Florida despeja incógnitas de las primarias republicanas
jueves 02 de febrero de 2012, 01:33h
El confuso inicio de las primarias del Partido Republicano, que dio comienzo en Iowa a comienzos del pasado mes de enero, empieza a clarificarse y tomar un perfil nítido tras las elecciones celebradas en el Estado de Florida. Algo que reclamaba la actual circunstancia política estadounidense. Tras la victoria republicana en las legislativas de 2010, impulsada por el complejo movimiento del Tea Party, el actual Presidente hubo de renunciar a cualquier posición radical y se vio obligado a pactar buena parte de su acción de gobierno con la oposición, llegando a perder en más de una ocasión la iniciativa política. La situación comprometida de Obama ha devuelto a las actuales primarias del partido en la oposición una nueva vitalidad política cuya energía se percibe en la pasión con que se están desenvolviendo.
Esa vitalidad redoblada dio origen a un desordenado magma de candidatos en el arranque de la elección. Pero ya tras la primera ronda de Iowa, cayeron aspirantes radicales como Michele Bachean, en tanto que otros comenzaron a perder fuelle. Ahora, tras la elección de Florida, la lucha por el control del Partido Republicano ha quedado sumamente despejada. Ante todo el aspirante Mitt Romney, venciendo a sus oponentes aproximadamente con el 50% de los votos, se perfila como el favorito de los electores. La segunda lección que dejan las elecciones de Florida es que estas primarias republicanas se dirimirán tras un prolongado duelo entre Mitt Romney y su oponente Newt Gingrich, hasta la convención republicana en Tampa el próximo mes de agosto. Del magma inicial se ha pasado ahora a una confrontación nítida entre dos grandes candidatos, donde el debate político cobra más transparencia y firmeza.
La figura de Newt Gingrich es la que suscita mayor acaloramiento electoralista, en la medida que ha hecho suyas las posiciones más maximalistas del Tea Party, tanto en su discurso como en sus actitudes personales. Se beneficia así de la euforia republicana tras el triunfo de las legislativas del 2010, captando a los electores más puristas de su propio partido. Por el mismo motivo, Gingrich atrae sobre sí el mayor encono de los opositores ideológicos, nacionales e internacionales, contra el republicanismo.
La victoria de Mitt Romney sobre Gringrich señala un hecho cada vez más evidente: el electorado percibe a Romney como un candidato con más posibilidades de desbancar a Barak Obama en las próximas elecciones presidenciales estadounidenses. Romney encarna un estilo más clásico de político profesional, con un perfil más dúctil capaz de maniobrar y pactar con sus oponentes, cediendo posiciones maximalistas a favor de otras más flexibles que a veces pueden aproximarse a las demócratas. Todo lo cual le convierte en el candidato más idóneo para arrebatar votantes al actual inquilino de la Casa Blanca. Quizá su mayor obstáculo lo encuentre hoy dentro de sus propias filas, precisamente entre los cargos electos republicanos, más identificados con Gingrich. Esta composición interna de las primarias, ya totalmente delimitada en Florida, augura que el duelo político entre ambos será prolongado y de una virulencia ideológica de alto voltaje.
El choque entre ambas personalidades, Romney y Gingrich, quienes ya han comenzado a utilizar todas sus armas el uno frente al otro, comienza a hacer las delicias de los observadores críticos con el republicanismo por el supuesto desgaste interno que esa confrontación pudiera traer consigo. Olvidan –algo muy próximo en el tiempo- que el Partido Demócrata vivió una disputa aún más dura entre Hillary Clinton y Barak Obama sin que ese hecho mermara las posibilidades electorales del vencedor, sino todo lo contrario: las potenció. La vitalidad de la democracia norteamericana también se mide por la energía que el debate político y la controversia ideológica confieren a los candidatos, más fortalecidos que desgastados por ella. Todo hace indicar que el litigio en las actuales primarias republicanas marcará un nuevo hito en las elecciones internas y robustecerá considerablemente la posterior pugna presidencial.