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siete técnicos despedidos esta temporada

¿Cómo sufre el paro un entrenador de fútbol profesional?

jueves 02 de febrero de 2012, 20:48h
Actualizado el: 03 de diciembre de 2014, 20:05h
El éxito deportivo de un club figura sujeto a un cúmulo de circunstancias y obedece a la lógica complementariedad del cuerpo directivo -encabezado por el presidente-, el cuerpo técnico -liderado por el entrenador- y los jugadores que conforman la primera plantilla. Algunos teóricos del balompié defienden que de la cohesión de todas las piezas de la entidad depende en gran parte el rendimiento y, por ende, el número de títulos obtenidos. Sin embargo, el fracaso de un proyecto se suele focalizar en la figura del técnico. “La victoria tiene muchos padres pero la derrota solo uno”, como apuntó José Mourinho tras la eliminación sufrida en la ida de los cuartos de final de la Copa del Rey ante el Barcelona. Miguel Ángel Lotina -técnico que ganó la Copa del Rey con el Espanyol en 2006- comparte con EL IMPARCIAL su experiencia tras más de 20 años en los banquillos de todas las categorías del balompié patrio.
En lo que va de temporada, la Liga BBVA ya ha asistido al despido de siete entrenadores: Michael Laudrup (Mallorca), Héctor Cúper (Racing de Santander), Juan Carlos Garrido (Villarreal), Gregorio Manzano (Atlético de Madrid), Javier Aguirre (Zaragoza), Fabri González (Granada) y Manuel Preciado (Sporting de Gijón). La crisis en los banquillos de la élite de nuestro fútbol no resulta novedosa, ni tampoco el agravio comparativo que sufren los preparadores nacionales con respecto al rol del entrenador en la Premier League (con proyectos que se mantienen hasta superar la década de duración en algunos casos). Por tanto, se antoja interesante la visión de los ideólogos de los grandes equipos y, a la vez, los primeros en hacer la maleta cuando los resultados no son los deseados.

Para conocer cómo vive un entrenador español la situación de desempleo, EL IMPARCIAL ha charlado con Miguel Ángel Lotina, uno de los técnicos más respetados del panorama nacional, que ha pasado por todas las categorías hasta conquistar la Copa del Rey con el Espanyol en 2006.


La escena pública conoció a Lotina en 1996. El 1 de febrero de aquel año dirigió al Numancia en los cuartos de final de la Copa del Rey contra el todopoderoso F.C. Barcelona. Con este equipo, que militaba en la Segunda División B, había eliminado ya al Racing de Santander, a la Real Sociedad y al Sporting de Gijón, y se convirtió en la sensación de aquella temporada. Los sorianos plantaron cara al Barça pero, finalmente, no se clasificaron para las semifinales. Sin embargo, la hazaña quedó grabada en la historia del torneo copero. Desde entonces, el entrenador vizcaíno ha dirigido al Logroñés, al Badajoz, al Osasuna, al Celta, al Espanyol, a la Real Sociedad y al Deportivo de la Coruña, su último club hasta la fecha.

Tras 21 años de actividad casi sin interrupción, Lotina nos confiesa cómo se adapta a esta nueva realidad tras su marcha del club coruñés en junio del pasado año. “Mi día a día consiste en disfrutar, por la mañana hago deporte y por la tarde leo y veo todo el fútbol posible”, aclara. El entrenador nos explica que tiene intención de “estar un año sin entrenar porque es muy importante ver el fútbol desde fuera”.


Reflexionando sobre la vida del entrenador profesional, nos confiesa que “es muy dura, ya que, aunque se gana bastante dinero, la vida familiar se ve afectada”. “Tenemos muchos problemas diarios aunque vayan las cosas bien y de estos problemas opina todo el mundo”, sentencia. Lotina argumenta la dificultad que encuentra el técnico para desconectar de su labor y encontrar momentos de pausa, ya que “vas por la calle y el panadero te comenta lo que ha escuchado en la radio, por lo que es imposible evadirte”. “Hay que tener muy claro cómo estructurar tu vida”, concluye. Además, el preparador vasco hace hincapié en esta presión señalando que “puedes estar de vacaciones y el presidente te llama diciendo que tal jugador tiene que ser vendido o te llama el médico entre semana diciendo que se ha lesionado otro”.

