepan lo que significan y cómo se definen esos términos.
Le encanta Almodóvar, el cine americano, Bach, el tenis y la pintura abstracta… ¿a esto dedica su tiempo Margarita Salas cuando no está entre probetas y microscopios?Los fines de semana trato de hacer estas otras cosas que también me gustan aparte de la ciencia. Mi dedicación, casi al noventa y mucho por ciento es la ciencia, pero también me gusta el arte, el cine, la música, el tenis… Me gustan otras cosas que trato de compaginar con la ciencia cuando tengo tiempo.
Según Julio Verne "La ciencia se compone de errores, que a su vez, son los pasos hacia la verdad."
Según Julio Verne "La ciencia se compone de errores, que a su vez, son los pasos hacia la verdad" ¿Ha cometido muchos errores Margarita Salas para llegar a la verdad?Más que errores, se obtienen resultados que uno no esperaba, y hay que saber interpretarlos para llegar a los resultados que consideramos verdaderos. Muchas veces los experimentos no salen y uno tiene que volver sobre ellos y dar muchos pasos para llegar a la verdad absoluta, aunque la verdad absoluta es difícil. Yo siempre digo que en ciencia no existen dogmas de fe: lo que se pensaba que era verdad hace treinta o cuarenta años, puede no ser verdad posteriormente.
Muchos años dedicada a la ciencia… ¿Se le ha pasado por la cabeza la jubilación?No se me ha pasado por la cabeza, espero que me queden muchos más.
