falleció repentinamente a los 83 años
En el emblemático escenario del hotel Palace de Madrid, Carlos Fuentes asumía en sus visitas a la capital española el reto de responder al tiroteo cruzado, a "doble balacera", en sus propias palabras, de preguntas literarias y políticas en su condición de escritor y cronista. Ese era el marchamo de un escritor que, elegante y puntual en cada cita, negaba con motivo de las celebraciones de su ochenta cumpleaños haber firmado un pacto con el diablo y atribuía a "los genes" familiares el buen aspecto que lucía. Fuentes, que murió ayer de manera inesperada a los 83 años en Ciudad de México, estaba convencido de que la función del escritor no era la de "celebrar" ni la de "aplaudir", sino la de criticar "en el buen sentido de la palabra".