Cuestionado por la señal que dejan los triunfos y los fracasos en la trayectoria de un entrenador de su talla, el preparador se muestra rotundo: “los descensos dejan más huella”. “Tengo dos ascensos con el Numancia y con el Osasuna, una Copa con el Espanyol y una clasificación para la Champions League con el Celta, pero me siento más responsable de lo malo que de lo bueno”, aclara. "Yo me hago responsable de los fracasos y hay gente que prefiere mirar hacia otro lado", ha añadido.


Repasando su última experiencia como entrenador, en la que sufrió el descenso a Segunda División con el Deportivo de la Coruña, Lotina nos describe aquella dramática situación: “El descenso fue muy duro y difícil de explicar. Fue injusto porque el equipo no se lo merecía y la afición nunca nos criticó, además no había mal ambiente y descendimos con 43 puntos, pero fueron unos días tremendamente duros”. Dispuesto a analizar con perspectiva la evolución del club coruñés hacia esa inercia negativa que conllevó el descenso de categoría, el técnico explica que “el Depor tiene la grandeza de haber ganado la Liga hace poco tiempo, esto hace que los menores de 30 años solo le conocen arriba y hay pocas ciudades grandes que puedan presumir de eso”. Sin embargo, desde dentro, el mister vizcaíno señala que se apreciaba que “ese Super Depor era difícil de entender en una ciudad tan pequeña y lo fue pagando, porque cada vez teníamos menos nivel deportivo”.

En la actualidad, la Primera División se nutre de ex jugadores de escasa experiencia en los banquillos para dirigir proyectos deportivos de élite. Esta situación ha permitido elaborar la tesis según la cual el perfil mediático de los entrenadores prima sobre el trabajo desde la base de algunos técnicos experimentados, como es el caso del entrevistado. “Las directivas miran mucho cómo trabaja un entrenador, aunque de cara a la prensa o a lo que se vende, el nombre hace mucho”, nos explica. “Es evidente que los representantes se preocupan de que un entrenador sea mediático, pero cada vez se ficha menos por el nombre o por estar de moda”, concluye.


Miguel Ángel Lotina, curtido en mil batallas, afrontó la pasada temporada la ardua tarea de reconvertir la inercia negativa del Deportivo en la fortaleza mental necesaria para recuperar la confianza del equipo para salvar la categoría. En la jornada 35, y tras un polémico empate a dos ante el Sporting de Gijón -rival directo en la lucha por la permanencia-, el entrenador vasco explicó que “el vestuario está llorando” en sala de prensa. La importancia que la psicología ha adquirido en el fútbol actual convierte la “capacidad para motivar al grupo” en el elemento diferenciador del técnico profesional. “Ya se ha desterrado la mentalidad de hace 20 años, donde todo era echarle cojones y pegar cuatro gritos”, asegura.

Los fundamentos en torno a los que gira el trabajo de un entrenador no son solo su herramienta de trabajo, sino que de ellos depende el rendimiento de su plantilla, la conexión del técnico con sus jugadores e, incluso, la relación con la directiva. Por último, Lotina diagnostica los principales obstáculos con los que se encuentra un preparador de fútbol profesional: “es importante tener un vestuario con veteranos centrados, aunque la influencia de la prensa en el vestuario, y a veces en la directiva, es peligrosa. También es muy importante cómo un entrenador entra en un club, si la afición le recibe bien, si se le respeta, porque si tiene dudas, la influencia de fuera entra en el vestuario”.

Aprovechando la sapiencia y el bagaje de este entrenador, EL IMPARCIAL solicitó a Miguel Ángel Lotina una somera descripción de la evolución del fútbol español desde dentro, desde el punto de vista del jefe de un vestuario. El campeón de la Copa del Rey de 2006 nos ofrece unas pinceladas del cambio experimentado en el balompié patrio: “Cuando yo jugaba era imposible ganar fuera de casa por el arbitraje y esto ya es impensable. Además, el jugador cada vez es más atleta, ya que antes bebían y fumaban, y hoy es muy difícil encontrar un jugador que fume”. Este hombre de fútbol cierra la charla explicando que la esencia de su satisfacción para con este deporte “es cuando consigues algo importante y te encuentras el brillo de los aficionados por la calle”.
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