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expone 25 obras en la sociedad cervantina

Ángel Alcázar: "Siempre he mantenido vivo un aliento destinado a la creación"

sábado 03 de marzo de 2012, 17:16h
La Sociedad Cervantina acoge hasta el 1 de abril una exposición en la que ha reunido 25 obras de Ángel Alcázar, pintor vinculado a la docencia desde hace años pero que, en esta ocasión, se presenta como el artista que nunca ha dejado de ser. Una colección de dibujos intimistas, óleos y una selección de los tinteros que ha coleccionado desde 1984 conforman las claves de esta muestra.
¿Cómo valora que la Sociedad Cervantina le dedique una exposición?
Que me permita convocar a mis amigos y a todos los aficionados al arte para ver mi pintura, en el recinto que en su día fue taller de Juan de la Cuesta, donde se imprimió el primer ejemplar de El Quijote, me produce sentimientos muy especiales y profundamente gratos.

Dado que lleva años dedicado a la docencia, ¿qué supone volver a exponer sus trabajos?
Mi lugar de trabajo, es decir mi estudio, ha estado siempre abierto a cientos de personas. Muchísimos alumnos y amigos lo conocen y me han visto pintar, así que estoy acostumbrado a que se vea lo que hago. La formalidad de la exposición que han montado las comisarias Laura Cortés y Lola García Araujo, bajo el auspicio de la Sociedad Cervantina, la fundación Ortega-Marañón y EL IMPARCIAL, hace que me sienta muy arropado en un sentido, pero al descubierto en otro, ya que no conoceré personalmente a gran parte de los visitantes.


¿Qué ha aprendido enseñando?
La docencia me ha enseñado a escuchar a fondo porque obliga a explicar incontables enfoques de técnicas y estilos. Año tras año me he visto practicándolos como preparación a las clases. Luego, tenía que replegarme para pintar mis cuadros “desde dentro”, lo que ha significado un esfuerzo considerable, porque he mantenido siempre vivo un aliento destinado a la creación.

¿Qué quiere transmitir con sus enigmáticos dibujos?
Son dibujos de hilos blancos que forman urdimbres flotantes en un fondo tan oscuro que la mirada sólo puede vagar a tientas y perderse. Los hilos hacen volúmenes de pliegues amplios y de encogimientos, y también se comprimen y se extienden como si el espacio les fuera más propicio en unos lugares que en otros. Los títulos que les acompañan se inspiran en una interpretación grafológica (Max Pulver) que entiende los rasgos hacia la zona media, superior, inferior, izquierda y derecha como expresiones psicológicas. Pero lo que importa es el aspecto plástico que sale de todo eso y las incontables interpretaciones que sugiere proponiendo como coautor al que los mira.

Sus óleos tienen mucho de cotidianidad, sobre todo de la suya, de la del artista, ya que representan aquellos materiales y herramientas de las que hace uso el creador para dar forma a su obra. ¿En qué medida las vivencias cotidianas influyen en la creación?
Creo que en la vida cotidiana se puede viajar muy lejos, igual que uno puede quedarse donde estaba después de recorrer miles de kilómetros. La longitud y la profundidad de las miradas hacen el verdadero cuentakilómetros. Los “personajes” (botellas, platos o paraguas) de mis óleos mantienen diálogos de transparencias, opacidades, brillos y reflejos, como yo cuando los pintaba. Sus palabras son de luz y expresan misterios fascinantes de la realidad material en sí misma.



La exposición incluye una selección de la colección de tinteros que lleva reuniendo desde 1982. ¿Por qué despertaron interés en usted estos objetos?
Me gustan los tinteros porque me gusta la tinta. Es fluida y en el papel hace visibles ideas literarias y plásticas. En la cuestión histórica, los tinteros y escribanías han recibido tendencias estéticas de los siglos XVIII, XIX y XX. Antes de 1700, los tinteros fueron sobre todo sencillos instrumentos de trabajo de copistas, escribanos y escritores, y tenían formas muy simples. Durante las épocas de los ejemplares que muestro en la exposición (los trescientos años pasados), la habilidad de escribir se extendió popularmente y las escribanías y tinteros fueron adornados con aspectos rococó, neoclásico, ecléctico, modernista y, finalmente, art deco, que es el último de los estilos presentes en las escribanías, porque la invención de las estilográficas, unas plumas cargadas que no había que mojar durante la escritura, las hicieron innecesarias. Después llegó el bolígrafo y otros muchos sistemas que han dejado al tintero como un objeto para el recuerdo. Yo aprendí a escribir con un pocillo de loza insertado en el pupitre del colegio, y ese recuerdo me resulta muy querido.

Rutas de la Escritura es una compilación de siete cuadernos que sale al público por primera vez. ¿Cuál es su contenido?
Los cuadernos Rutas de la escritura presentan textos y fotografías de distintos géneros de tinteros antiguos. Hay dos dedicados a los de uso práctico. Otro muestra los tinteros de formas caprichosas, como para vitrina. Aparte, los que tienen estilos decorativos definidos, los de cristal, en sus múltiples tratamientos, y otros hechos con técnicas artesanales en madera, hueso, cuero, etc. Por último, he destinado un cuaderno al divertido grupo de los Tinteros antiguos disfrazados: piezas procedentes de distintos lugares de Europa y América en el corto periodo de 1880 a 1950, y que esconden su función de tinteros bajo aspectos tan sorprendentes como el de una bota vieja tallada en madera o el de un cangrejo metálico de tamaño natural con pinzas articuladas. Esos cuadernos pueden interesar, según creo, a quienes disfrutan con temas del pasado, pequeñas antigüedades y cosas referentes a la escritura. A fin de cuentas, la historia de la escritura es la historia de la Historia.

Información sobre la exposición:

Lugar: Sociedad Cervantina (Calle Atocha, 87, Madrid).

Fechas: del 23 de febrero al 15 de abril.

Horario: de martes a viernes de 11:00 a 14:00 horas y de 17:00 a 20:00 horas / sábados de 11:00 a 14:00 horas.

Entrada gratuita.
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