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HOMENAJE EN LA FUNDACIÓN ORTEGA-MARAÑÓN

Unamuno renace después de 75 años de “atroz silencio” en España

jueves 26 de enero de 2012, 20:51h
La Fundación Ortega-Marañón ha celebrado este jueves una jornada en conmemoración del 75 aniversario del fallecimiento de Miguel de Unamuno en la que se ha recordado la figura del catedrático, lingüista, filósofo y pensador bilbaíno que dio a luz el concepto de ‘intelectual’ como conciencia moral de la nación.
El 31 de diciembre de 1936 España se sumía en un “silencio atroz”. Así rezaba la necrológica que el filósofo Ortega y Gasset dedicó a Miguel de Unamuno el día de su muerte, prediciendo el vacío que la figura del catedrático por excelencia de la Universidad de Salamanca dejaría en la nación en cuyo concepto y mejora había volcado cuerpo y alma. Ahora, recién cumplidos los 75 años de su fallecimiento, la Fundación Ortega-Marañón, en colaboración con la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, recuerda al “dolor de España” en una jornada homenaje celebrada este jueves en su sede en Madrid.

En un acto inaugurado por el presidente de la Fundación Ortega-Marañón, José Varela, y el rector de la Universidad Menéndez Pelayo, Salvador Ordóñez, el vicerrector de la Universidad de Salamanca, Mariano Esteban; el catedrático de la Universidad Carlos III, Jorge Urrutia y el catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense de Madrid, Juan Pablo Fusi han traído al presente la radiografía de quien cortó el patrón del “intelectual” como conciencia moral en España.

Nacido en Bilbao, Unamuno viró en sus escritos desde la exaltación de la identidad vasca hacia la crítica a dicha idiosincrasia. Siempre controvertido, el catedrático Juan Pablo Fusi lo ha recordado como “cuáquero, fundamentalista y predicador con la máxima capacidad de ironía y sátira”. Fusi ha profundizado en la relación del escritor con la capital vizcaína, fuertemente arraigada en sus primeros pasos literarios –ejemplo claro es su ópera prima, Paz en la guerra- y la que, a juicio del catedrático, idealizó más adelante. “Lo que hacía Unamuno era una interpretación literaria de Bilbao, a la que consideraba liberal y española”, ha dicho Fusi en su análisis, según el cual el escritor sabía que no era aquella la identidad real de su ciudad natal, pero “necesitaba” sentirla así para salvaguardar la relación entre infancia y patria.

“Divorcio del vascuence”
En 1901, durante el discurso inaugural de unas fiestas florales en Bilbao, Unamuno instó a los allí presentes a “preparar el funeral para el vascuence”. Según ha explicado Juan Pablo Fusi, el escritor terminó por “divorciarse del mundo erudito vasco de la época” y pasó a atacar frontalmente los signos más característicos de la cultura vasca, sobre todo el idioma, al que consideraba incompatible con el pensamiento moderno.

Mientras se alejaba de alguna manera de sus raíces, Unamuno encontró en Salamanca el escenario donde desarrollar su proyecto intelectual. Desde que, en 1900, fuera nombrado rector de la universidad salmantina –cargo que ocupó en dos periodos y, posteriormente, le fue concedido de forma vitalicia-, la ciudad castellana y la figura de Unamuno han pasado a la historia como entes indisociables. Más de un siglo después, el ahora vicerrector de la universidad, Mariano Esteban, ha afirmado en el acto homenaje que el cargo en Salamanca “termina de definir el papel como intelectual y la posición como figura pública” de Unamuno.

Incluido por los estudiosos de la literatura en esa hornada de autores englobados, no unánimemente, bajo el término de ‘Generación del 98’, Miguel de Unamuno terminó de moldear su “yo para los demás” cuando fue destituido del rectorado de Salamanca y exiliado a Francia, desde donde perfiló su capacidad de agitación pública.

El Unamuno político apoyó el derrocamiento de la dictadura de Primo de Rivera y volvió a Salamanca para ver caer la monarquía y proclamar, entre vítores desde el balcón del ayuntamiento salmantino, la II República Española. Sus fluctuaciones en este terreno le llevaron a aplaudir el levantamiento del General Franco en el verano del 36 y, en los meses que le quedaban hasta su muerte, renegar de él en pos del Unamuno intelectual y el rechazo a la violencia.

En la tercera dimensión, la del Unamuno poeta, dramaturgo, novelista, en fin, escritor, el catedrático de la Universidad Carlos III de Madrid Jorge Urrutia relaciona su obra con el problema fundamental de la existencia. Con un exhaustivo y revelador análisis de Niebla, uno de los títulos más famosos del autor, Urrutia ha dibujado un Unamuno moderno en lo estilístico, capaz de cautivar con su obra a los sectores más vanguardistas de la Francia de mediados del siglo XX y, al mismo tiempo, repelerla con sus intereses políticos e intelectuales.

En un momento en el que los literatos se veían acuciados por el incipiente invento del cinematógrafo, Unamuno fue de aquellos que recurrieron a la reinvención de la novela, o 'nivola', como él llamabas a sus obras. Las nuevas fórmulas pasaron por huir del realismo estricto y preguntarse, como esconden los renglones de Niebla, por la función de la divinidad y la libertad real que, a partir de aquella, le queda al individuo. Según ha señalado Urrutia, el libre albedrío propio de la escena religiosa se traspasa a los personajes del trabajo de Unamuno, que juegan entre su libertad y la voluntad del autor. “Y también del lector”, ha añadido el catedrático. “Un libro cerrado no significa nada”, ha finalizado Urrutia.
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