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[i]SOS… TENGO UNA ADICCIÓN[/i]

Adicciones: el riesgo de recaída se multiplica con las navidades

miércoles 21 de diciembre de 2011, 20:30h
Los hábitos característicos de las fechas navideñas propician la recaída de personas que han superado cuadros adictivos o están en un proceso de recuperación. El alcohol, el tabaco o las adicciones menos “populares”, como la obsesión por las compras o el ejercicio físico, adquieren en Navidad significados distintos que cuestionan la frontera entre el exceso puntual y la enfermedad.
Las Navidades son época de excesos: las comidas y cenas familiares o de trabajo, las copas con los amigos, la compra de regalos o de lotería constituyen el caldo de cultivo perfecto para romper la trayectoria positiva de las personas adictas en proceso de recuperación. Así lo cree el psicólogo experto en adicciones José Antonio Molina del Peral, autor del recién publicado manual SOS… Tengo una adicción (Ediciones Pirámide), quien reconoce en una entrevista con EL IMPARCIAL que nos enfrentamos a una época “mucho más propicia para las recaídas”.

Según explica Molina, “en Navidades parece transmitirse el mensaje de que todo está permitido o que los excesos se pueden pasar por alto”, una señal “peligrosa” para los pacientes. Los factores del entorno social del adicto influyen de forma determinante en el éxito o el fracaso de un tratamiento, por lo que el especialista aconseja reforzar las técnicas de autocontrol en estos días.

En el consumo de determinadas drogas existe también “un elemento cultural más allá de la ápoca concreta en la que nos encontramos”, señala el psicólogo, quien ilustra su afirmación con las múltiples formas en que, por ejemplo, el alcohol se integra en nuestra cultura. La liturgia cristiana se celebra con vino, en nuestra forma de comunicarnos el alcohol también está muy presente –“quedar a tomar unas cañas”- y muchos de los rituales que tenemos más interiorizados están relacionados con bebidas alcohólicas –“no brindar con agua, por dar mala suerte”-.

“Esta aceptación social, como ocurre también con el tabaco, hace que su consumo se haya normalizado y se menosprecien sus consecuencias negativas”, apunta Molina. La contextualización de una determinada adicción en el entorno social del individuo es clave y traspasa las fronteras de las, según el psicólogo, “mal llamadas, drogas blandas”.

Tal y como aborda en su última publicación, Molina explica a este periódico cómo los distintos tipos de drogas ven aumentado o disminuido su consumo según el contexto social en el que se muevan. Así, mientras en la década de los ochenta la droga más consumida era la heroína, “la sustancia estrella” de los últimos años ha sido la cocaína, que hace treinta años constituía un producto muy exclusivo de las clases más adineradas.

“A día de hoy no existe una droga ‘chic’ o elitista, de las clases altas”, explica el experto, puesto que la cocaína se ha convertido en la droga “de todas las clases”. De hecho, España es el país europeo con el índice de consumo de esta sustancia más alto. No obstante, el estancamiento que se produjo en 2007 ha ido dando paso a una reducción del mercado español reflejada en los últimos informes. Para Molina, este dato positivo no tiene que ver “únicamente” con la crisis económica. “Bajo mi punto de vista se han hecho unas buenas campañas de prevención durante la última década que, posiblemente, también hayan dado su fruto”.

Con respecto a la posibilidad de legalización de algunas sustancias tales como el cannabis, planteada recientemente en el País Vasco y objeto frecuente de debates y controversias, Molina dice no poder posicionarse claramente.

De un lado, rebate el famoso argumento del uso terapéutico porque, según argumenta, es “la extracción de su principio activo, el THC, de lo que pueden obtenerse beneficios, no de fumar cannabis”. Por otra parte, desde el punto de vista psicológico, no cree que la legalización induzca necesariamente a un aumento del número de adictos. “Probablemente existiría un repunte inicial por la mayor flexibilidad de la compra, pero en el medio o largo plazo se estabilizaría”, explica Molina quien incide además en un aspecto positivo: “la pérdida del factor de ‘lo prohibido’, quizá la parte más atractiva para muchas personas que se inician en el consumo”.



¿Tengo una adicción?
La detección del problema en el caso de cuadros adictivos se basa, según Molina, en tres criterios fundamentales. En primer lugar, que la conducta empieza a producir consecuencias negativas en la vida del afectado y, aún así, se sigue repitiendo. Por otra parte, se llega a un punto de pérdida de control y, para terminar, la adicción termina alterando los valores personales.

Sin restar peso al cliché de ‘el primer paso es reconocer la adicción’, el psicólogo advierte que las enfermedades mentales “no dejan de ser enfermedades, por lo que el seguimiento de un tratamiento adecuado es fundamental”.

En este aspecto, Molina resalta la importancia del apoyo del entorno del adicto durante el proceso de superación de la enfermedad. En SOS… Tengo una adicción dedica un capítulo a los familiares, con consejos y técnicas útiles, y recoge en otro apartado los testimonios de algunos de sus pacientes que se encuentran en periodo de abstinencia. “Lo útil es el mensaje positivo”, confiesa, “aunque también se refieran a épocas malas, a la dureza de lo vivido, las historias recogidas muestran cómo se puede salir y llevar una vida totalmente diferente”.


Como novedad, José Antonio Molina ha introducido esta última publicación un apartado de filmografía como “un recurso terapéutico muy útil”. A través de películas como El pico, que aborda la época del boom la heroína en España, Living Las Vegas, sobre el alcoholismo, o 28 días, que retrata el funcionamiento de un centro de adicciones, se sitúa al paciente en una suerte de espejo que invita a la reflexión.

“El riesgo a una recaída siempre va a existir”, reconoce Molina, “aunque muchas veces ese peligro forma parte del propio proceso”. “La caída en sí no es tan problemática ni tan decisiva como lo que ocurre después, la capacidad de superarse”, explica.

En una época propicia para estos badenes en la trayectoria de quienes se enfrentan a un proceso de rehabilitación, Molina aconseja agarrarse a las buenas experiencias vividas durante periodos abstemios. “Es algo muy genérico y el tratamiento depende de cada persona, pero hay que aferrarse a lo positivo de no consumir, tenerlo muy presente y valorarlo en estas fechas”.
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