La Sociedad Cervantina ha organizado hasta el 1 de febrero la exposición Siete mujeres maestras, en las que ha sido reunida una selección de pinturas y esculturas firmadas por artistas como Dora Piñón, apasionada del paisaje y de la pintura al aire libre, cuya máxima reside en mantener su profesión en permanente investigación.
Expone por segunda vez en la Sociedad Cervantina, ¿cómo valora poder compartir este espacio con otras artistas consagradas?Creo que es una gran oportunidad para promocionar mi trabajo, sobre todo por el hecho de que no suelo anunciarme en ningún sitio, es decir, que dependo de quien conoce mi obra y me quiere dar una oportunidad. Ese ha sido el caso de la Sociedad Cervantina.
¿Con qué trabas se topa el artista para promocionar su trabajo?Es posible hablar de condicionamientos. Al artista le resulta complicado, por ejemplo, saber si debe o no llamar a la puerta de una galería ya que, según mi experiencia, es necesario presentarse con una recomendación, lo que hace que no te sientas cómodo. Prefiero, entonces, hacer una labor más lenta y laboriosa, pese a que sé que no es nada fácil que surjan oportunidades. De cualquier forma, que alguien repare en que mi trabajo tiene calidad suficiente para formar parte de una exposición es una gran satisfacción, como también lo es que alguien compre mi obra, ya que considero que al hacerlo se lleva parte de mi emoción, de mi pensamiento y de mi esfuerzo.
En Siete mujeres maestras ha presentado dos lienzos en los que las protagonistas son vacas, un tema al que recurre desde hace años. Pero, ¿qué ha supuesto el descubrimiento del paisaje y de Albarracín en su carrera? Llevo trabajando con vacas desde 2009. En el caso de Albarracín, he de decir que es un sitio muy especial para mí porque tiene un paisaje abrumador. Llevo yendo allí desde hace años para asistir a cursos que organiza la Facultad de Bellas Artes. Allí descubrí que la pintura es mucho más de lo que había pensado hasta ese momento. Eso me ha llevado a distintas investigaciones, por lo que este paraje lo considero fundamental en mi carrera.
¿Qué gana el artista al pintar del natural?Pintar del natural supone una especie de retroalimentación porque te permite investigar infinitas veces desde diferentes puntos de vista. Eso me ha dado la posibilidad de llevar a cabo una evolución intelectual, ya que esa alimentación no la encuentro en un estudio.
Se licenció en Bellas Artes después de llevar años dedicándose profesionalmente a la pintura. ¿Qué le aportó ese aprendizaje?Es cierto que ya era profesional antes de comenzar mis estudios de Bellas Artes. Ahora puedo decir que, después de terminarlos, me considero mucho mejor profesional, así que formarme ha resultado imprescindible en mi carrera. Quizá haya gente que no lo comparta, pero considero que para crear resulta fundamental el estímulo intelectual como, por ejemplo, esforzarme en leer a determinados autores y sacar mis propias conclusiones, o enfrentarme a la realidad del mercado, es decir, al llamado ‘arte y consumo’, que llega incluso a la especulación en autores de renombre como Damien Hirst.
¿Qué siente al desprenderse de una obra?Pinto de la forma que quiero y realizo mi investigación como me place, por lo que cada una de mis obras son muy personales. Por ese motivo, desprenderme de ellas despierta en mí una parte sentimental, pero reconozco que también me enriquece mucho que alguien quiera compartir su espacio con mis lienzos. De todas formas, ha habido pinturas que he vendido y que las sigo echando de menos, pero es mi trabajo. No hay que olvidar que el fin último de este trabajo es que la obra sea contemplada.
Información sobre la exposición:Lugar: Sociedad Cervantina (Calle Atocha 87, Madrid)
Horario: de lunes a viernes de 11:00 a 14:00 y de 17:00 a 20:00 / sábados de 11:00 a 14:00
Abierta
hasta el 1 de febrero.
Sin títuloÓleo sobre lienzo 130 x 89 cm
Precio: 950 euros
Sin títuloÓleo sobre lienzo 130 x 89 cm
Precio: 950 euros