Ya ha pasado más de un día desde que Mariano Rajoy anunciara su equipo de Gobierno y, como no podía ser de otra forma, hay opiniones para todos los gustos. Para unos es buenísimo y para otros no tanto. Pero lo cierto, y es lo que más me ha llamado la atención, nadie ha tildado la composición del nuevo Consejo de Ministros de total y completo error. Buena noticia, por el bien de todos. Luego, como siempre, hay matices.
Los medios de comunicación más afines a la ideología del nuevo Ejecutivo ensalzan unas virtudes a todas luces necesarias para los tiempos que corren: solidez, preparación, seguridad, previsibilidad (tan querida por los ¡ah! mercados), solvencia, lealtad, seriedad, moderación, diálogo… Entienden que están los que deben estar (De Guindos y Montoro) aunque echen de menos a otros (Moragas, González Pons o Trillo) y aplauden las sorpresas (Báñez, Morenés, Mato y Wert).
Por el contrario, los de izquierdas, no necesariamente favorables a todo lo que significara ‘Zapaterismo’, más ahora que hay ‘Mucho PSOE por hacer’, lo que más han criticado ha sido que Rajoy se olvidara de la cuota, de elegir el mismo número de ministros que ministras. También han reprochado el pasado del nuevo titular de Economía en Lehman Brothers, algo que se puede considerar como normal dentro del juego político, sobre todo si no hay más por dónde hurgar. Pero, sobre todo, han insistido en que no es un Gobierno paritario.
No sé si viene a cuento hablar ahora de los derechos de las mujeres o de si éstos se pierden con un Ejecutivo que no guarda la paridad que protege una Ley de Igualdad que ha quedado sobradamente demostrada como inútil. Los puestos de responsabilidad, en la Administración o en una empresa privada, deben ser para los más válidos o las más válidas y no hacerlo así es actuar con poca inteligencia. Muchas ministras de Zapatero no han sido la mejor elección para sus respectivos cargos, y así ha quedado demostrado, pero tampoco muchos de sus ministros. Luego no es una cuestión de hombres o mujeres, sino de personas cualificadas.
Y digo yo: ¿Alguien puede explicar para qué ha servido la cuota femenina en el anterior gobierno? ¿Podemos decir que el resultado ha sido bueno? ¿Qué gestión hay que valorar de las Aído, Jiménez, Pajín, Trujillo, Cabrera, Garmendia, Espinosa, San Segundo, Narbona, Sinde, Corredor, Álvarez o Aguilar? ¿De cuántas no se acordaban?
De momento Rajoy está haciendo lo que se esperaba de él. No está decepcionando, excepto, quizá, por la sorpresa de que Ana Pastor no haya sido, al final, la elegida para la cartera de Sanidad. Esto no quiere decir que Ana Mato vaya a hacerlo mal, simplemente que, como ya dijeran en este periódico los presidentes de los médicos y los enfermeros, con la primera
ya había experiencia y su valía estaba demostrada.
Por otra parte, especial interés me suscita, les reconozco, cómo afrontará Fernández Díaz el final –todavía por comprobar– de ETA , con un caso Faisán que puede salpicar a la antigua cúpula de Interior, y la ayuda que pueda recibir de Gallardón, que, imaginamos, también tendrá que decir algo al respecto. Pero tampoco se aburrirá el exalcalde con los problemas del Tribunal Constitucional y sacando a los juzgados españoles del siglo XIX, como él mismo dijo. ¿Hará algo por despolitizar la Justicia?
Dicen que 2012 va a ser peor y que ya tenemos encima una segunda recesión. Esperemos que los planes le salgan bien a Rajoy y que sus ministros elegidos respondan a lo que se espera de ellos. Deseémosles todas las suertes. ¡Por la cuenta que nos trae a todos!